13 de diciembre de 2019
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Constituyente cafetera

4 de diciembre de 2019
Por Guillermo Trujillo Estrada
Por Guillermo Trujillo Estrada
4 de diciembre de 2019

Definitivamente es el momento de hablar de una constituyente cafetera, que reforme las instituciones diseñadas hace 90 años y que obedezca a la transformación fundamental a la que llevó el rompimiento del pacto internacional del café hace 30 años.

Es difícil adelantar reformas con una dirigencia que vive aferrada al pasado, con la nostalgia de que algún día vuelva otra bonanza, que el mercado sea regulado y que el precio no sea volátil. Es entendible esta actitud, como bien lo anotan los sociólogos, sobre las dificultades para asimilar el cambio en las poblaciones campesinas, que se agrava cuando existen dirigentes que llevan décadas ejerciendo el poder y su disposición al cambio es nula.

En un fallido intento, la misión de estudios cafeteros -en el gobierno de César Gaviria- produjo repudio de la dirigencia gremial. Durante el gobierno de Andrés Pastrana, se llamó el libro verde, con mayor aceptación dada la crisis profunda de precios internacionales y, la necesidad de la ayuda del Gobierno. Finalmente, la misión del café, en la presidencia de Santos, provocó los más duros ataques del comité directivo de la Federación.

De los comisionados para elaborar el libro verde salió el gerente Gabriel Silva, quien en 2002 inició en un gran pulso político la implementación de buena parte de las recomendaciones. Entre ellas, el restablecimiento de la facultad al congreso para aprobar la contribución cafetera y la fijación del tope máximo de seis centavos de dólar; la reforma de los estatutos para darle oportunidad a todos y cada uno de los departamentos de formar parte del comité directivo y nacional; romper el absurdo pacto de congelación de áreas que impedía crecer a los que hoy constituyen 50 % de la producción nacional.

También la recomendación de vender los activos no vinculados al objeto de gremio. También ha sido fundamental para el nuevo despertar, la política de valor agregado. De pronto una alternativa puede ser una constituyente elegida por los cafeteros, con personas muy representativas, conocedoras de la vida nacional, de la agricultura y del mundo moderno, pero que no estén amarradas a defender el pasado.

Se presenta una crisis institucional entre el sistema cooperativo y la Federación de Cafeteros, en la que son evidentes las rivalidades de lado y lado, que ponen en peligro la supervivencia de estas instituciones. Insisto en que es la hora de una sola organización; inclusive el sistema cooperativo cafetero es quien realmente ejerce la garantía de compra y dado su cubrimiento geográfico y representatividad, en cualquier momento podría reclamar al gobierno la administración del Fondo Nacional del Café, con lo cual la Federación perdería toda su importancia.

Este congreso podría enviar una señal inicial a la comunidad cafetera y al país, si sus delegados renuncian a los honorarios y viajes, privilegios que perciben por reuniones durante todo el año, que demandan miles de millones de pesos del presupuesto y son, en buena parte, la causa por la que no se facilita la renovación permanente de la dirigencia.

En fin, son muchísimos los temas que se podrían sugerir para reformas profundas que no dan espera, si no queremos presenciar un lánguido final de las instituciones cafeteras.