21 de noviembre de 2019
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¡Ah! de los colombianos

18 de octubre de 2019
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
18 de octubre de 2019
Será mejor que los sociólogos hagan un profundo y desapasionado análisis sobre las causas por las cuales los colombianos somos incapaces de razonar y actuar de conformidad en cada día de este pobre y agobiado país.

Sí, porque resulta incomprensible que a cada momento, por cualquier causa, resultemos enfrentados, y no sólo enfrentados, sino en pie de guerra por cualquier cosa y atrás de cualquier líder o seudolíder.

Y lo acabamos de ver. Llamado a indagatoria el señor Uribe, sus copartidarios y seguidores resolvieron hacer una manifestación de apoyo a su jefe, cosa que nada tiene de raro ni de vituperable. Sin embargo, quienes no quieren, no soportan, no pueden ver a Uribe, salieron también a la calle a oponerse a lo que los seguidores del otro hacían. Desde luego que los unos al verse impedidos por otros a manifestarse, asumieron posiciones de combate, posición que de antemano ya habían mostrado quienes no soportaban que aquellos demostraran su amor por su líder. Y allí hubo de todo. Piedras, madrazos, empujones y lo que se antoje. Hasta monja.

¿Cuál la razón para que los unos no soporten las expresiones de los otros? Acaso lesiona a los de allá que los de acá quieran a su “ídolo”? ¿Eso es ofensa y razón para que nos enfrentemos como tribus salvajes?  ¿O somos simplemente salvajes y no lo reconocemos?

Lo malo no es que sea el hoy en el que tales expresiones de salvajismo se den. ¡No! Lo horrible es que tradicionalmente nos hemos comportado así, y desde luego son los oponentes a nosotros quienes actúan de esa manera. La culpa la tienen los otros. Quienes ignoran la historia de Colombia, o simplemente la acomodan a sus quereres, olvidan que la violencia que hemos padecido tiene sus orígenes en la hegemonía conservadora que llegó hasta 1930. Llegado al poder el partido liberal, las cosas cambiaron de rumbo y la violencia se dio para “liberalizar” el país y quien no se declarara seguidor del partido gobernante perdía su puesto, así fuera un simple portero. Cambiado el centro de gravedad del poder, ya en 1946, las cosas tomaron el rumbo contrario y el desquite estuvo a la mano. Los de allá y los de acá, enfrentados y resolviendo sus diferencias ideológicas, no con ideas, más sí con balas o con lo que a la mano hubiera.

Se pensó que el Frente Nacional aplacaría el salvajismo en los 16 años de alternación del poder. ¡Pero no! Las ideas se siguieron defendiendo con balas, manifestación que se materializó en lo que se denominó “guerrilla”, cosa que no era diferente a que, quien no piensa como yo no puede existir. Y, ahora, después de buscar una nueva reconciliación nacional en el llamado Acuerdo de Paz, bueno o malo, reiniciamos el proceso: Quien no piense como yo no puede existir. Si acaso se manifiesta ese otro de alguna manera, saldré a acallarlo a como dé lugar. Y allí estamos.

¿Acaso, pensaron algunos, la Corte Suprema es tan deleznable que la reunión de un grupo de amigos de Uribe le haría variar su sentido del Derecho como para que fuera necesario salir a apoyarla lanzando guijarros y asaltando esa expresión? Con ese argumento se realizó la contra expresión. ¿Es posible que otro pueda expresarse en contra de mis opiniones? ¿Puedo soportar con ideas mis opiniones sin insultar a mi contradictor, sin llegar a matarlo?

Los colombianos tenemos que reflexionar y entender que si no queremos que este tipo de expresiones violentas siga dándose en el país, es necesario dar ejemplo. Ejemplo que tiene que materializarse en la casa para que los hijos tengan entendido que otros pueden pensar de manera diferente a nosotros. Ejemplo que es necesario exigir se prodigue en los colegios y escuelas en donde, al transmitir ideas, se dé espacio a la diversidad de ellas y al respeto para con quien no comulgue con las ideas nuestras.

No es que tengamos que preguntarnos si podemos hacerlo. ¡NO! ¡TENEMOS QUE HACERLO! De lo contrario no tendremos país para vivir.

Manizales, octubre 18 de 2.019.