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Camilo Gaviria, el candidato que propone aumentar la inversión

21 de octubre de 2019
21 de octubre de 2019

 

Por JOSE MIGUEL ALZATE

El recuerdo más triste de su vida fue el de la tarde en que se enteró del secuestro de su padre, Fortunato Gaviria Botero. Tenía once años de edad. Venia en el bus del colegio cuando al llegar a la casa vio una gran cantidad de vehículos estacionados al frente. “Aquí pasó algo”, le dijo a Paulina Mejía, su compañera de puesto en el vehículo. Lo que nunca se imaginó era que iba a recibir una noticia dura. Cuando traspasó el portón le preguntó a su mama: “¿Qué pasó aquí?”. Ella, tomándolo del brazo, le contestó: “Secuestraron a su papá”. Fue el miércoles 13 de febrero de 1991. Llorando, miró una foto donde aparecía abrazando a su hermana Pamela el día en que él hizo la primera comunión. Con el dolor reflejado en su rostro se encerró en su cuarto.

El presentimiento que desde ese momento llenó el alma de Camilo Gaviria Gutiérrez se cumplió la mañana del sábado siguiente: las autoridades le informaron a la familia que el cuerpo de Fortunato Gaviria había sido encontrado, enterrado en un cafetal, en la finca La Gaucha, en la vereda Morelia, en jurisdicción de Pereira. La noticia la recibieron a las once de la mañana. Sintió entonces que el mundo se le derrumbaba.  Perdía a la persona que era su guía en la vida, al hombre a quien admiraba porque siempre estaba ahí para darle ejemplo de amor a los suyos. “Mi mamá fue el apoyo para superar el dolor”, dice mientras recuerda que al día siguiente del secuestro no quiso ir a estudiar. “No, señor. La vida tiene que seguir” le contestó Adriana Gutiérrez Jaramillo. “Se me va a estudiar ya”, le ordenó.

Los estudios los realizó en el Colegio Granadino. Salvo los dos años que por el nombramiento de su mama como Cónsul de Colombia en Barcelona estudió en el American School, en España, su vida la ha pasado en Manizales. Durante los años que vivió en Bogotá venia con frecuencia. Del tiempo vivido en el exterior dice que fue una experiencia enriquecedora, aunque la nostalgia por Colombia lo embargaba a cada rato. “Extrañaba a mis amigos de la infancia, a los vecinos de la cuadra, a las muchachas que admiraba”, cuenta cuando recuerda cómo era su vida en esta ciudad donde conoció a Natalia Jaramillo, la mujer que hace quince años convirtió en su esposa, después de un noviazgo de tres años. “Es mi coequipera en este proyecto de gobernar a Caldas”, contesta cuando se le pregunta por ella.

Camilo Gaviria Gutiérrez se graduó como ingeniero agroindustrial en la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín y tiene un NBA en Alta Dirección de Inalde. Su experiencia laboral la ha tenido como Gerente Administrativo en Central del Campo SAS y como directivo en la empresa Team Foods, con sede en México, donde laboró desde el 2003 hasta el 2015 en cargos como  Vicepresidente, Director de Mercadeo, Director Food Service y Director Ingredientes Especiales. Piensa que la experiencia adquirida en estos cargos le va a servir para conducir los destinos de Caldas. “Yo me he preparado desde lo privado para administrar lo público”, dice con la convicción de que en su programa de gobierno están consignadas las ideas con las que quiere construir la que él llama una Caldas educada, una Caldas amiga, una Caldas innovadora.

Adriana Gutiérrez, Fortunato Gaviria y la familia
Fortunato Gaviria, el inmolado padre de Camilo

De niño lo que más le gustaba hacer era treparse a los árboles, no para coger frutas, sino para jugar con sus amigos. Aprovechaba las constantes visitas que la familia hacia a las fincas para hacerlo. Aunque sacaba tiempo para jugar un partido de futbol, o para columpiarse en cualquier rama, aprovechaba también para recorrer las mangas, acariciar a los animales, jugar con los perros o darles maíz a las gallinas. Antes que ser un joven parrandero, de esos que a todo momento piensan en la rumba, que quieren vivir enamorando muchachas bonitas o paseándose por la Avenida Santander coqueteándolas desde un carro último modelo, prefirió ser un muchacho estudioso que atendía los consejos que su mama le daba para que se formara como profesional.

Haber perdido a su padre cuando apenas contaba con once años de edad le hizo entender que debía prepararse para continuar trabajando por los ideales que el enarbolaba: servirle a la comunidad y trabajar por construir una sociedad mejor. Dice que por esta razón decidió meterse a la política. “Quería seguir el que yo considero el legado de mi padre”, anota cuando se le pregunta por qué se mete a una actividad que muchos consideran ingrata. Entonces recuerda lo que le dijo, cuando era estudiante, el padre Hernando Jaramillo: “Camilo, usted qué quisiera ser: el hijo de los que mataron a su padre o el hijo de su padre”. Escuchar esas palabras le hizo pensar en el perdón hacia quienes le causaron tanto dolor y en el deseo de trabajar por su departamento. “Descubrí que esta era mi vocación”, dice.

