28 de septiembre de 2020
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La ciudad de cemento

Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
27 de agosto de 2019
Por Julián Andrés García Cortés
Por Julián Andrés García Cortés
Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
27 de agosto de 2019

Las ideas pertenecen al campo de la metafísica, de lo intangible, y en la gran mayoría de casos se necesita de un proceso y de actividades a largo y mediano plazo para que se vean resultados y logros.

La política electoral es una actividad de ideas y deberían ser las mejores las que ganen. Pero nuestra cultura electoral y los políticos tradicionales, han hecho que la política se convierta en algo tangible. Ya sea porque quieren ver obras, en su mayoría de infraestructura, sin importar si esas obras son necesarias o no, o si están planificadas o no, o si generan mejor calidad de vida o no. En la mayoría de los casos lo que importa es el cemento, que se vea la construcción, la mugre, el polvo, el trancón, «porque este político si está haciendo cosas y si se ven invertidos los impuestos y el dinero del pueblo.»

Lo que muchos no saben es que una de las formas más fáciles y rápidas de llegar a la corrupción es a través de obras de infraestructura. Pero el dicho popular y la consigna de este pueblo al que han robado tantas veces es, «que roben pero que hagan obras», toda una legitimación y aceptación de la corrupción.

La otra forma de tangibilidad de la política electoral es el día de elecciones, muchas personas quieren salir a votar por un beneficio personal, por algo real que valga la pena para salir un domingo de la comodidad de su cama o de su casa para ir  a un puesto de votación y poner la equis en la cara de alguien o en algún número. Entonces, aquí se reciben tejas, bultos de cemento, dinero, entre muchas otras cosas tangibles que las personas sienten suyas.

Uno de mis profesores de pregrado, haciendo un análisis sobre la compra y venta de votos en las elecciones de Colombia decía: “el día de elecciones es la única vez en el año que el pobre tiene algo de valor dentro de su billetera, la cédula”, pero ese valor no es desde lo cívico o ciudadano, no es desde el deber ser de los derechos y deberes que otorga y exige la constitución, ese valor es desde lo físico, desde lo económico o algo parecido que pueda suplir una necesidad inmediata.

Cambiar esas concepciones de la política no es tarea ni fácil ni rápida; introducir una visión distinta de lo electoral y eliminar la inmediatez de los votantes nos llevará varias generaciones. Y no es que las obras de infraestructura sean malas, ni mucho menos, son importantes y necesarias para el desarrollo de un territorio, pero deben ser planeadas y acordes para suplir las necesidades de la población.

Pero el mensaje que se quiere plantear en este escrito, está basado en ideas, donde las personas salgan a votar informadas y por quien mejor exprese, entienda y explique esas ideas. En una ciudad como Manizales donde existe un importante ecosistema para el desarrollo del conocimiento, la idea de la educación debería convertirse en el motor, no solo para las acciones de la política electoral, sino como el sentido y la vocación económica territorial que necesitamos para transformar la ciudad. Para esto necesitamos voluntad política y nosotros la tenemos toda.