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Tragedia por incendios renueva alarma sobre la deforestación en la Amazonía

23 de agosto de 2019
23 de agosto de 2019

 

Imagen EFE

Bogotá, 24 ago (EFE).- Los incendios en la Amazonía de Brasil, los más graves de los últimos años, renovaron la alerta sobre los efectos de la creciente deforestación en la que es considerada la mayor región de selva tropical del mundo y donde cuatro de los países que la comparten reportan crecientes pérdidas de bosque.

La alarma internacional se disparó ante el impacto que puede tener en una región de 6,7 millones de kilómetros cuadrados (dos veces el tamaño de India), un espacio que alberga al menos el 10 % de la biodiversidad mundial y hogar de grupos indígenas milenarios como los Yanomami y los Kayapó.

Los incendios han sido directamente asociados por organizaciones ambientalistas con la creciente deforestación, de la que responsabilizan a los hacendados y sus intereses económicos.

«El número de focos de incendio registrados en la Amazonía ya es en un 60 % superior al de los últimos tres años y ese pico tiene relación con la deforestación y no con una sequía más fuerte como podría suponerse», denunció la ONG brasileña Instituto de Pesquisa Ambiental de la Amazonía (Ipam).

PÉRDIDA DE BOSQUE EN UN IMPERIO DE BIODIVERSIDAD

Las instituciones advierten además que no solo la Amazonía está perdiendo espacio en el continente. La ONU es contundente: un tercio de la deforestación mundial ocurre en Latinoamérica.

En esta línea, los países de la Amazonía, compartida por Ecuador, Guyana, Surinam, Venezuela, Brasil, Bolivia, Colombia y Perú, siguen perdiendo cada año enormes extensiones de selva.

De acuerdo con el programa de monitoreo Global Forest Watch, del World Resources Institute, 12 millones de hectáreas de selva tropical desaparecieron en el planeta en 2018, con Brasil a la cabeza, al reportar más de un millón de hectáreas de bosques primarios arrasados, en una lista de diez naciones en la que también figuraron Colombia, Bolivia y Perú.

La situación en esta región «es una verdadera tragedia, asociada principalmente a quemas provocadas para hacerse con tierras», dijo a Efe Elsa Matilde Escobar, directora ejecutiva de la Fundación Natura de Colombia, quien advierte que el impacto de los fuegos es también para la fauna, flora y, sobre todo, para culturas que pueden desaparecer.

BRASIL ARDE POR LA DEFORESTACIÓN

Organizaciones ecologistas afirman que cerca del 20 % de la Amazonía de Brasil ha sido destruida durante los últimos 50 años por la acción depredadora del hombre, que ha avanzado sobre la selva para expandir fronteras agrícolas o explotar riquezas minerales.

Datos de Greenpeace precisan, además, que «desde 1970 se ha perdido solo en Brasil una superficie forestal más grande que toda Francia» y que, mientras en la década de los noventa la selva absorbía 2.000 millones de toneladas de CO2, ahora se ha reducido a la mitad.

La versión sobre la relación directa de la creciente deforestación con el aumento de los incendios en la Amazonía ha tomado fuerza en el país, en medio de las críticas por las políticas medioambientales del presidente Jair Bolsonaro, quien llegó al poder en enero pasado.

De hecho un informe del Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía, que desde hace 28 años estudia la región, apunta que la tasa de deforestación en la selva brasileña creció un 66 % en julio pasado en comparación con el mismo mes del año pasado.

BOLIVIA, OTRO FOCO DE INCENDIOS EN LA AMAZONÍA

Bolivia, también en situación de emergencia por los incendios en Chiquitanía, una zona boscosa de transición entre la Amazonía y el Chaco, ubicada en la región oriental de Santa Cruz, sigue siendo uno de los países con mayor deforestación.

Un informe de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra de Bolivia (ABT) precisa que la superficie desforestada alcanza unas 554.232 hectáreas en siete regiones, de las que, precisamente, Santa Cruz es la más afectada.

Solo en 2018, según el Global Forest Watch, el país perdió 154.488 hectáreas de bosque tropical primario, la mayor parte en Santa Cruz, por la conversión de bosques a «agricultura y pastizales de gran escala».

No obstante, organizaciones ambientales han señalado que la cantidad anual de hectáreas desforestadas supera las 900.000.

Como respuesta, el director ejecutivo del Fondo Nacional de Desarrollo Forestal (Fonabosque), Mike Gemio, explicó a Efe que en su última convocatoria se han adjudicado unos catorce proyectos para reforestar unas 1.300 hectáreas en los departamentos de Santa Cruz, Pando y Cochabamba, entre otros.

PERÚ, EN ALERTA POR AMPLIACIÓN DE FRONTERA AGRÍCOLA

Las cifras oficiales más recientes en Perú son de 2017, cuando el país perdió 155.914 hectáreas de bosque debido a la deforestación por la agricultura, cultivos ilegales (principalmente de coca) y la minería y tala ilegal.