Vino al mundo en un hogar acomodado. Su abuelo, Milton Gaviria Londoño, además de haber sido un próspero industrial, sintió en su alma el deseo de vincularse a la vida pública: fue alcalde de Manizales. Su papá, que heredó parte sus empresas, fue Gobernador de Caldas. Y su mamá, Adriana Gutiérrez Jaramillo, es una líder política que ha ocupado curul en la Cámara de Representantes y en el Senado de la República. Además, ha sido candidata a la Alcaldía de Manizales y a la gobernación del departamento. Es decir, lleva la política en la sangre. Esto hizo que, a los 39 años de edad, Camilo Gaviria renunciara a una gerencia en la empresa privada. Ahora prefiere untarse de pueblo: visita los municipios, abraza a los campesinos y escucha a la gente. Algo que, lo más seguro, no hacía antes.

Camilo Gaviria Gutiérrez es un enamorado de los animales. De eso se dio cuenta a temprana edad, debido al contacto que en las fincas siempre ha tenido con perros, caballos y vacas. Quiere tanto a los perros que en la finca tiene siete, y en su casa nunca ha faltado uno. Antes de que naciera su hija Sara, que ahora tiene cinco años, la compañía en su vivienda eran los perros. Como la hija demoró diez años para llegar al hogar, estos animales eran su entretención. Su esposa Natalia Jaramillo, una abogada exitosa, tuvo que aprender a convivir con ellos. Pep Guardiola, un pastor belga, se pasea por todos los rincones de la casa. Cuando sale lo despide voleándole la cola y cuando regresa ladra de la felicidad de verlo. “Tengo una rara sensibilidad por estos animales”, confiesa.

Aunque no es un apasionado por los libros, saca tiempo para deleitarse leyendo historias de vida. El cronista le pregunta qué libro lo ha marcado. Y Camilo Gaviria Gutiérrez, un hombre que se ha levantado manejando números, haciendo productivas las fincas y experimentando en cuestiones agropecuarias, no duda en responder: “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince”.  Hay una razón para que este libro le llegue al alma. El dolor del escritor para contar la historia de cómo mataron a su papá, el médico Héctor Abad Gómez, un defensor de derechos humanos, es el mismo suyo. Dice que a su padre, Fortunato Gaviria, lo mataron sicarios al servicio del Cartel de Medellín. Lo afirma porque los abogados que defendieron a los acusados del crimen fueron los mismos del cartel.

Uno de los lemas de su campaña para llegar a la gobernación es “Tu eres Caldas”. Hace énfasis en esta frase porque quiere decirle a la gente que son dolientes del departamento, y que por lo tanto son responsable de su destino. En sus correrías por todos los pueblos, que inicio mucho antes que los demás candidatos, lleva el mensaje de querer duplicar la inversión para que el departamento progrese en vías de comunicación. En este sentido, promete conseguir con el Gobierno Nacional cinco billones de pesos para invertir en obras de infraestructura. A quienes le dicen que esto es imposible les responde diciéndoles que su cercanía con el presidente le permitirá convencerlo de que le entregue a Caldas estos recursos.

Nació en Manizales el 27 de junio de 1979. Es el mayor de tres hijos. Pamela y Mateo, sus hermanos, lo apoyan en su aspiración de querer llegar al primer cargo del departamento. En este que él llama sueño de muchos años, desde que siendo niño acompañaba a su papá en correrías políticas, lo apoya su mamá. “Me gustaría que mi hijo fuera gobernador”, dijo ella alguna vez. Camilo Gaviria Gutiérrez le ganó el pulso a quienes aspiraban a convertirse en candidatos del Centro Democrático: Jorge Luis Ramírez y Antonio Corrales. Luis Guillermo Giraldo Hurtado renunció a ese partido aduciendo que no tenía garantías. Hoy, con Luis Carlos Velásquez, son los dos candidatos más opcionados para ocupar la silla del Palacio Amarillo.

No tiene muchos recuerdos de su abuelo paterno, que murió cuando él tenía cinco años de edad. Sin embargo, sabe los nombres de los tíos de su papá, en razón a que le parecía extraño que tuvieran nombres raros. Fortunato Gaviria, el bisabuelo, que era carbonero en Circasia, los bautizó Milton, Bayron, Betel, Venus y Minerva. “Nombres como sacados de la mitología griega”, advierte este candidato que, con su primo Rafael Giraldo, con quien se lleva siete días de diferencia en edad, iba a su casa para jugar en los corredores, aprovechando que eran espaciosos. ¿Cómo califica a su mamá? Le pregunta el cronista: Y el hijo orgulloso responde” “Como una mujer fuera de serie. Quedó viuda a los treinta y dos años, pero no se dejó vencer por la adversidad. Demostró que era capaz de llegar alto”.

Este domingo se sabrá si su sueño de convertirse, a la misma edad en que su padre fue asesinado, en Gobernador de Caldas, se le hace realidad. Quienes lo conocen dicen que es bueno para tomar decisiones y que le gusta delegar responsabilidades. Escucha con atención a quienes lo pueden aconsejar, y prefiere trabajar en equipo, consultando los pros y los contras de una decisión. Se considera un padre consentidor, y a su hija Sara le lee cuentos infantiles en las noches, antes de que se duerma. Dice que vio la tristeza en el rostro del expresidente César Gaviria, primo hermano de su padre, el día que los acompañó en su entierro. “Mi padre y él se querían mucho”, explica cuando se despide del cronista.