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Averígüelo Vargas!

20 de noviembre de 2019
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
20 de noviembre de 2019

A propósito de la marcha convocada para el próximo jueves, bien vale la pena hacer un análisis sobre la democracia representativa y participativa que, me parece a mi, es el quid del asunto, respecto a la protesta social. Por eso, es importante hacernos esta pregunta: ¿Y después de la democracia representativa y participativa, qué?

La democracia representativa es una especie dentro del género democracia en la cual los ciudadanos (El Pueblo), ejercen su soberanía a través de sus órganos representativos que se eligen directa o indirectamente por votación, es decir, que la ciudadanía delega sus funciones de gobierno y legislativas en personas elegidas por ellos mismos.

La democracia participativa, en cambio, es una forma de democracia en la que los ciudadanos tienen mayor participación en la toma de las decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa. La democracia participativa, entonces, permite una participación ciudadana mayor que en la democracia representativa. El problema es que pocas veces la ejercemos, entre otras razones, debido al alto abstencionismo que se registra en Colombia. Casi siempre, ambas especies están ligadas entre sí, es decir, podría decirse que son una sola.

Esta forma de democracia es la que rige en casi todos los países occidentales modernos, incluidos los del cono sur, y que ha sido considerada como la única forma justa de gobierno y que está fundada en el voto como derecho político universal.

En la actualidad, estos tipos de democracia están en crísis, especialmente en los países subdesarrollados o en vía de desarrollo, debido a la falta de confianza del ciudadano en las personas que elige para que los gobierne o represente. No en vano, por esos días se han desestabilizado los regímenes democráticos en Bolivia, Chile Argentina y, ahora, en Colombia con la protesta social que se anuncia para el próximo jueves.

Esa falta de confianza del ciudadano en los poderes  Ejecutivo y Legislativo, no es propia de las ideologías de izquierda o de derecha, pues el inconformismo es generalizado y se debe, en gran medida, a que el ciudadano no se siente representado en su clase política, pues los avances sociales en los países democráticos no se ven o sus resultados son pocos, casi invisibles. En otras palabras, ni los gobiernos, ni los congresos están comprometidos en garantizar a los ciudadanos sus derechos fundamentales, sociales, políticos y económicos, y los ciudadanos son apáticos a ejercer su participación democrática.

Hoy los gobernantes y la clase política son insensatas ante las necesidades de los ciudadanos, pero más que insensatos, a los dirigentes de hoy lo que les interesa es quedar bien con los grandes capitalistas que financian sus campañas políticas y sacar provecho para beneficio personal del erario.

Esa falta de confianza del ciudadano hacia la clase dirigente se da, especialmente, por las siguientes razones: i) Por la desconfianza en el sistema electoral, pues considera que quien escruta es quien elige; es el caso reciente de la protesta social en Bolivia, donde el ciudadano del común consideró que hubo fraude en las elecciones. ii) Por la corrupción rampante que desangra el erario; caso emblemático Odebrecht, en casi todos los países de Suramérica. iii) Porque las propuestas legislativas casi siempre benefician a los grandes capitalistas en detrimento del ciudadano del común. iv) Porque la carga impositiva para el ciudadano cada vez es más alta y sus necesidades básicas cada vez menos satisfechas.

Esa falta de confianza del ciudadano en el Ejecutivo y en el Legislativo, es lo que legitima la protesta social pacífica, son esas condiciones de existencia precarias las que hacen del ciudadano, un ciudadano inconforme, al menos, al ciudadano racional y que que se interesa por los asuntos de las polis, entendida como “res pública”; así como también el ciudadano que ejerce su derecho fundamental a elegir de manera libre o consciente.

Por eso, es el momento de ir pensando en otro modelo democrático, no que cambie el concepto de democracia, pues en este aspecto es mucho lo que se ha ganado desde el siglo XVIII cuando se cambió la monarquía por la República, sino que brinde confianza al ciudadano.

El derecho constitucional contemporánea debe dar luces para que el modelo de democracia representativa vaya más allá y desarrolle un modelo más acorde con las necesidades del ciudadano, pues la democracia participativa, casi siempre termina en representativa, excepto el voto el blanco que es la mejor herramienta para premiar o castigar a los políticos en los certámenes democráticos electorales, pero éste casi no se ejerce.

Hoy, el ciudadano está harto de la clase dirigente, el modelo democrático representativo y participativo no responde a las necesidades del ciudadano, ni garantíza los derechos fundamentales, sociales, económicos y políticos.

Por lo tanto, el derecho constitucional contemporáneo tiene un reto gigante, cambiar el modelo democratico, ¿ por cuál?

¡Averígüelo Vargas!