21 de octubre de 2019
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El éxito y el político

25 de julio de 2019
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
25 de julio de 2019

El sendero hacia el éxito no es igual para todos. Algunas ocasiones es ambivalente y esquivo, lleno de riscos insuperables o abismos insondables. En otras oportunidades el viaje resulta llano, rodeado de verdes laderas que nos permiten recordar la vendimia de la creación. La experiencia de cada persona es única. Algunos, ante las dificultades, se baten en el periplo trágico que les ha impuesto el destino. No les son extrañas las mañanas de penurias, los ayunos forzados, los días de hiel o las pesadillas nocturnas. Relatan con tanta vehemencia la amargura de su vida, que la determinan con pobreza. Sus palabras se hacen carne. Otros, por el contrario, se levantan ante las adversidades, se fortalecen en una oración matinal, enlistan los retos de cada amanecer y, con denuedo, los asumen como batallas que deben ganarse para triunfar en la guerra. Su espíritu es imbatible, cubierto de coraza de acero y siempre encuentran una oportunidad para encauzar de nuevo su rumbo. Saben que el camino que los conduce al triunfo se encuentra saturado de cortantes filos, pero entienden la importancia de insistir, persistir, resistir, pero jamás desistir. Al final, quienes nos recuerdan que del barro también se hacen estatuas, podrán llamarse exitosos.

La política representa los mismos retos. El futuro gobernante emprende una aventura desde el momento mismo que considera su postulación. Las cábalas electorales lo acompañan durante meses, buscando adhesiones y considerando coaliciones. Con su equipo estructura un elaborado plan para conquistar el corazón de un electorado que, con la masificación de los medios de comunicación, cada vez se encuentra más formado y con mayores elementos de juicio antes de acudir al sufragio. Quien se postula acude a foros, debate sus ideas, populariza su imagen, analiza encuestas, se hace pródigo en abrazos, canta y baila si la situación lo requiere, y algunos, en ocasiones, veden su alma por un par de votos.

El político que se ha hecho a pulso, que no heredó castas, que no fue concebido en mimos de padrinos, hace de la lucha su cotidianidad y del éxito su mantra. Construye un derrotero que lo acerca al poder. No son suyas las lamentaciones, ni los llantos, ni los quejidos por un infortunio temporal, por el contrario, incendia la tribuna con mordaces referencias hacia sus contradictores y, sin temor, se arriesga al escrutinio para hacer de su personalidad un culto. Sabe que para que lo recuerden debe ser megalómano y por ello construye un altar hacia sí mismo. En la intimidad maneja silencios y conjeturas que le permitan vaticinar la forma como alcanzará sus logros. Públicamente se muestra bueno, afable, cercano, íntimo con el desconocido. Ambas identidades confluyen en él simultáneamente y pregonan como Maquiavelo “Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres”. 

Si la fortuna le sonríe y los comicios le son favorables, el político inicia su peregrinaje hacia la jefatura y reconoce entonces que, irónicamente se puede ser excelente candidato y pésimo gobernante. Para no caer en esta fosa debe esforzarse de nuevo y recordar los bríos que lo condujeron a esta posición, el fuego motivador que lo impulsó, las llamas que encendieron sus ideas y que quemaban a la distancia. No debe palidecer ante el éxito peregrino pues debe recordar que el descenso empieza cuando perdemos el impulso de escalar.

Esta es nuestra realidad. Colombia cuenta con magníficos dirigentes que han forjado de sus ejecutorias, ejemplo de esfuerzo, trabajo y tesón. No se amainaron con la votación, por el contrario, entendieron que este era solo el inicio para sembrar su nombre en la posteridad. Al buscar ser exitosos no solo en las sufragios sino en el gobierno, reunieron una rara cualidad que pocas veces se observa en nuestra cotidianidad. Ciudades como Medellín con Federico Gutiérrez, Pereira con Juan Pablo Gallo y Manizales con Octavio Cardona muestran con hechos que el éxito se obtiene gracias a un trabajo constante que no desfallece. Nuestra región ahora se privilegia de poseer en la administración municipal dirigentes que ante los percances encuentran una oportunidad para probarse y que han         urdido en sus ejecutorias un espejo de su talante. Han creado un hito que marca una pauta para los candidatos a las próximas elecciones, quienes no pueden ser inferiores a este reto.

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