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Se sacudió el país político

28 de octubre de 2019
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
28 de octubre de 2019

Estas elecciones dejaron un resultado sorprendente: en Bogotá llegó a la alcaldía por primera vez una mujer y con la votación más alta de la historia; en el país fue derrotado el partido de gobierno y el uribismo recibió un golpe contundente en su casa (Antioquia) y en Medellín. En Manizales Carlos Mario Marín ganó la alcaldía, en forma contundente, frente a Jorge Hernán Mesa; mientras tanto Luis Carlos Velásquez derrotó ampliamente a Camilo Gaviria para la gobernación.

Terminó una campaña electoral que dejó un nuevo mapa político, después de unas elecciones muy disputadas en la lucha por el poder local y regional. Se adelantó una contienda sucia, llena de acusaciones mutuas y de noticias falsas. Todo empezó mal por el continuo asesinato de líderes sociales y por la violencia que acompañó el proceso.

Elecciones y violencia política

Vivimos una campaña de alto riesgo; veamos algunos casos: Hernando Orley García Vásquez, candidato del Centro Democrático a la alcaldía de Toledo (Antioquia), fue atacado con una escopeta en una zona de la vereda de Morales y falleció cuando lo trasladaban en helicóptero a Medellín. El primero de septiembre, en un atentado con fusiles y granadas, mataron a Karina García, candidata a la alcaldía de Suárez (Cauca) por el Partido Liberal, a Yeison Obando, candidato al Concejo de ese mismo municipio y a tres personas más; la advertencia a las autoridades se dio una semana antes de la masacre. “Advertimos que iban a matar a Karina García”, aseguró Carlos Negret, Defensor del Pueblo. El 19 de agosto fue hallado sin vida el cuerpo de Luis Eduardo Caldera Villamizar, quien era aspirante al Concejo de San Jacinto del Cauca (Sur de Bolívar). El 12 de agosto la víctima fue Nelson Enrique Gaviria García, candidato al Concejo de Betania (Antioquia); desconocidos interceptaron el taxi donde se desplazaba y lo asesinaron. Y el 3 de agosto, Silvio Alonso Álvarez, candidato por el Centro Democrático al Concejo de Versalles (Valle de Cauca), fue hallado muerto, con un impacto de bala.

El politólogo Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, entregó un dato que produjo escozor: “En el Bajo Cauca antioqueño, el Clan del Golfo y los Caparrapos pondrían la mayoría de los alcaldes. En 107 municipios del país se presenta este riesgo” de este modo los “disidentes paramilitares” se están adueñando de amplias zonas del territorio nacional; el mecanismo es sencillo, porque basta con filtrar recursos ilegales en las campañas. ¿Por qué los candidatos están en la mira? Se pensaba que la violencia política era el resultado del vacío de poder dejado por el desarme de las FARC, pero aparece otra hipótesis: que algunos candidatos recurren a la violencia y buscan financiación de grupos ilegales para sostener los altos costos de una campaña.

La Misión de Observación Electoral (MOE) publicó los mapas de riesgo electoral y afirmó que había 152 municipios en riesgo, aunque menos que el año 2015; anunció que en Antioquia han sido amenazados 123 candidatos a cargos públicos. Mientras tanto el Cauca se debate entre “votos, coca, oro y guerra”. Según la MOE es el cuarto departamento en riesgo de fraude electoral y uno de los más violentos de Colombia. Un informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), a julio de 2019, revela que allí es donde más líderes sociales y excombatientes de las FARC han asesinado desde la firma del Acuerdo de 2016, con 148 de los 837 documentados.

Pero hay problemas de gobernabilidad en las regiones de Nariño, Guaviare, Catatumbo, Arauca, Urabá y Bajo Cauca, donde las bandas criminales y las mafias de la minería ilegal y del tráfico de drogas, amedrentaron a los votantes y financiaron campañas. Para la Procuraduría unos 250 candidatos elegidos este domingo representan intereses de economías ilegales y de empresas criminales.

Un final apretado

En vísperas de las elecciones todas las encuestas mostraban empate técnico para las alcaldías más importantes. En Bogotá entre Carlos Fernando Galán y Claudia López; en Medellín entre Alfredo Ramos y Daniel Quintero; en Cali entre Jorge Iván Ospina y Roberto Ortiz. Solo en Barranquilla el panorama estaba despejado para Jaime Pumarejo, de la casa Char.

Otro hecho para destacar en esta campaña es el de las alianzas; en 2015 se inscribieron 634 candidatos por coaliciones y este año la cifra llegó a 5.694. La mayoría de estas alianzas sin coherencia ideológica; de este modo casi todos los partidos ganan. Además estas elecciones pasarán a la historia por la entrega de avales, porque los comicios regionales “son las elecciones de los congresistas”. Es que la clase política para poder “sobrevivir” buscó refugio en las gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos, para manejar los puestos y los contratos. Según El Espectador hay 40 clanes familiares, o políticos, con poderosas estructuras electorales, en 16 regiones del país; de este modo controlan el poder político local, regional y nacional.

De otro lado, estas elecciones demuestran la crisis de los partidos, lo que se deduce por la feria de avales y por la masiva inscripción por firmas; están las personas por encima de los partidos.

El Uribismo

Las miradas se dirigen hacia el senador Álvaro Uribe Vélez principal pilar de la administración de Iván Duque. El expresidente no la tiene fácil porque se le está derrumbando la estantería; hizo numerosas giras apoyando a los candidatos de su partido, pero no le fue bien. En Sopó, La Calera y Acacías, lo recibieron con demostraciones de repudio que asustaron a las decenas de guardaespaldas; fue en La Calera donde pronunció su polémica frase “o hacen silencio, o los callamos”.

Antioquia ha sido el bastión del uribismo, sin embargo, viene creciendo una ciudadanía descontenta con su protagonismo; y llegaron los obstáculos. Aunque Alfredo Ramos, hijo del dirigente uribista Luis Alfredo Ramos, investigado por parapolítica, lideraba en las cuestas a nombre del partido Centro Democrático, se le apareció Daniel Quintero del Movimiento Independiente, quien se consolidó como una opción para la alcaldía; en los últimos días fue creciendo, recogiendo apoyos del Partido Liberal y de los independientes que lo veían como el contrapeso para el uribismo. Para la gobernación el Centro Democrático lanzó a Andrés Guerra, pero el candidato más fuerte y viable era Aníbal Gaviria, del Partido Liberal quien participó por firmas.

El uribismo en Bogotá se la jugó por Miguel Uribe Turbay, pero no logró avanzar en los sondeos y aunque tenía apoyo multipartidista parece que el guiño del expresidente lo perjudicó. En conclusión la contienda del domingo sirvió además para que los presidenciales como Sergio Fajardo y Gustavo Petro calculen su potencia electoral, pero también para que el expresidente Uribe, quien ha venido perdiendo popularidad, mida su fortaleza en el país.

Las conclusiones más contundentes de la jornada electoral serían las siguientes: el fracaso del partido de gobierno, porque fue derrotado el Centro Democrático en la mayoría de sus apuestas; el rechazo a la administración del presidente Duque, a quien el pueblo envió un contundente mensaje; la derrota del uribismo; se observa una crisis de los partidos y, por último, fallaron casi todas las encuestas.