20 de agosto de 2019
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Los bancos también lloran

27 de junio de 2019
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
27 de junio de 2019

El sistema bancario es una élite. El modelo actual les faculta para ejercer una labor de intermediación que les permite enriquecerse en tasas superiores a cualquier otro sector productivo. Estas compañías no crean ningún artículo, no fabrican ni construyen nada, no generan ningún valor y su único trabajo se enfoca, principalmente, en convencer a los incautos y necesitados de liquidez de que estas empresas son la mejor opción para sus servicios financieros. En este proceso gestan miles de millones en beneficio propio. Para proteger este selecto círculo, los gobiernos expiden un sinnúmero de normas que limitan la iniciativa privada a acaudalados empresarios que pueden disponer de ingentes cantidades de efectivo.

En esencia, su proceso económico es simple. Reciben dinero del público y del Banco Central, por el cual reconocen rendimientos que bordean el 6% efectivo anual. Una vez en poder de ese dinero, idean líneas de crédito para regresar al consumidor esos recursos a cambio de un rendimiento que bordea el 36.8% para microcréditos. Como margen de intermediación, se apoderan del 30% del circulante a cambio de no hacer nada, no crear nada y no producir nada. Eso hace comprensible la razón por la cual el sector bancario nacional obtuvo 24 billones de utilidades en el 2018, una suma equivalente a cerca del 10% del Presupuesto General de la Nación para el mismo año.

Las criptomonedas le plantean serios desafíos a la banca tradicional. Su crecimiento exponencial ha permitido revaluar el futuro de los intermediarios financieros. Sin embargo, su consolidación no se había alcanzado, entre otras razones, por la desconfianza generalizada para ubicar en estos activos una alternativa viable para realizar pagos de forma válida en un mundo digital. Pero la realidad cambia cada día. Facebook, junto a otras 27 firmas de talla global, dentro de las cuales se encuentran Visa, Master Card, Pay Pal y la colombiana Pay U, entre otras, han decidido lanzar una nueva moneda digital llamada “libra” que permitirá realizar transacciones digitales con la misma rapidez que implica enviar una foto por estas plataformas.

Esta iniciativa daría nacimiento al banco más grande del planeta con más de 3.000 millones de clientes en todo el mundo (30% de la población mundial total), que facilitarían sus operaciones con solo enviar un mensaje de WhatsApp o de Messenger. Su patrimonio, igualmente, superaría a cualquier entidad bancaria, toda vez que se permitiría apuntalar en una sola plataforma la operación de las otras criptodivisas que actualmente son transadas, y que representan una suma superior a un trillón de dólares. No existe en nuestro orbe una corporación que pueda oponer resistencia ante este leviatán. En perspectiva, este proyecto posibilita, en el corto plazo, la acumulación de un capital superior al valor de gigantes como Apple o Google.

Los usuarios tradicionales que no hayan experimentado con este tipo de alternativas, lo harán cuando estas opciones se hayan integrado por completo con los populares servicios de mensajería que son usados cada día. Los créditos serán desembolsados a su cuenta de la red social y los giros electrónicos serán instatáneos, favoreciendo el comercio internacional. Se especula que finalmente se contemplará la opción de conversión inmediata a la moneda nacional en cerca de 119 países. El mundo será otro.

A finales de la década de los noventa el economista en jefe del Banco Mundial, Joseph E Stiglitz, expresó sus preocupaciones por la influencia que el sistema financiero acumulaba en función a los elevados costos que éste podría imponer a los usuarios. En el mismo sentido, el expresidente de la Reserva Federal de los EEUU, Paul Volcker, ha expresado la necesidad de reformar el modelo bancario en una estructura que se adapte a los retos y oportunidades que los nuevos mercados ofrecen. Estos cambios no han surgido, en gran medida porque solo hasta el anuncio de creación de “libra” como moneda con capacidad de circulación global, y con un respaldo económico real, cualquier discusión sobre estos alcances resultaba solamente especulativa. No es exagerado suponer que libra será la evolución del Bitcoin.

Si no ocurre una transformación real, enfocada en la simplificación y la reducción de tarifas para el consumidor final y la integración con nuevas tecnologías en tiempo récord, los bancos llorarán amargamente al despertarse de su letargo y descubrir que su modelo de negocio actual no solo es obsoleto sino oneroso y opresivo para sus clientes, quienes encontrarán en estas iniciativas, alternativas más frugales, fáciles y útiles. Esperemos que estas lágrimas no tengan que ser saciadas con los impuestos de los ciudadanos que deban ser encausados para salvar una industria anacrónica.

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