27 de febrero de 2021
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Góméz Méndez

23 de octubre de 2019
Por Óscar Alarcón
Por Óscar Alarcón
23 de octubre de 2019

Después de incursionar en el derecho penal, que le permitió ascender desde juez hasta fiscal general, pasando por la Procuraduría y el Ministerio de Justicia, Alfonso Gómez Méndez le ha dedicado en sus últimos años, con la disciplina que lo caracteriza, a la profundización del derecho constitucional y fundamentalmente a su historia, que es la del país y la de sus instituciones republicanas. Así lo hemos leído en sus columnas semanales que además de eruditas están escritas con un muy buen lenguaje, llenas de la picardía que lo caracteriza.

Ese nuevo Gómez Méndez, hoy profesor de derecho público, acaba de presentar su libro, Presidencialismo y sistema presidencial en Colombia. Una mirada desde la historia constitucional, con el sello de su alma mater, la Universidad Externado de Colombia. Es un buen trabajo, como todos los suyos, en donde hace un análisis sobre el régimen presidencial colombiano –imperial, como lo llamó Alfredo Vázquez Carrizosa–, nacido fundamentalmente de la Constitución de 1886 con un mandatario que además de jefe del Estado, jefe del gobierno, suprema autoridad administrativa, y a quien se le otorgan además facultades extraordinarias y quien gozó hasta 1991de las atribuciones que le daba el tristemente recordado artículo 121 de la Constitución (estado de sitio) para preservar el orden público y la atender una eventual guerra exterior. Anota, con acierto, que así mismo a nuestro presidente se le ha dado la atribución, que no tiene, de sancionar las reformas constitucionales, siendo que no es constituyente. Es una costumbre que va más allá de la Carta (praeter legem).

A pesar de sus críticas al presidencialismo colombiano, amainado por las reformas del siglo XX y por la Constitución de 1991, Gómez Méndez no se inclina en favor de adoptar el parlamentarismo porque, según él, carecemos hoy de partidos fuertes y organizados y de un congreso con prestigio ante la opinión pública.

Pregunto yo ¿Qué tal nosotros con un sistema parlamentario en donde no haya rey sino Duque?