22 de agosto de 2019
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«Bicientenario», un recorrido en bicicleta de la ruta libertadora

4 de agosto de 2019
4 de agosto de 2019

Fotografía cedida del libro «Bicientenario, La Libertad Pendiente» del recorrido en bicicleta por Nunchía (Colombia). Territorios olvidados, aislamiento, abandono estatal y la idea de que el Estado solo ha llegado en forma de monumentos fue lo que encontraron dos aventureros que recorrieron la ruta de la campaña liberadora que hace 200 años permitió el nacimiento de Colombia como nación independiente. EFE/ Nelson Cárdenas.Ovidio Castro Medina

Bogotá, 4 ago (EFE).- Territorios olvidados, aislamiento, abandono estatal y la idea de que el Estado solo ha llegado en forma de monumentos fue lo que encontraron dos aventureros que recorrieron la ruta de la campaña liberadora que hace 200 años permitió el nacimiento de Colombia como nación independiente.

Las vivencias recogidas a lo largo de más de 800 kilómetros de viaje en bicicleta han sido presentadas por la antropóloga María Johana Cadavid y el fotógrafo Nelson Cárdenas en el libro «Bicientenario: la libertad pendiente».

«En muchos de los territorios en donde estuvimos el Estado solo ha llegado en forma de monumento, de placa conmemorativa, pero no hay un proceso serio de apropiación de la historia o de transformación cultural a la luz de un imaginario nacional», dijo Cadavid en una entrevista con Efe.

Y es que ella y Cárdenas se dieron a la tarea de recorrer la misma ruta que 200 años atrás hicieron las tropas de Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y José Antonio Anzoátegui durante la campaña Libertadora de la Nueva Granada de 1819.

Las experiencias de ese recorrido hecho no a lomo de mula como lo hicieron los ejércitos de entonces sino en bicicleta fue plasmado en un libro de viajes del que dicen sus autores es un «relato a dos voces».

«Bolívar estaría congelado en el Páramo de Pisba (centro) si no hubiese sido por la gente, que hoy como en esa época, lo hubiese ayudado», rememoró Cadavid, que detalló que los dos aventureros recorrieron 800 kilómetros en 20 días.

Esto lo hicieron en un país donde hay una gran tradición y pasión ciclística, donde en ciudades como Bogotá y Medellín cientos de personas suben las montañas que las rodean en bicicleta.

La travesía de los aventureros comenzó el 7 de abril en Arauca, capital del departamento del mismo nombre, en la frontera con Venezuela, y terminó el 25 de abril en el Puente de Boyacá, en donde este 7 de agosto se conmemorará la Bicentenario de la Independencia.

«Comenzamos en Arauca porque si bien la ruta liberadora comenzó en la población venezolana de Mantecal, no pudimos salir de allá porque la frontera está cerrada por orden del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro», explicó la antropóloga.

La frontera con Venezuela está cerrada desde el pasado 23 de febrero cuando Maduro rompió relaciones con Colombia y bloqueó los pasos fronterizos tras el frustrado intento del presidente interino de ese país, Juan Guaidó, de llevar ayuda humanitaria, iniciativa que acabó en un brote de violencia.

A medida que los aventureros se iban acercando a la cordillera, la marcha sobre la bicicleta se hacía más pesada, demandaba mayores esfuerzos, y de recorrer diariamente unos 120 kilómetros hubo varias jornadas en que solo avanzaron 6.

«Al igual que nosotros, Bolívar y sus ejércitos se encontraron con condiciones climáticas y de topografía que no han cambiado en la actualidad, pues en algunas zonas hay trochas que solo se pueden pasar en mula», acotó.

Explicó que escogieron la bicicleta para hacer el recorrido porque es lo más cercano a una bestia de carga y que además querían «vivir en carne propia» lo que fue ese «tortuoso viaje» de Bolívar, Santander y de un puñado de nativos neogranadinos y tropas extranjeras que soñaron con liberar esta parte del continente del dominio español.

Pese a que en algunos trayectos la bicicleta se convertía en algo incómodo, esta les sirvió para acercarse y saborear esos aspectos que desde un automotor no se logran percibir: subidas, bajadas, empedrados, trochas y «sabiduría campesina», lo mejor de todo según Cadavid.

Entre las muchas cosas que encontraron los viajeros está el hecho de que «antes como ahora la gente tiene diferentes versiones frente a la historia de la gesta independentista» que se ha generado desde el centralismo de Bogotá.

Los lugareños de la ruta tienen problemas similares a los que tenían hace 200 años quienes vivieron en estas partes del país y que tratan de solucionar de la mejor manera posible.

«En el viaje nos encontramos con muchos conflicto territoriales, sociales y socioambientales entre diferentes actores (…) que no han sido resueltos y que no permiten que se consoliden esa idea de nación», advirtió Cadavid desde su mirada antropológica.

Recalcó que pese a todo en la región hay procesos en los que grupos de mujeres indígenas y campesinas se juntan para desarrollar labores para empoderarse y ayudar a construir región.

«Me parece muy interesante como se teje en pasado, el presente y obviamente el futuro», añadió y recalcó que «hay un choque de narrativas entre la historia que se quiere contar desde el centro y las historias que construyen en las regiones».

«El libro está escrito a dos voces, planteado como una conversación entre dos puntos de vista que, si bien vivieron la misma experiencia, lo hicieron de manera muy distinta», apostilló.

Además de los textos, explicó Cadavid, cerca de la mitad del libro son fotografías tomadas por Cárdenas durante el viaje y eso hace que la publicación proponga un diálogo entre lo visual y lo escrito que se complementan y dan una mayor amplitud para que el lector saque sus propias conclusiones de lo que han sido este Bicentenario de la Independencia. EFE