14 de noviembre de 2019
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Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
19 de octubre de 2019
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
19 de octubre de 2019

Nadie obligó a Aída Merlano a ser corrupta, a saltar por una ventana, a caer amortiguada sobre las nalgas y a emprender la fuga cual paloma blanca encima de una moto. El carácter de víctima que unos medios como Noticias Uno, Caracol Noticias y CM&, pretenden darle a la fugitiva, deja el hedor de la irresponsabilidad en el manejo de la información, al mismo tiempo que distorsiona la verdad.

¿Qué credibilidad nutre la conducta desatinada, mitómana, ambivalente y pendenciera del condenado exalcalde de Barranquilla, Bernardo “el cura” Hoyos? quien posa de defensor de oficio y depositario de las “verdades” de la prófuga. Este exsacerdote siempre ha tenido un conflicto de identidad, de algarabía verbal y de odio visceral que amerita separar con un cedazo, muy fino, para no caer en su disimulada manipulación.

¿Se infiere algo ajeno en la afirmación que “el sistema electoral es corrupto y que distintas familias de la costa compran votos”? Es elemental que No. Con ese dato resurgió, el perogrullesco Hoyos, con el fin de exculpar la actuación de la huidiza Merlano. La reyerta no se mide conforme al estrato socioeconómico ni al origen humilde de la excongresista. El tema central reside en que, ella, participó del sofisticado aparato electoral, favorecida, no constreñida, por los clanes políticos y económicos del litoral Atlántico. La ambición de Aída la llevó a vender su alma al diablo y a desconocer los límites de los pactos indignos.

A lo mafioso: “sí caigo, pues todo se sabrá”. Entre malhechores la ley consiste en sálvese quien pueda y eliminen al delator. Al parecer, la supuesta carta que tiene “El cura” Hoyos, dejaría en evidencia lo que todos murmuran en voz baja y saben de los combos políticos que, obtienen sufragios en favor de sus postulantes y ponen fuera del camino, a aquellos alumnos que se salen de la fila; en este caso, a la que se suelta de la cuerda. Arriba de terrenos húmedos sinnúmero de gladiolos adornan el precio del silencio.

Sin más acá ni más allá, el hipotético mensaje en manos de Bernardo Hoyos no garantiza el descargo de Merlano ni la culpabilidad que recae en forma directa sobre los cabecillas de las estructuras delictivas que, campaña tras campaña, llevan el pendón de la compra de votos y la putrefacción. A ojos vistas están las estirpes que controlan el poder local, regional y nacional; aquellas que generalizan la decadencia y sacan provecho del régimen de corrupción política. Aída Merlano, es y fue, la ficha de ese engranaje al servicio del engaño; es decir, la carta del castillo de naipes a punto de desmoronarse y arrastrar con ello, a los demás actores materiales e intelectuales del fraude electoral en el Caribe.

Según, Karoylne Manzaneda o Aída Victoria Merlano Manzadena, su mamá “no es el cordero que viene a redimir las culpas de los demás”. En medio de su cuento liviano y su habilidad de encubrimiento del presunto delito, tampoco, opta por censurar el mecanismo de preparación, la ejecución y la consumación de la fuga. La joven de 20 años de edad ha utilizado las redes sociales y a varios medios de comunicación para expresarse de manera cuerda y sagaz, volteando la cara de la moneda a semejanza de sofisma de distracción. Es inteligente, y sigue al pie de la letra, el libreto diseñado con muchos días de anticipación, al cual se agrega la expresión corporal y verbal tipo casting televisivo.

Al mejor estilo de engatusar incautos, Aída Victoria, logró que Yamid Amat desconociera la norma universal del periodismo de tratar al entrevistado de “usted” y melindrosamente “la sentó en el sofá de la sala” con la expresión “tú que le dirías a tu mami”. Casi le tiro el control remoto al televisor, pero el internet de las cosas, me reportó las semanas de jubilación del otrora ilustre opinador.

En el futuro simple este guion, propio de estúpidos, incluirá actores exclusivos, maquinación, drama, concubinato, poder, recursos económicos, operación logística, pauta publicitaria, víctimas e infames.  Las transiciones y las escenas mostrarán los privilegios del Joker y las destrezas de Maléfica.  Las convenciones artísticas lograrán posicionar a un exclérigo de misa y a la hija arrepentida que vendrá a aplaudir el escape de su mamá caída en desgracia. Ella, la fugitiva, se detendrá en la cadena de supermercados del “dueño” del territorio para adquirir los víveres que no hay en el país vecino. En la frontera nororiental un dictador y otro grupo de desertores velarán por la seguridad de la exsenadora. El personaje homosexual no poseerá la carta con los nombres de los politiqueros y la descendiente que, cambió de nombre, pedirá asilo debido a que es perseguida política. En la inauguración del puente de tres carriles que cruzará el río Magdalena a la cabeza irán los corruptos, los elegidos con plata sucia y los barones electorales vestidos de blanco. Para no ser visto, el líder del clan, mandará a los entes de control a buscar las “cuentas claras” de la campaña electoral, vía aguas de menguante (reflujo del mar).

El condicional relato ficticio y la trama argumental tendrá diversas sagas o temporadas con más parapolíticos, guerrilleros, cuestionadas figuras públicas, hombres de poca fe, defraudadores, marchas, desapariciones forzadas, ONGs, equipos de fútbol, grandes superficies, candidatos presidenciales y nuevas representaciones de abastecimiento de campañas. Al final, el frágil hilo remendará todo ¡y nada pasará!

El meollo del asunto radica en no perderle la pista al desenlace de cada capítulo, tal vez, a lo sumo revelará otro golpe en las nalgas.