24 de agosto de 2019
Aguas de Manizales. Banner mes de agosto.

Nuestra campaña libertadora (6)

14 de julio de 2019
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
14 de julio de 2019

Luego del breve descanso en Socha, el 10 de julio los libertadores sostuvieron, en cercanías de Gámeza algunas escaramuzas con realistas del batallón “Numancia” al mando de Barreiro, durante las cuales murieron cinco republicanos y cinco españoles. Luego, el contingente español sorprendió en la entrada del pueblo a un grupo de la compañía “Cazadores” y por la evidente inferioridad numérica, 26 patriotas fueron hechos prisioneros e inmediatamente empezaron a ser ejecutados a lanzazos. Juana Escobar, una modesta vecina del lugar, al presenciar el sangriento espectáculo, reclamó a los realistas por la injustificada matanza de prisioneros ya sometidos, por lo cual fue ejecutada en el acto, acusada de espionaje. Además, en el cercano sitio de La Ramada, Barreiro tenía 34 prisioneros más, atados de a dos, espalda contra espalda, listos para ser ejecutados por pareja y de un solo lanzazo, pero la oportuna llegada de las tropas del general Santander y de Antonio Arredondo, los libró de la muerte.

El 11 de julio los dos ejércitos se enfrentaron nuevamente en el puente de Gámeza y ante la arremetida de los realistas, muy superiores numéricamente, que causaron muchas bajas patriotas, Bolívar dispuso un repliegue táctico. En este duro combate, el coronel Juan José Reyes se enfrentó cuerpo a cuerpo con un oficial español y de un vigoroso mandoble lo mandó a la corriente del rio, por lo cual fue considerado como un héroe granadino. Citado a su presencia, Bolívar le preguntó su nombre y el patriota contestó: “Me llamo Juan José Reyes, mi general”, a lo que el Libertador le respondió: “No amigo, usted no puede llevar ese apellido, pues significa esclavitud; usted debe llamarse Patria”.  Desde ese día en adelante, el tipo se convirtió en el coronel Juan José Patria.

Por considerar que en esa comarca estaba en desventaja, el Libertador decidió continuar la marcha a través de Betéitiva y seguir al Valle de Cerinza donde encontró abundancia de víveres frescos y la entusiasta acogida de sus pobladores que contribuyeron con nuevos recursos. Durante su permanencia en la región, el Libertador pasó por Santa Rosa de Viterbo a visitar a la posadera Casilda Zafra, quien en anterior ocasión había prometido regalarle un hermoso caballo blanco. En efecto la buena señora cumplió la promesa y le entregó el animal al que Bolívar llamó “Palomo”, que lo acompañó en muchas de sus marchas y batallas, hasta que, años más tarde, a regañadientes, se vio obligado a donárselo al Mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz, con quien compartió fatigas en la campaña de Perú y Bolivia y quien lo tenía virtualmente “seco” a fuerza de rogarle que le dejara como recuerdo a su querido “Palomo”.

Las fuerzas libertadoras permanecieron en Cerinza del 17 al 20 de julio y hasta allí acudió Javier Villate, alcalde de Tibasosa, con el sargento Salvador Salcedo Vega, de Cerinza, a entregar 150 caballos, que se sumaron a los donados por las gentes de Socha, Soatá, Chita, Sátiva, Tasco, Santa Rosa de Viterbo, Socotá, Duitama y Sotaquirá, que fueron definitivos en el reavivamiento de la modesta caballería independentista y especialmente en el éxito de los lanceros en las gestas del Pantano de Saquencipa, (Su nombre original, después conocido como Pantano de Vargas, apellido de un terrateniente español, ocupante de esos predios) y el puente de Boyacá, que sellarían la victoria patriota y la independencia definitiva de la Nueva Granada del yugo realista.

El domingo 25 de julio, desde la madrugada hasta las diez de la mañana, los patriotas enfrentaron el difícil cruce el rio Sogamoso para llegar a Vargas, pero Barreiro se adelantó y ocupó mejores y más ventajosas posiciones. Bolívar, con 300 jinetes ocupó un pequeño cerro, desde donde ordenó a los batallones Rifles y Barcelona situarse a izquierda y derecha junto con Santander y su vanguardia. La batalla comenzó a las doce del día cuando Anzoátegui, apoyado por los Bravos de Páez atacó el cerro del Cangrejo donde encontró dura resistencia de los realistas, quienes a su vez fueron reforzados por el Batallón Numancia y un escuadrón de los Dragones de Granada.

