15 de noviembre de 2019
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Arde el Cauca

8 de noviembre de 2019
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
8 de noviembre de 2019

Quienes miran hacia el Cauca hoy, razón tienen de creer que el Cauca arde hoy por sus condiciones socioeconómicas. Pero lejos están de la realidad de esa zona de Colombia.

Desde muchos años atrás, los indígenas de esa región, pero especialmente los del norte del Cauca, han tenido una muy especial condición, y el mismo estado de las tierras indica que son poco amantes de cultivarla, de cuidarla, como dicen hoy al referirse a la Pacha Mama, cosa con la que en el pasado para nada les importó.

En el ayer, y no muy remoto, cuando a un indígena se le asignaba una tierra, procedía a alquilársela a alguien y de inmediato los recursos así obtenidos eran invertidos en un bus, bus escalera o como se le quiera llamar. De ese medio de vida, obtenía los medios suficientes para tomar licor sin parar. Eso, el chirrincho, ha sido su gran distracción por siempre. Pasados los años, estas comunidades fueron orientadas por personajes de ideologías de izquierda o igualitarias y lanzadas de cuando en cuando a ocupar tierras ajenas, reclamándolas como territorios ancestrales. Entonces, al ocupar las tierras reclamadas como propias, su primera acción es “picar” la tierra. Con esta acción, el propietario ya no podrá usar su finca para cultivos o ganadería. De paso, y en tanto los hombres “pican” la tierra, la minga ocupa la casa de la finca y allí destruyen lo que a su alcance encuentran.

Pasados unos días, las autoridades actúan y los indígenas se repliegan. Desde luego, los daños a la tierra y a las viviendas tardan meses en poderse recuperar, pero nunca ha habido poder que haga que los que han destruido los bienes sean llamados a responder.

Los años han pasado y los resguardos se consolidaron, y la ley protegió una cierta autonomía para esos pueblos.   Como quiera que a las áreas establecidas como resguardo no pudieron llegar más los ciudadanos no pertenecientes al clan, entonces ya no hubo quienes tomaran las tierras en arrendamiento y esa fuente de ingresos desapareció. No existiendo demanda por las parcelas, las FARC llegaron para conseguir de entre los indígenas hombres que les sirvieran a sus propósitos, y a fe que los encontraron, y mediante la paga por sus servicios hubo una fuente de ingresos. No mucho más adelante, llegaron las ofertas por estupefacientes y de una u otra forma muchos optaron por entregar sus parcelas a cambio de un ingreso por ello. Otros decidieron trabajar para quienes les tomaron en arrendamiento el predio. Así se montó lo que hoy encontramos en esa zona y los efectos de la entrega de los territorios a quienes hoy se niegan a devolverlos, mediante el uso de las armas. Y es claro: en esos resguardos los foráneos no son admitidos, razón por la cual quienes pretenden defender sus chagras son amenazados y hasta son víctimas de agresiones y hasta asesinados, por personas, muchas de las cuales son sus mismos vecinos y pares étnicos.

Que el Estado resuelva el problema, no es fácil. Que los mismos indígenas con sus bastones puedan hacerlo, no es claro. Que programas sociales de sustitución de cultivos den resultado, también resulta prácticamente imposible en la medida en que quienes “compraron” los territorios no quieren que su negocio mengüe por lo que, quien cambie el uso tendrá que enfrentarse a gente decidida a todo y bien armada.

Recordemos lo que fue la famosa Minga del mes de marzo y abril pasados y los daños que para Colombia se produjeron algunos de ellos como manifestación del poder de los gobernadores de esa zona y otros como expresiones de lo que llamaron “Infiltrados”, que no son cosa diferente a los mismos indígenas, integrantes del resguardo, que no pueden permitir la injerencia de nadie en el negocio que hoy explotan de la droga.

Ya hemos visto los cultivos tecnificados de marihuana, con energía eléctrica e iluminados en las noches, energía que es robada al sistema eléctrico nacional.   Y quién dijo……. ¡!!!

Manizales, noviembre 8 de 2019.