15 de octubre de 2019
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Agitación

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
4 de octubre de 2019
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
4 de octubre de 2019

El encanto de lo insólito se ha perdido en medio de frágiles e insípidos textos. ¡Qué paradoja! Unos, salvajes, escarban nostalgias lejos de reconocer discrepancias. El lenguaje sexualizado remplaza la simplicidad de las conversaciones que brotan sin medida ni coordenada anticipada. La costumbre bautiza el instante de locura y el cambio de dirección hace perder la gracia.

La religiosidad cuestiona levantar la voz entre la gente: “»Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.» * (*Lucas 11:27-28) La libertad de expresión es fustigada a la luz del todopoderoso y el influjo de éste en la sustancia de cada quien. ¿Qué redescubrir?  Acaso, no existe la multiplicidad de reflexiones. Para los católicos, María, sólo tiene libertad de corazón al escuchar a Dios. El extravío de la mujer es estimado a manera de acto de simpleza y no, de curiosidad intelectual.

La singularidad y la identidad del ser humano sube al patíbulo. Detrás de la ideología de género no nace una criatura nueva; tal vez, se esconde otra forma irreductible de reconocerse debajo de la guillotina de la conversión moderna. ¿Verdugos o anfitriones de las diferencias? Manifestar lo contrario, pone en aprietos el concepto de reduccionismo de las pasiones y las costumbres primitivas; a la sazón, hay que demostrar las semejanzas y las divergencias para dar seguridad a esta sociedad del exterminio.

Absurdo pensar en la combinación métrica, en los acentos en las sílabas cuarta, sexta, séptima u octava de un verso que cante identidad. ¡Oh! Degradación que exalta la nostalgia, la civilización y el descubrimiento de cierto equilibrio. Enraizados en el estudio de los “nuevos” fenómenos pasamos a percibir el cuerpo y la naturaleza como territorio en disputa. Al estilo culebrero, varios movimientos incoloros e inodoros sacan el pecho de la transformación universal. Esa especie de “carta de amparo” califica de imposible la separación; es decir, el malo es el vecino, la época o el significado. Alejarse de aquel emparejamiento del texto único y servil riñe con el proyecto de innovación. Siglos atrás lo advirtió Francisco De Quevedo: 

4.

Dejadme un rato, bárbaros contentos,

Que al sol de la verdad tenéis por sombra

Los arrepentimientos;

Que aun la memoria misma se me asombra

De que pudiesen tanto mis deseos,

Que unos gustos tan feos

Los pudiesen hacer hermoso tanto.

Dejadme que me espanto,

Según soñé en mi mal adormecido,

Más de haber despertado que dormido,

Contentaos con la parte de los años,

Que deben nuestros lazos a mi vida,

Que yo la quiero dar por bien perdida,

Ya que abracé los santos desengaños,

Que enturbiaron las aguas del abismo,

Donde me enamoraba de mí mismo. 

(Obras escogidas de D.F. De Quevedo y Villegas. SALMOS, Lágrimas de un penitente, 4, página 492. Valentín Moragas Roger. Paris, Baudry, Librería Europea, 3 Quai Voltaire, 3)

Refugiado en este arranque lírico, saco de la esclavitud, el placer de las emociones, el contexto poético y el sentido de la insatisfacción científica. Eficaz o no, las palabras buscan el significado en la perspectiva que nos tocó vivir. El peligro radica en dejar que las cosas y las personas se vuelvan paisaje.

…Dime
confiésame, confiésame
si en el abrazo mudo que me has dado, en el tierno
ademán de ofrecerme una silla, en la simple
manera de sentarte junto a mí, de mirarme,
sonreír y en silencio, sin ninguna palabra,
dime si no has querido significar con eso
que, a pesar de las mínimas batallas que reñimos,
sigues unido a mí más que nunca en la muerte
por las veces que acaso
no lo estuvimos -¡ay, perdóname!- en la vida.

Si no es así, retorna nuevamente en el sueño
de otra noche a decírmelo.

(Del libro Retornos de lo vivo lejano (1948-1956)
Rafael Alberti)

Es indudable que la modernidad desató los zapatos de la hipocresía. Algunos prefieren perderse entre sombras, ausencias y miedos que, caminar, sin apuros, en busca de un sentido; llámelo, invención, modo, talante o declaración de vida. En este lugar, la pluralidad de los sentidos y del pensamiento siempre tendrá, como respuesta, otra palabra.