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Jhon Ariel Martínez Valencia Un médico que quiere servirle a la ciudad desde el Concejo

2 de junio de 2019
2 de junio de 2019

Por JOSE MIGUEL ALZATE

Manizales se lo ha dado todo. Lo dice con orgullo. Por esta razón, siente el deseo de servirle a la ciudad desde el Concejo. Aunque nunca ha actuado en política, piensa que lleva en las venas sangre de político. Todo porque, desde sus tiempos de estudiante universitario, le ha gustado mantener informado sobre esta actividad. Sin embargo, nunca ha sido militante de ningún grupo político. Sólo después de que logró su independencia económica sintió la necesidad de querer actuar. A sus cuarenta y cuatro años sabe que tiene la energía para trabajar en pro del desarrollo de la ciudad y, como médico, por la salud de los ciudadanos. Es un convencido de que el juramento hipocrático es un compromiso para trabajar con sentido social.

Se llama John Ariel Martínez Valencia. Egresado de la facultad de medicina de la Universidad de Caldas en el año 1999, nunca se le había pasado por la cabeza la idea de ser Concejal de Manizales. Cuando hace cuatro años decidió acompañar a su amigo Rubén Darío Giraldo en su aspiración al concejo, lo hizo sin pensar que más tarde pondría su nombre a consideración de los electores. Se dejó convencer de Jorge Andrés Giraldo, un amigo a quien todos le dicen “Pote”.  El le insinuó que se lanzara a un cargo de elección popular. “Usted tiene carisma, lo quiere la gente”, le dijo una tarde en que, tomándose un tinto, debatían sobre los problemas del país. También se lo dijeron Jorge Enrique Velásquez y Adriana Echeverri, dos amigos que saben de su preocupación por los problemas de la salud.

No viene de cuna adinerada. Su padre, José Ariel Martínez Sánchez, fue empleado de la Chec. Trabajaba en redes de conducción de energía. No obstante que vivía de un salario modesto, siempre le infundió el amor por el estudio. Sobre todo porque durante el bachillerato se ganaba, cada año, la matrícula de honor. “Su hijo es muy inteligente”, le dijo en una reunión de padres de familia el rector del Instituto Universitario, Raúl Toro Carvajal. Cuando el papá llegó, feliz, a la casa, le preguntó qué quería ser en la vida. El muchacho que apenas cursaba octavo le contestó: “Médico”. Para decírselo no pensó si sus padres tenían capacidad para costearle la carrera. “Yo me endeudo con tal de que ese sueño se le haga realidad”, le dijo su papá después de contarle lo que el rector le había dicho.

Desde que entró a la escuela Eugenio Pachelli a hacer la primaria se imaginó vestido de médico, con un fonendoscopio en el pecho, haciéndose el que revisaba el corazón de los amigos que lo secundaban en sus juegos. Cuando salían a recreo jugaban a que él era médico. Mientras los otros muchachos se dedicaban a jugar a las cordalinas o a la lleva, él lo hacía escribiéndoles en hojas de cuaderno, a manera de fórmula médica, nombres de pastas o de jarabes que había visto en su casa. Como la mamá, María Cecilia Valencia, trabajaba como enfermera en la clínica del Seguro Social, le fue fácil grabarse nombres de medicamentos. Cuando terminaba la jornada laboral, para mejorar los ingresos ella aplicaba inyecciones a domicilio. Varias veces fue con ella a las casas de las vecinas que requerían el servicio.

El cronista le pregunta por qué quiere ser concejal. Y este médico de ascendencia humilde que en su época de niño jugaba balón con los amigos en el túnel de la antigua estación del tren, donde ahora funciona la Universidad Autónoma, que para entonces no había sido convertido en vía para carros, contesta con la seguridad que le da el conocer cómo se administra la salud en Manizales: “Los profesionales de la salud estamos en la obligación de aportar nuestro conocimiento para tratar de mejorar la atención en salud de la comunidad. Desde el concejo podemos trabajar para buscar que a la gente se le preste atención médica con dignidad. Pero sobre todo porque tengo vocación de servicio, porque me gusta ayudarle a la gente, porque siento que puedo aportar ideas para construir una ciudad amable”.

John Ariel Martínez sabe que para lograr su sueño de convertirse en concejal de Manizales debe recorrer los barrios populares para convencer a la gente con propuestas que tengan como propósito mejorar su calidad de vida. No obstante que nunca se ha echado un discurso político, confía en saberle llegar a los ciudadanos con soluciones a sus problemas. Como es un profesional hecho a pulso, a quien nada le ha sido regalado, que estudio con privaciones, conoce las angustias de las familias que no lo tienen todo. Creció en un barrio popular, el sector de Ondas del Otún, y estudio en escuelas públicas: la Eugenio Pachelli y la Concepción Ruiz, que quedaban cerca de su casa. Reconoce que ahí recibió lecciones de humildad.  Para él, haber terminado una carrera no lo hace diferente.

