19 de abril de 2021
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Columnista invitado Paradojas históricas y contrastes cívicos

Por Hernando Salazar Patiño
25 de noviembre de 2019
Por Hernando Salazar Patiño
25 de noviembre de 2019

El que hace 80 años, en 1939,  era llamado el aeródromo de La Palmera   ¿es el que en la década siguiente se convertirá en aeropuerto de Santágueda? Y anotar que al término “aeródromo”, le siguió el de  “campo de aterrizaje” y a éste el de aeropuerto.

Es curioso leer en la sección de “Historia Patria” del 16 de noviembre, del diario local, que en ese año una comisión de parlamentarios caldenses solicitó al presidente Eduardo Santos y en particular, al ministro de Hacienda Carlos Lleras Restrepo, el traslado de una partida de 70.000 pesos con destino al futuro “aeródromo de La Palmera”. Fue el representante Giraldo Sanín quien hizo la petición directamente, dada la promesa que había  hecho antes el primer mandatario. Y al día siguiente, en la edición dominical del 17 de noviembre, en la misma sección del periódico La Patria, en la de hace 25 años, en 1994, se lee este titular: “Firmas de EE.UU. reestudian Aeropalestina”.

Lo primero para resaltar de esa nota, es el lujo de personajes que integraron esa comisión representando al Departamento: el doctor Jesús Villada Gómez era en ese momento el secretario de Obras Públicas en la gobernación del doctor José Miguel Arango, quien  era de origen santandereano, pero le sirvió a Caldas como congresista en varias legislaturas, en el Concejo Municipal de Manizales, y como magistrado de la Corte Suprema de Justicia durante muchos años. El doctor Villada Gómez fue un ingeniero impulsor de muchas obras de progreso hasta el fin de su vida. Don Roberto Marulanda, que fue concejal de Pereira, ciudad donde nació, era senador de la República cuando hizo parte de esa comisión, y fue el gobernador el año siguiente.

En ella estuvo el ya  por ese entonces casi legendario General Pompilio Gutiérrez, cercano a los setenta años, quien había sido veinte años antes gobernador de Caldas, bajo la presidencia de Marco Fidel Suárez, y lo hizo tan bien, que tres años después, un grupo de ciudadanos le pidió al presidente Miguel Abadía Méndez que lo volviera a nombrar, pero éste los satisfizo con otro Gutiérrez, el médico Daniel Gutiérrez y Arango, su hermano. Fue también jefe del ejército, gerente del ferrocarril gobernador de Antioquia, concejal, representante, ese año senador, y tenía un gran prestigio nacional.

Los acompañaba también don Guillermo Gutiérrez Vélez, un acaudalado y cívico animador y accionista de empresas de cultura, como El Escorial, el Teatro Olympia, y activo miembro de todas las juntas de progreso de la ciudad. Hasta en la consecución del terreno de Palogrande, puso el hombro y dinero. Para esa fecha de 1939, era el mayor accionista o propietario de La Patria, y había sido tiempo antes su gerente.

Arcesio Londoño Palacio fue una de las grandes personalidades del liberalismo de Caldas. Secretario de Hacienda y de Gobierno,  presidente del Directorio Liberal, había sido el anterior gobernador de Caldas, ahora era senador, será después ministro de Hacienda y de Trabajo,  gerente nacional de Fenalco, profesor de hacienda pública en la Universidad de Caldas.

Muy joven todavía, y recién llegado a la Cámara, el doctor Marco Giraldo Sanín, cuya es la versión citada, fue quien tomó la vocería en  la exigencia del dinero para efectos del “aeródromo”. Iniciándose como magistrado del Contencioso, Conjuez, el doctor Giraldo había comenzado con fuerza su carrera política. Presidente del Concejo Municipal, será Alcalde de Manizales, secretario de Gobierno de Caldas, gobernador encargado, gerente de la Caja Agraria, miembro de juntas, cónsul en Sao Paulo, y presidente de los directorios liberales.

Debe tenerse en cuenta que se vivía en plena y absoluta hegemonía liberal, en la que los conservadores no ocupaban ningún cargo público. Y la oposición era contumaz. La de La Patria era dura y constante, e inclusive por la información dada sobre una huelga de estudiantes el gobernador Londoño Palacio censuró el periódico, y Giraldo Sanín ejerció de censor. Y en la gobernación del médico Alfonso Jaramillo Arango, ya como secretario de gobierno, el doctor Marco firmó con aquél el decreto de censura al diario, a raíz de la famosa huelga de choferes del 17 de octubre de 1943 en esta capital, en la que hubo dos muertos. Este hecho tiene la singularidad de hacer parte de la historia social del Departamento y de su historia literaria. Porque fue la ocasión para que Gilberto Alzate Avendaño rindiera aquella brillante y original indagatoria  en la inspección de Policía, como incitador del movimiento, y que aparece en varias antologías. Y como burla a esa censura, los dos editoriales de La Patria fueron únicos y  humorísticos, “La importancia de la Soya” y “La cría de las gallinas”, firmados por Jesús Gallina, que fue el seudónimo usado por Rafael Arango Villegas, el sarcástico autor  de esos deliciosos escritos.

Qué grandes hombres fueron éstos. Los enfrentaban las ideas partidistas y los unían las batallas cívicas. Corrió más de medio siglo, y por segunda vez se estudió la construcción del aeropuerto de Palestina. Ha corrido otro cuarto de siglo más, y se está ofreciendo partida para lo mismo. Tiempo que coincide con los 25 años del Instituto Caldense de Liderazgo.