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Lo que hace falta para el fracking

6 de noviembre de 2019

Por Carlos Alberto Leal Niño, presidente JD Acipet

Colombia desde hace más de 10 años ha venido realizando estudios conducentes a evaluar el potencial de recursos no convencionales; estos estudios permiten afirmar hoy día que existen ocho cuencas geológicas con potencial de reservas entre 8,2 y 11,4 billones de barriles de hidrocarburos líquidos y entre 10,6 y 105,9 TFC de gas a lo largo de la geografía nacional.

En el caso específico del gas, para el 2018 la producción real fue de 1.297,7 MPCD con lo cual podríamos inferir que si se mantuviera la producción real constante (lo cual no es correcto pues anualmente se estima un incremento en la necesidad de consumo en un 5%), los recursos gasíferos de los no convencionales con un factor de recobro del 60% podría darle al país entre 5 y 50 años de autosuficiencia.  En el caso del aceite con recursos menos cuantiosos con una producción promedio de 850,000 BPD y un factor de recobro del 25% se tendrían reservas para entre 6,5 y 10 años.

Pero la pregunta que surge, a raíz de la decisión del Consejo de Estado de no suspender la realización de los Proyectos Piloto de Investigación Integral (PPII), es si estamos preparados para afrontar la realización de los mismos.

Y es que los fenómenos regionales de conflictividad, activismo y desinformación tan exacerbados por interesados en causar inestabilidad institucional, constituyen el mayor escollo que debe combatirse, a través de estrategias que permitan demostrar de manera contundente que la industria petrolera está preparada para afrontar el desarrollo de estos recursos de una manera responsable y sostenible.

Los sistemas de monitoreo de entorno de empresas como Ecopetrol muestran que, para el último trimestre se tiene en promedio un 65% de manifestaciones negativas acerca de esta industria. Entonces este panorama refuerza el concepto que en la realización de los PPII no hay margen de error, porque hay mucho en juego técnica, ambiental, social y económicamente. Cualquier revés en estos aspectos dará la razón a los detractores y cerraría las puertas a un recurso que debe producirse, pero bien hecho.

Las primeras mediciones sobre el estado de preparación muestran que hay un buen camino andado, pero que aún falta un buen trecho por recorrer. Y refiriéndonos en particular a los aspectos técnicos, se ha podido identificar que hay falencias locales. Por ejemplo, contar con laboratorios certificados para la realización de todos los monitoreos y mediciones de campo requeridos para construir la línea base y para la verificación del resultado de las operaciones; también se evidencia la necesidad de fortalecer las competencias de personal técnico y profesional para atender la realización de estos proyectos.

Estos dos casos, constituyen una oportunidad como comunidad científica para realizar nuestro aporte facilitando espacios de discusión técnica, formación profesional y transferencia de tecnología, así como la generación de oportunidades de emprendimiento para atender las necesidades que tiene el desarrollo de las actividades propias de estas operaciones.

El 2020 será el año que debemos dedicar a la preparación de todos los aspectos técnicos y académicos, teniendo en cuenta qué podemos traer de otras latitudes, para que ojalá, al finalizar el mismo podamos decir que logramos iniciar los PPII con la seguridad de que no vamos a fallarle al país.