28 de septiembre de 2020
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La degradación del debate político

Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
1 de octubre de 2019
Por Julián Andrés García Cortés
Por Julián Andrés García Cortés
Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
1 de octubre de 2019

Me interesa el humor político, me gusta que los ciudadanos, los periodistas y los analistas hagan chistes, ridiculicen el poder y a quienes lo usan; eso permite entender que los gobernantes no son omnipotentes ni sagrados, que su poder está al servicio de las comunidades y que por encima de ellas no se puede pasar.

También me gusta que los mismos políticos, gobernantes y candidatos se rían de ellos mismos, no hay un político perfecto ni infalible y en este mundo de la tecnología y la comunicación inmediata, los errores están a flor de pie. Entonces es mejor que quien cometió el error se ría de sí mismo y disfrute todo, para que no intente censurar a quien sí quiere reírse de él.

Y con errores me refiero a equivocaciones discursivas, gestos, fotos y vídeos graciosos que en época de campaña abundan. Eso es lo que quiero decir con errores, nada predeterminado o intencional a la hora de gobernar.

Por otra parte, creo que hemos llegado a la degradación del debate político. El candidato se convirtió en un bufón y el espectáculo de la risa se da para ganar audiencia, rating y ellos creen que uno que otro voto. Eso de poner a cantar, bailar, contar chistes o imitar a otros, por parte de los entrevistadores y periodistas a los candidatos, se sale de la esencia de la política electoral.

El argumento para asumir estas formas de los candidatos, es conocer «el lado humano de quienes nos gobernarán»; pero sí quieren mostrar eso, hay otras maneras como hablar de su familia y su entorno privado, de su comportamiento en su diario vivir con sus hijos y sus parejas. Para conocer el lado íntimo, más informal y menos acartonado de los candidatos, se puede hacer a través de sus pasatiempos, de su comportamiento con los animales y de cómo se relaciona con el medio ambiente.

La banalidad con la que se está asumiendo el debate electoral es tal, que parece más un concurso de memoria y agilidad mental, que un debate serio por saber quién está mejor capacitado y tiene las mejores propuestas para gobernar. En ese sentido, las consecuencias no se hacen esperar, y terminan ganando y manejando el presupuesto público los que mejor puesta en escena tienen y no los que mejores propuestas muestran.

Necesitamos debates, foros y conversatorios más críticos, donde el ciudadano y elector pueda identificar si por quien va a votar tienen las características y cualidades necesarias para hacer un buen gobierno, y para eso también necesitamos ciudanía más crítica donde la educación es el mejor vehículo para alcanzarlo.

 

@julianelpolit

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