Según el Global Forest Watch, solo el año pasado Perú perdió 140.185 hectáreas de bosques primarios, lo que ubicó al país como el séptimo con mayor deforestación de este tipo a nivel mundial, por detrás de Brasil, República del Congo, Indonesia, Colombia, Bolivia y Malasia.

Para los expertos, los «cuatro jinetes del Apocalipsis» de la Amazonía (tala ilegal, minería ilegal, cultivos ilegales como la planta de coca y el tráfico de fauna silvestre) son las principales causas de los incendios forestales y la deforestación en esta nación.

A esto se suman las «variaciones drásticas causadas por el cambio climático», dijo a Efe Luis Alberto Gonzales-Zúñiga, director Ejecutivo del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre.

«Los incendios son un tema recurrente. En el caso de Perú, la fuente más importante de los incendios son las prácticas agrícolas inadecuadas. No suelen ser incendios forestales, sino de pastos, que se prenden para supuestamente mejorar con sus cenizas la calidad del suelo, lo que no es cierto», agregó.

Pero cuando estos incendios «acontecen en el pulmón del planeta, es absolutamente evidente que para el mundo debe ser una prioridad», afirmó.

COLOMBIA FRENTE A LA «PRADERIZACIÓN DE LA TIERRA»

El Global Forest Watch señala que en Colombia, donde la Amazonía comprende cerca del 40 % del territorio, la pérdida de bosques primarios se incrementó un 9 % entre 2017 y 2018, «continuando una dramática tendencia a la alza desde 2016».

Esto contrasta con datos oficiales, que subrayan que durante 2018 se registraron 197.159 hectáreas desforestadas de bosques naturales, lo que supuso una reducción de 22.814 hectáreas.

En cuanto a la Amazonía, se estima que la disminución fue de 5.971 hectáreas, al pasar de 144.147 hectáreas desforestadas en 2017 a 138.176 el año pasado.

Para el ministro colombiano de Medio Ambiente, Ricardo José Lozano, las principales causas de la deforestación en el país son «la praderización» de la tierra», que tiene como objetivo usar los terrenos para cultivar coca, las «malas prácticas» de ganadería, la extracción ilegal de minerales, la construcción de carreteras no autorizadas y la ampliación irregular de la frontera agrícola.

ECUADOR, CON TASAS MÁS ALTAS QUE BRASIL

La situación en Ecuador, según expertos, no es menos grave que en el resto de los países de la cuenca y en las últimas décadas se ha registrado un descenso de alrededor del 20 % de su Amazonía, que representa cerca de la mitad del territorio.

«Ecuador tiene una tasa de deforestación del 0,7 % anual aproximadamente. La de Brasil sería en torno al 0,2 %», precisó a Efe Carlos Larrea, coordinador del Programa de cambio climático y sustentabilidad de la Universidad Andina Simón Bolívar

Larrea sostiene, sin embargo, que por su ubicación geográfica, la Amazonía ecuatoriana, que constituye apenas el 2 % del total, está protegida de los incendios, dado que es una zona de lluvias.

Aun así, mencionó amenazas como la explotación petrolífera y minera, la construcción de carreteras y la expansión de la frontera agrícola, sobre todo por el cultivo de soja.

VENEZUELA, EL PELIGRO DE LA ACTIVIDAD MINERA

Según la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada, que trabaja con la ONG venezolana Provita, en la última década la deforestación de la selva amazónica en Venezuela ha sido superior a casi todos los países que conforman esta región.

Para el año 2000, la Amazonía venezolana había perdido 8.900 kilómetros cuadrados de sus bosques originales, y en los siguientes 13 años perdió otros 4.150 km2 producto de la deforestación.

Organizaciones ambientalistas estiman que Venezuela es el segundo país de la Amazonía con más incendios este año.

Los activistas denuncian que al menos cinco áreas protegidas en Venezuela ya están siendo desforestadas por las actividades mineras ilegales, que también han afectado a cerca de 200 comunidades indígenas.

El Parlamento venezolano y numerosas organizaciones ecologistas han denunciado, además, un supuesto incremento de la deforestación desde 2015, cuando el Gobierno impulsó la creación del llamado Arco Minero del Orinoco (AMO) que este año registró inversiones por el orden de 8.500 millones de dólares.

El AMO abarca 111.843,70 km2 para la búsqueda de oro, diamantes, níquel y coltán.

La situación en la Amazonía ha generado una conmoción internacional, ante la que cual este viernes el presidente de Bolivia, Evo Morales, pidió una reunión urgente de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), mientras Bolsonaro autorizó el envío de las Fuerzas Armadas para combatir los incendios.

Mientras los dirigentes regionales tratan de encontrar soluciones de urgencia y medio mundo protesta por el daño medioambiental, la Amazonía, pulmón del planeta, sigue en llamas. EFE