21 de octubre de 2019
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Cuando el crimen no paga

5 de septiembre de 2019
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
5 de septiembre de 2019

“Detrás de cada gran fortuna hay un crimen”. Esta cita de Balzac, ondea como preludio magistral de uno de los grandes best sellers de la literatura moderna escrito por Mario Puzo: “El Padrino”. Mas allá del relato criminal realizado por el libro en torno a la mítica figura de la familia Corleone, se han identificado estrechos paralelismos entre los protagonistas ficticios del clásico literario y aquellos capos de la mafia norteamericana de mediados de siglo pasado, conduciendo a la crítica a suponer que el texto es un relato del bajo mundo conocido de primera mano por el escritor italoamericano.

Empero, el documento permite realizar algunos análisis en torno al dinero y al poder, que procura demostrar a través de sus páginas, la certeza de la afirmación de Balzac. El lector se sumerge en universo de fantasía, donde los valores se invierten y hacen del delito lo habitual en sus protagonistas. Homicidios, secuestros, desapariciones, sobornos, chantajes son detallados como pilares de una cotidianidad dantesca determinada a conservar su dominio criminal.  Pero la vida real carece del glamour que imprimen las letras. De esta suerte, Vito Corleone encarnó al famoso Frank Costello, quien escaló en el hampa hasta hacerse al título de “Don” después de haber servido como “consigliere” para Charlie “Lucky” Luciano. Tras acumular una enorme influencia producto del soborno a funcionarios públicos, fue cazado por sus antiguos socios que lo obligaron a retirarse en una habitación de hotel en medio de una severa crisis depresiva. Murió a los 82 años, sin dinero, y a su funeral solo asistieron unas 50 personas y una bomba detonada por sus antiguos enemigos.  Un relato similar se puede encontrar en Albert Anastasia, que fue representado en la famosa cinta por Luca Brassi. Falleció a los 55 años por órdenes de su jefe. Estas historias de miseria parecen ser la constante en aquellos que encuentran en la transgresión a la ley su fórmula de superviviencia. Inician desde abajo, con pequeños encargos para grandes capos, que a su vez terminan desplazados por sangre nueva y sin dinero para su sustento, haciendo de ello un uróboros eterno.

Colombia no es ajena a este fenómeno. Basta recordar a Pablo Escobar, que no logró heredar a su familia el dinero que acumuló y solo legó tristeza, persecución y un oprobio que ha cruzado la frontera de los años. Carlos Castaño, quien tras haber dirigido las AUC, inició una serie de negociaciones con el gobierno de los Estados Unidos en procura de un mejor futuro para su hija especial. Ante semejante traición, fue baleado por órdenes de su hermano Vicente, dejando su pequeña sin protección paterna. Carlos Lehder fue extraditado siendo uno de los hombres mas ricos de nuestro país en la década de los 80. El tiempo y los barrotes han disuelto su orgullo y, con toda seguridad fallecerá tras las rejas, pese a la ilegalidad de la condena que purga, la cual no podía ser superior que la contemplada por el ordenamiento colombiano para el mismo delito.  Manuel Antonio Noriega fue el hombre fuerte de Panamá. Mezclo el poder, la política, el narcotráfico y la fama, creyéndose infalible en su Estado insular. Fue detenido con ocho millones de dólares en efectivo y seis millones más en las cuentas bancarias que fueron congelados inmediatamente. Tras un complejo proceso judicial, el metálico fue confiscado definitivamente, mientras se le consintió el uso de las cuentas bancarias, únicamente para pagar sus gastos de defensa. Recientemente fue repatriado en estado de ruina total a Panamá.

En contraposición de estos relatos, la actualidad nos ha asombrado con la mayor cantidad de fortunas lícitas que jamás han existido. La lista de multimillonarios la encabezan Jeff Bezos (Amazon) con 142.000 millones, Bill Gates (Microsoft) con 95.800 millones, Warren Buffett (Berkshire Hathaway) con 84.900 millones, Bernard Arnault (Luis Vuitton) con 76.600 millones o Mark Zuckerberg (Facebook) con 65.600 millones e incluye cerca de trescientas personas que ingresan por primera vez a este selecto grupo que a suma más de un millar de integrantes.

Estos emporios económicos serían impensables para lo que contemplan la existencia a través del delito. Ni la reunión de los grandes capos podría soñar con fortunas de esta magnitud.  Asistimos a un mundo que ha cambiado y que promete mejores oportunidades para quienes se conservan en la legalidad que para aquellos que no lo hacen. En este contexto, ciertamente podremos aseverar que el crimen no paga y preguntar si la afirmación de Balzac se mantiene vigente.

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