8 de marzo de 2021
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Israel en su laberinto

10 de octubre de 2019
Por Jaime Jurado
Por Jaime Jurado
10 de octubre de 2019

Pasados 20 días de las elecciones parlamentarias y faltando 8 del plazo para formar gobierno que el presidente le dio a Benjamín “Bibi” Netanyahu, líder del derechista partido Likud, Israel sigue bloqueado políticamente. Las urnas mostraron un virtual empate entre Likud(32 escaños) y el centro derecha de Azul y Blanco(33), del exgeneral Benny Gantz, ambos lejos de la mayoría absoluta de 61 puestos en un parlamento de 120 bancas.

Tal mayoría depende de si se puede formar bloque con los grupos minoritarios, dentro de las que se destacan el partido Israel Nuestra Casa de Avigdor Lieberman, caracterizado por su extremado nacionalismo sionista unido a posiciones de laicismo, la coalición de partidos árabes, más proclives a la izquierda, el decadente Partido Laborista y varias agrupaciones de corte religioso.

Como doble telón de fondo está la situación de Bibi, procesado por corrupción, y el agravamiento de las tensiones con los países árabes (latentes y a veces calientes desde la creación de Israel en 1948) y la aún más tirante relación con Irán. El primer aspecto es tan importante que se convierte en el principal obstáculo para un gobierno de coalición de los dos partidos grandes, pues Gantz es enfático en sostener que solamente aceptaría un acuerdo con el Likud si en él no está Netanyahu, en tanto esta agrupación se rehúsa a abandonar a su jefe, así esté tambaleando por sus problemas judiciales.

Naturalmente que es importante que se forme un nuevo ejecutivo, pero el estancamiento político refleja un problema estructural de grandes dimensiones que no se resolverá, independientemente de si lo encabeza uno u otro de los dos dirigentes, si se firma un acuerdo entre ambos e incluso si se llevan a cabo nuevas elecciones, ya que los dos grupos mayoritarios desarrollan en el fondo la misma política de supremacía judía en el interior del país y de continuidad del militarismo como medio de afrontar los problemas de la región.

La encrucijada de Israel va mucho más allá de la coyuntura y es verdaderamente existencial, ahora agravada por el cambio en su ley fundamental, que lo define como “estado judío”. Tal naturaleza, unida a otra de sus bases como es la aliyá (otorgamiento de la ciudadanía israelí y promoción de su traslado a Israel a las personas de fe judía de cualquier lugar del mundo que quieran establecerse en el país), más la proclamación de Jerusalén como “capital eterna e indivisible” son elementos que desdicen de la esencia de una entidad estatal democrática que se supone tiene como base la igualdad de todos los ciudadanos independientemente de su etnia o religión.

Si a esto se agrega el estado de guerra y agresión permanente contra los otros estados de la región tenemos un panorama explosivo que no da asomos de solución en el corto plazo.

Un arreglo del conflicto del Oriente Medio pasa entonces necesariamente por un replanteamiento de la estructura interna de Israel que dé las mismas garantías a todos sus ciudadanos y confesiones, incluyendo la significativa minoría árabe que es el 21% de la población, y por la solución de dos estados que vienen proclamando numerosas resoluciones de la ONU, siempre desconocidas por la dirigencia israelí con el respaldo de Estados Unidos. Es indispensable resolver la situación de los palestinos desplazados desde la creación de Israel, la restitución del territorio palestino por lo menos a las fronteras de 1967 incluyendo Jerusalén Este, así como la devolución de las tierras usurpadas a Siria y Líbano, el desmonte de las colonias en Cisjordania y el cese de todo plan expansionista en la región.