10 de diciembre de 2019
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Aguas de Manizales - Cierre 2019

Se internacionaliza la Provincia de Márquez

13 de agosto de 2019
Por Jaime Jurado
Por Jaime Jurado
13 de agosto de 2019
Cada año, a fines de junio, por San Pedro y San Pablo, la fiesta popular más conocida es el Festival y Reinado Nacional del Bambuco que se realiza en Neiva. Para tal evento se hizo famosa la publicidad que llamaba a “pegarse la rodadita” a esa ciudad. A la vez, por la misma fecha hay otros festivales en diferentes lugares del país. Uno de ellos viene adquiriendo cada vez más fama e importancia. Se trata del Festival Internacional del Maíz, del Sorbo y de la Arepa que tiene lugar en Ramiriquí.

Mi rodadita, en la grata compañía de Dora Lucy, no fue a la ardiente capital del Huila, sino a un bello pueblo de clima moderadamente fresco, centro de la Provincia de Márquez, occidente de Boyacá, a unas dos horas de Bogotá. La gran sorpresa surge al darnos cuenta de que si bien el evento es de un gran sabor local, también tiene un fuerte componente internacional pues cuenta con la presencia de grupos musicales y de danza de Cuba, Ecuador, Bolivia y Brasil, acogidos con gran entusiasmo por el público.

Volviendo a la esencia de la celebración, es de resaltar la gran participación popular con personas de todas las edades y condiciones sociales. Es también un festival del retorno porque son muchos los ramiriqueños residentes en todos los rincones de la geografía nacional y hasta del exterior que vuelven a su patria chica por estos días para un reencuentro musical, gastronómico y humano con sus raíces. La localidad hierve con los tenderetes en que se exhiben y venden artesanías y las exquisiteces de la comida criolla, especialmente productos hechos de maíz, el más sagrado y ancestral de los cultivos americanos.

A diferencia de la mayoría de los grandes centros urbanos de Colombia en los que abundan los nombres en inglés para almacenes y mercaderías, la casi totalidad de los negocios lleva nombres muiscas o en español. Como nota curiosa, y por excepción, el único que lleva una denominación en el idioma de Shakespeare más bien refleja cierta ironía.

Se trata de una peluquería ubicada en el marco de la plaza central, pomposamente titulada “Barber king”.

La apoteosis llega con el desfile por las calles que concluye en el parque principal. Prácticamente todo el pueblo se congrega para ver pasar, unas veces en carrozas, otras a pie, a los sectores más representativos de la sociedad local urbana y rural. Los niños de las escuelas, los jóvenes de los colegios, las personas con discapacidad, las bandas musicales, los campesinos portando orgullosamente los frutos que da generosamente la Madre Tierra, los ancianos, los grupos deportivos… No podía faltar la evocación del pasado indígena en marchantes con atuendos y acordes chibchas, seguidos por luchadores de la independencia y apergaminados personajes que representaban a los españoles.

La nota política de actualidad la pusieron los concejales opositores. Ya que una parte del edilato iba en primera fila junto al alcalde municipal como muestra del respaldo a la administración, la disidencia se hizo sentir al final, marchando bajo una pancarta que decía ”la oposición también construye”.

Aun cuando no desfiló formalmente, se sentía la presencia de otra gran obra cultural: la carreta, exhibición de literatura itinerante como el famoso biblioburro, creada por el educador Abdías Vargas y su familia, que va de aldea en aldea y por todos los caminos llevando un mensaje de amor y paz en forma de cuentos para niños.

Con esta lección de historia, identidad, cultura y participación, generosamente irrigada con masato y con una deliciosa chicha ofrecida por la Alcaldía a los sedientos de todos los colores y procedencias, concluyó este otra rodadita por una de las festividades más auténticas de la Colombia profunda, tan prolífica en ferias y fiestas populares.