24 de agosto de 2019
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Política – Negocio

21 de julio de 2019
Por Eduardo Aristizábal P.
Por Eduardo Aristizábal P.
21 de julio de 2019

Desde tiempos inmemoriales se ha vendido la idea que los partidos políticos están integrados por personas que comparten una ideología y que de acuerdo con su pensamiento, son calificados como de izquierda, centro o derecha. Y hasta apellido le han inventado: moderado, extrema, etc. Aunque verdaderamente son muy pocos los que entienden que es la ideología política y que significa pertenecer a derecha, izquierda o centro.

La palabra ideología proviene del griego y está conformada por dos partículas de dicha lengua: idea, que es apariencia o forma y el sufijo logia que corresponde a estudio.

La ideología es entonces el conjunto de ideas fundamentales que definen el pensamiento de una persona o de  un grupo de personas.

La política es una actividad orientada de acuerdo con las formas ideológicas a la toma de decisiones de un grupo, para lograr algunos objetivos con el fin de ejercer un poder.

¿ Cree usted amable lector que esa cauda de acólitos que acompañan diariamente  a los candidatos a diferentes cargos públicos conocen y tienen clara cual la ideología política de sus jefes?

Si existen, son la excepción; aquellos personajes de algún partido político o miembro de cualquier movimiento creado con fines electoreros que tenga ideas firmes, inquebrantable.

En cambio son muy comunes aquellos personajes
que han utilizado a los partidos políticos para hacerse a un cargo por elección o por designación, con el propósito de ejercer un poder y, principalmente, de hacerse a un patrimonio,  hacerse rico, cuando no millonario, con el  argumento de que lo que le importa es ayudar a sus conciudadanos, a beneficiar a los pobres, estos pobres que solo son utilizados para que sus líderes practicantes de la política, se conviertan en millonarios.

Simultáneamente se mueven aquellas personas que en  forma descarada, después de saborear las mieles de los cargos públicos  reniegan de su partido,  por el solo hecho de que en nueva  repartición de cargos no les toca nada, sin aceptar que esa actitud los coloca como unos auténticos traidores, que muerden la mano que quienes le dieron de comer, demostrando  que nunca practicaron una ideología política partidista, que solo vieron su participación política como un gran negocio.

Las jornadas electorales,  revelan claramente   que la política,  es un negocio. Las campañas, que cada vez más son ejercicios de mercadeo, se sostienen con dinero. Se gastan  dinero público y  privado, capitales declarados y capitales ocultos. Las campañas,  en mayor o menor medida, son como spots comerciales que promueven una mercancía, exageran sus bondades o simplemente se las inventan reforzadas con  los viejos discursos  ofreciendo   las maravillas que se harán si el pueblo los acompaña con su voto.

Las encuestas, otro negocio cosido a  la política; llegaron, se pusieron de moda y se consolidaron, amparadas en discutibles  principios científicos cuya apariencia  radica solamente en el manejo de números, el pomposamente llamado ejercicio demoscópico que puede crear a su vez apariencias con efectos muy reales.

No podemos terminar sin mencionar el aberrante manejo que se da a los avales y las vergonzosas alianzas entre políticos con ideas totalmente contrarias, pero que necesitan reforzar sus campañas  para apoderarse de los cargos y posteriormente hacer la repartición del ponqué entre quienes lo apoyaron.