28 de septiembre de 2020
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Ni de derecha ni de izquierda, ellos son negociantes

Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
2 de julio de 2019
Por Julián Andrés García Cortés
Por Julián Andrés García Cortés
Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
2 de julio de 2019

Con toda la tristeza que esto nos genera a muchos, pero la política electoral se convirtió en un negocio. Y no es un problema exclusivo de Colombia, este mal aqueja a muchos países donde quien manda y toma las decisiones es quien más recursos económicos brinda u ofrece. No es nada raro que por estas épocas se encuentren candidatos o presidentes de la República que hayan sido banqueros, que hayan trabajado con alguna Bolsa de Valor o que su oficio haya sido el de negociantes en diversas áreas; y no es que ellos no puedan participar, lo que pasa es que sus intereses más que comunes y sociales, son particulares y con un fin esencial, favorecer a una minoría, sobre todo a la que ellos pertenecen.

Lo anterior en lo referido a gran escala, en el ámbito mundial, pero en lo local la ecuación se repite y aunque es más complejo de evidenciar, por lo sutil y por la metamorfosis que vive el poder, también se pueden ver algunos ejemplos. Ahora, en pleno movimiento preelectoral, hay una cantidad de personas que se están cambiando de partido o movimiento político y esto es una acción legítima, cuando usted no está a gusto en un lugar simplemente se cambia. El problema con estos saltos de una partido a otro, no son por ideologías o por principios, son por negocios. Se dan porque “en tal partido me dan más que en este”, o “fulanito no me cumplió y no me dio los puestos que me prometió, entonces me cambio”, o porque “en ese partido es más fácil llegar electoralmente y necesito menos votos”, y aunque ideológicamente no está de acuerdo con diferentes postulados eso pasa a un segundo plano.

Hoy la política electoral no está decidida por los debates de ideas y por las diferentes visiones que se tienen en la sociedad. Hoy las discusiones se basan en cuántas secretarías y cuántos puestos me tocan si pongo una cantidad de votos, o pensar en cuál es la tajada burocrática, pero no para realizar proyectos y llevar procesos sobre mis ideas, sino para que esas personas que ocupan esos puestos cada mes paguen el “diezmo” y así poder mantener mi estructura política aceitada para la próximas elecciones.

Como decía Groucho Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. Y acá la política tiene muchos matices, es cambiante y “dinámica”, de esto se pegan una cantidad de políticos para justificar sus piruetas y lograr estar en todos los gobiernos de turno sin que eso se vea mal, o al menos sin que eso justifique no votar por ellos en las próximas elecciones.

Históricamente lo único que le piden los electores a sus políticos es coherencia, basada en lo que dicen, hacen y piensan, pero hasta acá también nos llega la doble moral y la flexibilidad de los principios; porque si al político que hay que apoyar le gusta al electorado, pero normalmente ha estado por fuera de lo que ese mismo electorado he exigido como coherencia, no importa que por una única vez se haga una excepción así se quebrante la coherencia.

Como ya lo he dicho en diferentes escritos y haciendo alusión a lo que dice la historiadora Diana Uribe, no hay pueblos condenados, en nuestro caso electoralmente, cada dos años tenemos la posibilidad de enmendar o empeorar las situaciones que nosotros mismos produjimos. Es por esto que el próximo 27 de octubre tendremos la oportunidad de volver a votar y es nuestra decisión si votamos por los negociantes de siempre o le damos la oportunidad a otras personas.

@julianelpolit

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