18 de julio de 2019
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Un sabueso de historias

2 de junio de 2019
Por Jaime Lopera
Por Jaime Lopera
2 de junio de 2019

Está visto que la historia no es un camino terso, sobrio y limpio sino lleno de tropiezos y dificultades. Cada vez que un episodio manifiesto alcanza a ser descifrado, a menudo le quedan algunas grietas, unas más grandes que otras, digamos unos vacíos que tienden a desfigurar la intención de los investigadores de ocuparse integralmente del acontecimiento. No obstante, eventualmente existen sucesos tan descifrados que ya no quedan sino unos pocos intersticios que se puedan aceptar en calidad de nuevos o reveladores, como es el caso de los asesinatos de Trotsky, Kennedy y Gaitán: hay sobre ellos una especie de consenso que, salvo una revelación súbita y esclarecedora, la versión general de lo ocurrido ya es aceptada por todos.

Las antiguas ciencias auxiliares de la historia (la geografía, la paleontología, la numismática y otras más) le han sido útiles al estudioso para ir cubriendo esas grietas de conocimiento de tal modo que el panorama de un acontecimiento histórico quede lo más completo posible. Las nuevas ayudas, como el carbono 14 y la computación en todas sus formas, son un complemento cada día más frecuente en la edificación de un personaje, un episodio en particular o el amplio telón de fondo de un periodo determinado. Si aún quedan resquicios, aparece la percepción inteligente y curiosa de investigadores como Alfredo Cardona Tobón que se han venido ocupando de ofrecernos una mirada nueva y diferente de la realidad colombiana con esa capacidad que tiene de hallar virtudes donde solo se han visto los pecados, o viceversa. Su papel específico es un complemento a las andanzas genéricas de la historia.

Por muchos años, con una perseverancia digna de mejores halagos, Alfredo ha mantenido en forma su blog “Historia y Región” que, al presente, ha sido leído por miles y miles de interesados por la manera como allí de narran y se descubren memorias y efemérides concernientes a la región que habitamos. Salvo quizás el ingreso masivo al portal de la Academia Colombiana de Historia o el Boletín Bibliográfico del Banco de la República, este blog es una muestra adicional del enorme interés de la gente por encontrar allí respuestas sobre la vida de sus regiones o de sus países. No existe todavía un inventario de este tipo específico de portales históricos que nos permitan calibrar la importancia y circulación de Historia y Región, pero es indudable que allí se nutren nuestros intereses y se complementan nuestras búsquedas regionales.

Como fruto de semejantes esfuerzos de divulgación permanente, que la edición de obras históricas y académicas no alcanza a copar, ahora conocemos “Crónicas de Opirama” un libro de 280 páginas que Cardona Tobón nos entrega para deleite de los que subrayamos en el papel. Opirama es desde luego un vocablo aborigen que designa un cerro de Quinchía donde habitan los dioses tutelares de esa realidad cultural y los cuales dominan no solo las costumbres regulares sino la tradición y la mitología que los acompaña. Dividido en tres grandes partes (Sotanas, Guapos y Guarnieles), este formato hace evidente la intención del autor en la colección de historias sobre los curas, los diversos y variados personajes que nos habitaron y los objetos de uso de los impulsores de la colonización. Esta variedad de temas es realmente un disfrute por la sencillez con que se abordan las anécdotas y la rapidez como se puede pasar de una historia a otra sin perder de vista la ironía y el humor que las acompaña.

Como el pasado es indirecto, como dice Bloch, toda información sobre cosas vistas añade ingredientes de credibilidad cuando las estadísticas no han llegado a ellos. El conocimiento de los hechos humanos es ya un “conocimiento por huellas”, decía el mismo autor citando a Francois Simiand. Por ello mismo Cardona Tobón es prolijo con esas huellas históricas, pero no es aburrido. Los testimonios orales y escritos que ha tenido, los transforma en breves relatos donde a veces la historia parecería confundirse con la ficción si se ignoran que son reales. Por eso decimos que estos textos enriquecen los escritos académicos e iluminan aspectos a menudo sosos de la literatura oficial. “Crónicas de Opirama” es uno de ellos.

 

02 de junio, 2019