6 de marzo de 2021
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El cumpleaños de Manizales

14 de octubre de 2019

Albeiro Valencia Llano

Hace 170 años numerosas familias campesinas levantaron una aldea en una de las estribaciones de la Cordillera Central, conocida como Morrogacho. Pero hubo algunas expediciones antes de realizar la fundación de Manizales. La primera correría la realizó don Fermín López, quien nació en Rionegro en 1780, se vinculó a la fundación de Salamina desde 1823 y en el año 1837 abandonó esta población y se dirigió hacia la futura Manizales, con el ánimo de abandonar los territorios reclamados o usurpados por una empresa llamada González-Salazar y Compañía; se estableció por algún tiempo en un lote junto al cerro de San Cancio, y como lo acompañaban varias familias organizaron cultivos de pan coger.  A los tres años abandonaron este lugar y exploraron o abrieron un camino hacia el sur con dirección a Cartago.

Por esta misma época numerosas familias se aventuraron hacia el sur de Salamina, por la trocha abierta por don Fermín López y sus compañeros y se establecieron en algunos puntos donde años después se fundarían Aranzazu y Neira. En el año 1842 se encontraba en Sonsón Manuel María Grisales, uno de los fundadores de Manizales, y escuchó sobre las bondades de las tierras que había al sur de Salamina, llegó al sitio donde estaban fundando la población de Neira, cruzó el paraje de Pueblo Rico, atravesó el río Guacaica, y como había llegado con varios compañeros, seleccionaron un lote, tumbaron selva, sembraron maíz y fríjol, y regresaron a Sonsón por sus familias para volver a establecerse en la zona como colonos cultivadores.

En 1843 el señor Marcelino Palacio, otro fundador de Manizales, quien vivía en Arma, recibió invitación del alemán Guillermo Dehenhard, empleado de una mina de Marmato, para que lo acompañara en una expedición al Nevado del Ruiz; pasaron por las futuras poblaciones de Manizales y Villamaría y llegaron hasta las faldas del cráter de La Olleta. Este viaje lo motivó para sumarse a las fundaciones de Neira y Manizales.

Por estos años se realizó la exploración de don Joaquín Arango Restrepo, de Abejorral, quien acompañó a su padre en busca de minas de oro de aluvión, cruzaron el río Guacaica observaron el fértil territorio y don Joaquín tomó la determinación de establecerse como colono. Después de la fundación de Neira, en 1843, entraron centenares de familias pobres que querían establecerse en la región porque era un inmenso baldío del Estado. En 1846 había numerosos campesinos, estaban organizando sus parcelas y empezaron a hablar de fundar una aldea, o un sitio de mercadeo.

La aldea

La fundación se organizó desde julio de 1848 con la llamada “Expedición de los Veinte”, porque estaba conformada por campesinos deseosos de fundar la colonia; sin embargo, había más personas, sobre todo peones, encargados de abrir trochas para buscar el lugar y realizar la fundación. Este grupo salió de una de las fincas, cerca del Cerro de San Cancio, conocido en ese momento como Rastrojos; llegaron al Alto del Perro, bajaron a los hermosos parajes de La Enea y Tesorito, pero los descartaron; se enrutaron hacia el sitio de Minitas y aquí hicieron un desmonte, trazaron la plaza y algunas calles, pero también abandonaron este lugar.

En esta búsqueda subieron al filo de El Carretero, hoy Avenida Santander, pero lo consideraron estrecho para fundar una aldea. Por último, avanzaron hacia el punto donde hoy se encuentra la Plaza de Bolívar y decidieron hacer allí la fundación por ser un paraje amplio; consideraron que el lugar era clave porque se podía convertir en cruce de caminos hacia Neira y Antioquia, por el norte; por el sur ya existía el camino de Cartago y hacia el oriente, por el Páramo de El Ruiz, estaba la posibilidad de organizar caminos que comunicaran con Mariquita y el Río Magdalena. En el mes de septiembre de 1848 se empezó a desmontar el terreno, se demarcó la plaza principal y se adjudicaron solares. Se debe aclarar que los campesinos fundadores de la aldea vivían en sus fincas y no estaban interesados en trasladarse inmediatamente al villorrio, porque la construcción de casas, edificios administrativos e iglesia era un proceso de varios años, por lo tanto, la aldea creció con mucha lentitud y, los primeros habitantes, olvidaron la fecha de fundación; inclusive hubo descuido con su nombre y se fue popularizando el de Morrogacho, y luego el de “Cañada de Manizales”.

Para oficializar lo que tiene que ver con la fundación jugó importante papel don Marcelino Palacio, quien era muy juicioso y legalista; él habló con Mariano Ospina Delgado, vecino importante de Salamina, para que, por su carácter de Diputado de la Cámara Provincial de Antioquia, presentase un proyecto de ordenanza tendiente a crear un distrito, con el nombre de Palestina, según era su deseo, o de Guacaica o Manizales de acuerdo con otros criterios. Este Diputado propuso el nombre de Manizales para el nuevo distrito, por la presencia de la piedra maní que abundaba en las quebradas de la joven aldea. Por último, la Cámara Provincial de Antioquia ordenó la creación del Distrito Parroquial de Manizales, por Ordenanza sancionada el 12 de octubre de 1849. El primero de enero de 1850 empezaron a operar las primeras autoridades: Antonio Ceballos, como Alcalde; Antonio María Arango, Juez y Joaquín Arango, Procurador. Además, se eligió el Cabildo o Concejo del municipio. La importancia de este hecho es que se legalizó la entrega de lotes, realizada en septiembre del año anterior cuando se fundó la aldea.

La transformación en pueblo

La aldea evolucionó rápidamente por una serie de factores que garantizaron su prosperidad. Todo empezó con el decreto del 29 de diciembre de 1848, del presidente de la Nueva Granada, Tomás Cipriano de Mosquera, que favoreció con 12 mil fanegadas de tierra baldía para repartir entre los pobladores. Más tarde, en 1850, se había levantado una capilla de paja donde ejercía su ministerio el sacerdote Bernardo Ocampo. Y, por último, para este año ya funcionaba el mercado semanal en la plaza principal y se producían ocho mil fanegadas de maíz, había 800 reses y 300 caballos, lo que significa que la aldea tenía garantizado su futuro. La joven villa contaba con una población de 2.793 habitantes. Hay un dato que es necesario tener en cuenta: para 1853 había 835 personas propietarias de predios rurales; el caserío era bonito, con casas bien construidas de guadua y arboloco y muchas tenían tejas de barro. Había escuela, cementerio, y la iglesia ya tenía el techo cubierto con elegantes tejas de barro.

Pero Manizales “saltó a la fama” cuando el general Mosquera se declaró en rebeldía contra el gobierno de Mariano Ospina Rodríguez; después, el 28 de agosto de 1860, atacó a Manizales con un ejército de 4.000 soldados y dos días después firmó el tratado de paz conocido como “Esponsión militar”. De aquí en adelante el pueblo de Manizales se convirtió en región de frontera, en el “Gibraltar antioqueño” y en importante plaza comercial. Terminando el siglo XIX se transformó en centro de la arriería y desde 1905 en capital del nuevo departamento de Caldas; de este modo se garantizó el futuro económico.