22 de agosto de 2019
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Antonio Ruz oxigena tradicional joropo colombiano con su danza contemporánea

11 de agosto de 2019
11 de agosto de 2019
Imagen bajada de la página de Antonio Ruz de Internet

Claudia Polanco Yermanos 

Yopal (Colombia), 12 ago (EFE).- El joropo, música, canto y danza de la región de los Llanos de Colombia y Venezuela enamoró al coreógrafo y bailarín español Antonio Ruz, que viajó por primera vez a lo más profundo del territorio colombiano para romper esa tradición y aportarle un toque contemporáneo.

Ruz, premio nacional de Danza de España en 2018, llegó a Yopal, capital del departamento de Casanare, en el este del país y reconocida por ser una tierra ganadera, invitado por el Ministerio de Cultura de Colombia para hacer una residencia de investigación y creación durante dos semanas.

Allí, en medio de arpas, bandolas, cuatros y maracas empezó a explorar el folclor llanero para generar un diálogo con la danza contemporánea gracias al encuentro con 20 lugareños, tres de ellos mujeres, que quisieron participar en la muestra artística.

En ese tiempo Ruz dejó de lado el temor de estar en un país desconocido e hizo que sus alumnos aceptaran explorar desde sus cuerpos el joropo, un baile popular apegado históricamente a lo autóctono.

No fue fácil. Se necesitaron horas de ensayos para que el grupo, conformado por destacados portadores de la tradición llanera, bailarines, cantantes y músicos ganadores de importantes certámenes en la región, entendieran que había llegado la oportunidad de profundizar en sus raíces y descubrir su potencial creativo.

«Esta propuesta se trató de que salieran de su zona de confort y vivieran algo totalmente nuevo. Al principio hubo algo de resistencia, pero luego se dejaron llevar», dijo a Efe el coreógrafo en el Polideportivo 20 de Julio en donde presentó sábado pasado el resultado de su estudio.

Con «Paso», como se denomina el proyecto itinerante de Ruz con el que busca vincularse con las culturas y darle valor a la gente, fiestas, ritos, mitos, cantos e instrumentos de los lugares que visita, quiso unir dos mundos: El de sus raíces flamencas y el joropo.

La intención de Ruz fue la de romper esquemas y para ello el proceso de creación de la coreografía comenzaba cada día a las 7 de la noche, se extendía hasta las 11 e incluía ejercicios como cerrar los ojos y abrazarse, incluso entre hombres, que si bien hacen parte del ADN de la danza a la que está acostumbrado el español resultaba impensable para los recios llaneros.

Finalmente, la cita para mostrar el resultado llegó ayer. Los 29 grados centígrados que reportó la capital casanareña en la tarde hicieron que el sudor enjuagara las camisas de los bailarines antes de que sonaran los primeros acordes del arpa.

Ya en el escenario, nerviosos pero con el orgullo propio de la gente de los Llanos Orientales colombianos, interpretaron lo mejor del joropo que Ruz definió como «una mezcla de energía, vitalidad, sutileza, ritmo y campo».

Con sombreros negros y color crema y luciendo cotizas (sandalias) en hilo y algunos en cuero, los artistas hicieron su mejor zapateado y fusionaron, para sorpresa de los asistentes, lo «criollo y lo citadino».

«Esta residencia pone a dialogar en los territorios maneras distintas de acercarse a la corporalidad, en este caso desde el joropo, que se desestructuró al unirse con la danza contemporánea para encontrarse con la singularidad y la identidad de cada individuo», comentó la directora de Artes del Ministerio de Cultura, Amalia de Pombo.

Precisamente, uno de esos individuos fue Argemiro Parabán, de 67 años y quien con su expresión seria, traje negro y andar descalzo, encarna fielmente la estampa del llanero.

Para él, que manifestó ser «ganadero y agricultor», bailar es una manera de «adquirir conocimiento, intercambiar opiniones y salir de la rutina diaria del trabajo».

Parabán no dudó en recorrer diariamente en motocicleta hora y media desde su casa en la aldea La Esmeralda, del municipio de Agua Azul, hasta Yopal, para encontrarse con Ruz y sus compañeros de danza.

El esfuerzo lo valoró el coreógrafo que aseguró irse de Colombia «cargado de nuevas referencias» que en algún momento incorporará a su puesta en escena porque ahora en sus pasos de baile hay una chispa de joropo.

Además, agregó emocionado que en su corazón «quedará la huella de los pobladores de Casanare» y de momentos como cuando Parabán recitó este sábado: «Hoy le doy gracias a Dios por tenerme por acá compartiendo con ustedes, bailarines de verdad, que juegan con la danza criolla y también con la modernidad, hacen sonar el talón triqui, triqui, triqui, trá». EFE