16 de septiembre de 2019
Aguas de Manizales. Banner septiembre de 2019.

Oído abierto

11 de septiembre de 2019
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
11 de septiembre de 2019

Esta expresión impacta por lo que ella representa: “Dicen que se necesitan dos años para aprender a hablar, y que se han requerido sesenta y pico para aprender a callar”. Es buena pues se refiere a una verdad de a puño y esta tiene que ver con que las personas hablan y hablan y muy pocas veces escuchan, por lo que al final se vuelven totalmente protagonistas de monólogos, a los que nadie desea prestarles ninguna atención.

Lo anterior se encuentra atado al ego y de ahí que tales personajes no logren aprender mucho que se diga, pues apenas tienen tiempo para escucharse a sí mismos. Están tan concentrados en su propia historia que, si alguien les habla para preguntarles o comentarles algo, la conversación rápidamente se torna en la narrativa de solo sus propias vivencias y no en las del interlocutor que les llama.

También se relaciona con los llamados «respondones» que siempre están dando una solución a lo que a sus oídos llega y no se detienen a pensar en el impacto de las mismas, algunas de ellas que con frecuencia resultan ofensivas. No hay nada mejor que el contenerse en la lengua y con la pluma para evitar así herir tanto, que el resultado sea el fin de un negocio, una relación, o una amistad. El prudente silencio se convierte entonces en un mejor elocuente que la palabra misma.