13 de noviembre de 2019
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Reducciones (im) prudentes

18 de octubre de 2019
Por Rubén Darío Barrientos
Por Rubén Darío Barrientos
18 de octubre de 2019

La historia, la voy a empezar con el magnate Carlos Slim. Recordemos que hace unos dos años, propuso reducir la jornada laboral a tres días, cada uno de ellos con un horario de once horas, para un total de treinta y tres horas a la semana. Decía el mexicano, que era la mejor forma de reducir el desempleo. La voy a seguir, con Bregman, quien en su libro “Utopía para realistas”, propuso (ligado a John Keynes), semanas laborales de quince horas, es decir tres horas por cinco días. Ambas, proposiciones desgualetadas y carentes de sensatez. Y lo cierro, en este introito, con Jeffrey Pfeffer, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, quien expresó que “El trabajo está matando a la gente y a nadie le importa”.

En Colombia, el primer día de octubre de este año, se radicaron dos proyectos de ley para aminorar la jornada laboral vigente. El primero, fue radicado ante el Senado por el senador Álvaro Uribe Vélez, del Partido Centro Democrático, bajo el considerando de ser una “reducción prudente” de 48 a 45 horas semanales, de manera gradual, así: bajar a 47 horas, el primer año; bajar a 46 horas, el segundo año y bajar a 45 horas, el tercer año. Explica Uribe, que con ello se aumentaría la productividad. El segundo, es del representante León Freddy Muñoz, del Partido Alianza Verde, que fue radicado ante la Cámara para reducir la jornada laboral de 48 a 36 horas semanales, mermando dos horas por año, para mejorar la calidad de vida y combatir el desempleo.

Como la gente tiene buena memoria, le recordaron a Uribe, que hace algún tiempo pronunció estas palabras: “A Colombia la está matando la pereza. Lo que tenemos que hacer es recortar la jornada del sueño, recortar la jornada de vacaciones y recortar la jornada de festivos”. Otros, le agregaron: “¿Dónde queda ese trabajar, trabajar y trabajar?”. Las dos propuestas antedichas, que tendrán despegue simultáneo, emergen cuando se discute en el país una propuesta del gobierno y Fenalco, para asentar una reforma laboral que flexibilice la contratación de los trabajadores.

Uribe, quien ha hablado de “economía fraterna”, también ventila (y ya con tres debates abordo) la propuesta de una prima adicional para los trabajadores que devenguen hasta 3 S.M.L.M.V., reflejada en medio salario mensual en dos pagos anuales, uno cada semestre. No hay duda que plantear reducción a la jornada de trabajo, será siempre una propuesta amigable para los trabajadores. Sin embargo, hay dos axiomas que no pueden perderse de vista: (i) no se puede comparar a Colombia con Europa, donde las reducciones de las jornadas se hacen en países con niveles mínimos de desempleo y (ii) es absurdo pensar que en nuestro país cabría rebajar las jornadas y mantener los salarios intactos. Hoy, nos asiste una gran verdad: el telón de fondo es que vivimos indicadores con altos niveles de desempleo y con rebajas de jornadas no los vamos a ahuyentar.

Entre otras cosas, conviene recordar que aquí ya existen: trabajo por días y por horas; horarios flexibles del artículo 161 C.S.T., a saber: jornadas de 48 horas redistribuidas en no menos de cuatro horas y no más de diez horas por día; seguridad social pensional por días; disponibilidad; jornadas de 36 horas semanales, con turnos de seis horas diarias, etc. ¿Qué es lo que estamos, pues, inventando? Ahora salió otro personaje, Julio Roberto Gómez de la CGT, a plantear que está de acuerdo con jornada menor de trabajo semanal, pero aparejando la eliminación del tiempo extra para generar nuevos empleos. Cháchara.

Digamos las cosas como son: el problema de base es que no existe una oferta frondosa de empleo. Por eso, tienen mejor lectura: no contratar pensionados, fortalecer el teletrabajo y amplificar el salario emocional. ¡Ah! y se me olvidaba expresar que en Colombia, la mayoría de personas ni siquiera trabaja las 48 horas semanales, porque ese es el tope. Hay jornadas de 40, 42, 45, 46, 47 horas semanales, por doquier. La norma habla de “hasta 48 horas”, no de 48 horas. No creo que disminuir la jornada laboral, bien a 45 horas o a 40 horas, haga que todos arranquen presurosos para la casa a compartir más tiempo en familia. Nos novemos entre populismo y contar uno de vaqueros…

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