Santander trepó por el costado más empinado del Cerro de la Guerra sorprendiendo a un batallón realista que opuso tenaz resistencia, contraatacó y por superioridad numérica hizo retroceder a los patriotas y los desplazó de la posición. Cerca de la una de la tarde, parte de la vanguardia de Santander apoyó a los desplazados y reconquistó el terreno perdido. Barreiro envió refuerzos de inmediato para retomar el cerro a sangre y fuego, lo que fue replicado por Anzoátegui y Santander con una carga a la bayoneta que causó muchas bajas españolas. Al ver esta reacción, el comandante español reforzó las tropas de Juan Tolrá y Nicolás López con los Húsares de Fernando VII, lo que produjo numerosas bajas entre los patriotas e inclinó la balanza del lado de los realistas.

Bolívar juzgó que el contraataque de la caballería española y el retroceso de su infantería sentenciaba la batalla a favor del enemigo, pues en ese momento  solamente contaba con una caballería improvisada, muy inferior a la española en entrenamiento, capacidad y calidad de su armamento y equipos y su reserva se limitaba a los 300 guerreros de la Legión Británica que lo acompañaban por lo que consideró que la batalla estaba irremediablemente perdida y así lo manifestó a sus oficiales. El llanero venezolano Juan José Rondón, enardecido, alegó en voz alta: “Mi general, no hemos perdido la batalla, ni yo ni mis hombres hemos peleado todavía..! A lo que Bolívar respondió con esperanza: ¡Coronel, salve usted la patria..!

Y quién dijo miedo. El audaz llanero, lanza en ristre, arrancó al galope seguido de catorce enajenados con fuego en las tripas y en los ojos y arremetió contra un grupo de la caballería española que en ese momento estaba desmontado, ajustando aperos y reapretando cinchas, lo que provocó el desconcierto y una desordenada desbandada entre los realistas. El sorpresivo ataque devolvió los bríos a los “menesterosos” que se lanzaron a la batalla con decisión y arrojo indescriptibles. Los miembros de la “Legión Británica” pelearon como fieras, acción en la que el coronel James Rook fue herido en el brazo izquierdo, por lo cual hubo que amputárselo en el mismo campo de batalla, tal la gravedad de los destrozos. El fogonazo de agresividad de los lanceros de Rendón y la consiguiente reacción de las tropas neogranadinas sorprendió a Barreiro y a sus hombres y revirtió el desenlace de la batalla.

Llegada la noche, cayó un fuerte aguacero y el jefe realista ordenó la retirada. Los resultados del encuentro fueron muy claros a favor de la causa pero las cifras de bajas de una y otra parte resultan hoy disímiles e inciertas. Algunos calculan que 104 patriotas y 300 realistas murieron en el combate. El botín de guerra permitió recuperar armas, caballos, aperos y uniformes que sirvieron para dotar a las desprovistas tropas neogranadinas. Entre las bajas más sentidas estuvieron la del coronel James Rook, comandante de la “Legión Británica” y la del Sargento Inocencio Chincá de Tame, Arauca, uno de los catorce lanceros de Rondón. Cuando el cirujano le desprendió el brazo, Rook lo alzó y gritó en castellano, con un inconfundible acento inglés:  “¡Viva la Patria!”. El médico le preguntó en inglés: “Which Country? Ireland or England?” (¿Cuál Patria?, ¿Irlanda o Inglaterra?). Rook meneó negativamente la cabeza y contestó: “The Country which will bury me…” (La patria que me ha de dar sepultura…).

Rook murió 3 días después en Belencito. En Colombia se le recuerda con gratitud y afecto por su contribución a nuestra independencia. Su viuda, Anne Rook recibió una indemnización en dinero, la pensión vitalicia y los honores debidos a la viuda de un militar.

En la carga de Rondón, uno de sus lanceros, el Sargento Inocencio Chincá enfrentó y dio muerte al capitán Ramón Bedoya, aunque también recibió una herida que tres dias después causó su propia muerte. Los catorce lanceros al mando del Teniente Coronel Juan José Rendón, de Guárico, Venezuela, (Algunos historiadores afirman que era oriundo de Soatá, Boyacá), fueron siete venezolanos y siete neogranadinos, asi: Capitanes Julián José Mellao, (Venezolano), Valentín García, (Labranza Grande, Boy.), Miguel Lara, (Támara, Casanare), Domingo Mirabal y Celedonio Sánchez, (Venezolanos), Tenientes José de la Cruz Paredes y Pablo Matute, (Venezolanos), Roso Sánchez, (Morcote, Paya,Boy.), Pedro Lancheros, (Pauna, Boy.) y Bonifacio Gutiérrez Zambrano, (Tame, Arauca); Subtenientes Saturnino Gutiérrez Zambrano, (Tame, Arauca, hermano del anterior), Miguel Segovia, (Venezolano), Sargento Pablo Segovia, (Venezolano, hermano del anterior) y Sargento Inocencio Chincá, (Tame, Arauca, muerto el 28 de julio a consecuencia de heridas recibidas en la batalla). Se cuenta que durante su agonía en Tibasosa, el Sargento Chincá repetía una y otra vez: “¡Bedoya me pringó, pero también se fue..!”