Ha sido un profesional exitoso. Diplomado en enfermedades cardiovasculares, se especializó en cuidados paliativos. Esto, en su concepto, le ha enseñado a entender el dolor humano. “Uno tiene que saber explicarle a una familia cómo debe asumir la situación de tener en el hogar a una persona que está en estado terminal. Hay que brindarles la seguridad de que el ser querido que está postrado en una cama es consciente de la angustia que despierta en su círculo familiar”. Muchas familias han encontrado en este médico que es el mayor de tres hermanos (un hombre y dos mujeres) la fortaleza para enfrentar la dificultad de ver a un ser querido esperando la muerte. Les ha enseñado que deben brindarle no solamente los cuidados que necesita para sobrellevar su enfermedad, sino mucho amor para hacerlos sentir felices.

Jhon Ariel Martínez Valencia nunca pensó que ese momento triste que le tocó vivir cuando era niño, la muerte de su abuelo materno, le fuera a servir para aconsejar a quienes viven el dolor de tener a un familiar esperando el desenlace final de su vida. Resulta que, una mañana, al llegar a la casa después de jugar con los amigos, le dijeron que el abuelo había muerto. En vez de gritar al verlo, en la cama, sin vida, se tiró a su lado, abrazado a su cuerpo. Se quedó dormido junto a él. Lo despertaron cuando llegaron de la funeraria, con el ataúd, para arreglar el cuerpo antes de empezar a velarlo. “A mi no me dio ningún susto. Me tiré a su lado, ahí en la cama, para expresarle todo lo que lo quería. El abuelo fue un hombre demasiado cariñoso con los nietos”.

Este médico que pasó su niñez y juventud jugando por las calles que de Ondas del Otún conducen al barrio Cervantes sueña con una ciudad donde los servicios médicos a las personas les sean prestados con rapidez. Sufre cuando ve cantidades de personas que en las secciones de urgencias de las clínicas y los hospitales esperan horas y horas para ser atendidos. “La medicina hay que humanizarla. El paciente necesita que lo traten con dignidad. Desde el concejo de Manizales se puede hacer mucho por el mejoramiento en la atención a los pacientes”, dice mientras explica cómo puede agilizarse la atención. Su experiencia como socio de una importante empresa prestadora de servicios de salud, donde genera más de ochenta empleos directos, la va a llevar a la corporación para buscar la manera de mejorar la atención a los usuarios.

El médico John Ariel Martíñez es un buen lector. En su biblioteca conserva una buena cantidad de libros que ha leído con interés porque en ellos ha encontrado una explicación a sus inquietudes existenciales. Reconoce que le han dado la formación intelectual para expresarse con propiedad sobre diferentes temas. También la facilidad para entender la realidad social de América Latina. Gabriel García Márquez es su escritor preferido. Ha leído gran parte de sus novelas. Pero la que más lo marcó fue Cien años de soledad. A sus páginas vuelve cuando quiere recordar las maravillas del realismo mágico. Piensa que la lectura le ha permitido acercarse más a los pacientes que a diario visita porque le ha permitido conocer el alma humana y entender el dolor de quienes sufren enfermedades que no tiene cura.

Si hubiera seguido alimentando lo que fue su pasión en los años de estudiante posiblemente Jhon Ariel Martínez no sería el médico exitoso que sabe enseñarle a las familias cómo se asume el dolor de tener en la casa un ser humano que espera con resignación que Dios se acuerde de él. Esa pasión fue la música. Se le despertó cuando era estudiante de bachillerato en el Instituto Universitario de Caldas. Todo porque le dieron la oportunidad de formar parte de la banda estudiantil de música. Allí aprendió a tocar el saxofón.  Lo hace tan bien, que fue llamado a integrar el conjunto musical El Combo Real, que durante muchos años amenizó las fiestas en muchos sitios de Manizales. Hoy todavía lo toca. En su casa tiene uno que, en sus momentos de descanso, lo saca del armario para tocarlo.

El fútbol es otra de sus pasiones. Y el Once Caldas el equipo de sus amores. Tanto, que recuerda como si hubiera sido ayer el gol que Jorge Agudelo le metió al Sao Paulo, en el 2004, eliminándolo de la Copa Libertadores, que ganó el equipo de Manizales. Además, recuerda con precisión los comentarios de Javier Giraldo Neira a lo largo de los torneos nacionales. Para él, el abogado manizaleño era una de las mejores voces en el comentario deportivo. Todo esto lo ha llevado a no perderse partido del equipo local, y acompañarlo en algunos compromisos en otras ciudades del país. Con sus amigos de la juventud jugaba balón en el túnel por donde pasaba el ferrocarril antes de que fueran levantados los rieles. De esta época recuerda a Manuel Salvador Arango, su mejor amigo en la escuela Co0ncepción Ruiz.

Para terminar el diálogo, el cronista le pregunta por qué razón apenas ahora aspira a ser elegido para una corporación pública. Entonces habla con propiedad de lo que es la política. Y menciona nombres que lo han marcado por la calidad de su discurso o por su deseo de transformar a Colombia. Sale entonces el nombre de Luis Carlos Galán. Y dice que fue un ejemplo a seguir en la actividad política porque sus posiciones frente a los problemas nacionales lo mostraban como un hombre de principios y de carácter. Entonces explica que no había aspirado antes porque quería consolidar su empresa de salud y, además, ejercer primero su profesión de médico. Cuando se le pregunta a qué dirigentes de Caldas admira sale a relucir el nombre de Omar Yepes Alzate. Para él, es un líder del conservatismo. Por esta razón, busca que le de el aval para su aspiración.