16 de noviembre de 2019
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Disuadir el impulso creativo

11 de julio de 2019
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
11 de julio de 2019

El Califato de Córdoba fue, en pleno vigor de la edad media, una luz en la historia. En el año 929 este reino ibérico dominaba gran parte de la península y su influjo era percibido por toda Europa. Mientras el continente se batía en el oscurantismo y en modelos feudales que hacían miserable cualquier existencia, Toledo, su ciudad principal, contaba con un comercio dinámico de sedas y especies que le permitían construir acueductos, alcantarillados, bibliotecas, baños, escuelas y alumbrado público. Su desaparición, ocasionada por las amenazas de sus vecinos y una cruenta guerra por el control de este portento, supuso el fin de una era de esplendor.

Fueron necesarios novecientos años para observar de nuevo urbes con estos niveles de desarrollo en los cuales confluyera la creatividad y la ciencia para mejorar la calidad de vida. Sin embargo, el proceso evolutivo es constante y nunca alcanzará su clímax. Durante los últimos cien años el hombre dejó de cabalgar largas y extenuantes jornadas para cruzar el océano en un vuelo de algunas horas. Las peligrosas lámparas de queroseno se han extinguido por completo, para ser sustituidas por novedosas redes eléctricas que son alimentadas por paneles solares y diminutas baterías. Las cartas, que fueron las mensajeras de la suerte, el amor o la belleza, desaparecieron por completo para dar paso a mensajes electrónicos que han borrado el tiempo y la distancia. Las comunicaciones que fueron anunciadas como una maravilla de la modernidad hace un siglo, hoy se han disgregado en decenas de programas que propician el envío de nuestra voz de manera instantánea y gratuita a través del orbe que habitamos. Nada de esto podía ser presagiado una centuria atrás y hoy, ello es parte de nuestra cotidianidad. Con sorna se relata la icónica frase de Charles Holland Duell, quien, como comisionado de la oficina de patentes de los Estados Unidos, expresó hace más de cien años: “Todo lo que se puede inventar ha sido inventado”.

No es menester remontar los calendarios para encontrar cambios tan abruptos. La mutación de la época que hemos experimentado es realmente excepcional. Nuestras primeras letras las copiamos en rudimentarias máquinas de escribir en un entorno rural, donde la electricidad o telefonía, si acaso funcionaba, era suministrada con dificultad por empresas municipales que hoy se han extinguido. El internet era desconocido para el común de la población y la televisión se observaba en descoloridas pantallas donde la familia se reunía para soñar fantasías en los dos únicos canales que podían ser sintonizados.

Aunque lo ignorábamos, 30 años atrás presenciábamos el deceso de un estilo de vida para dar nacimiento a los pilares de lo que hoy se ha denominado la cuarta revolución industrial. Ya no se habla solo del internet o el celular en que se puede leer esta columna. Internet de las cosas, inteligencia artificial, automatización de fábricas, sistemas de respuesta robotizados, vehículos conectados entre si para una conducción segura sin la intervención humana, la “bio” y “nano” tecnología que prometen combatir las enfermedades desde su génesis, son ahora la realidad que viviremos en los próximos 5 años y harán parte de la esencia humana de las próximas generaciones.

La existencia, como hoy la conocemos, será transformada por la implementación de las conexiones 5G que crearán un mercado 250.000 millones de dólares, equivalente al 20% de las ventas mundiales de crudo, sin considerar el valor intrínseco que representa el control a las comunicaciones globales. Ello explica la razón por la cual este invento se ha convertido en el foco principal de enfrentamiento entre China y el Gobierno Norteamericano. En este conflicto comercial, que ha empleado los aranceles como su arma ideal, no se disputa por tierra o petróleo. Se lucha por el control de internet y todo lo que a él se conecta, desde una simple llamada hasta la seguridad de los datos almacenados en grandes centros que contienen información bancaria de corporaciones multinacionales. Si la información es poder, el internet es la llave que garantiza su acceso.

Esta confrontación tiene un matiz siniestro. Al igual que en la antigüedad, las amenazas mutuas buscan disuadir el impulso creativo que ha posibilitado esta metamorfosis, deteniendo su evolución y aclarando que el ingenio tiene bandera nacional y fuera de ella no es posible su contemplación.

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