19 de octubre de 2019
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Juego de tronos

14 de junio de 2019
Por Jaime Lopera
Por Jaime Lopera
14 de junio de 2019

Apreciado Juan Esteban,

            Te escribo en torno a la columna “Más tiranos” del día de hoy en El Tiempo.

            Nada más cierta que esta afirmación tuya: el destino de las democracias de estos tiempos está amenazado por los tiranos. Precisamente hace poco le escribí al portal de Razón Pública que la serie Juego de Tronos era la exaltación del poder y la licencia para que nuevos y más creativos tiranos salgan a la palestra.

            Veámoslo de esta manera: todo lo que el ser humano ha hecho en la historia es unirse, para bien o para mal. Para mal, siguiendo tu ejemplo, cuando el tirano de Siena subía los esclavos al monte Amiata y les ordenaba lanzar grandes piedras al vacío para ver si le caían a quienes estuvieran pasando por allí. Este tipo de órdenes contradice los intereses de hermandad que asumían los prehistóricos para juntarse con el propósito de cazar el mamut bajo la dirección de un líder; después de la cena, tocaba unirse otra vez para la siguiente temporada de caza.

            Para bien, en asociación se construyeron tanto la torre de Babel como la Catedral de Colonia y el poder pudo servirle a los egipcios para montar, piedra a piedra, las diversas pirámides. Las cooperativas y los fondos de solidaridad han hecho tanto por la fraternidad como los doce apóstoles unidos y así muchos ejemplos. Pero, como bien lo dices, el poder es una “forma incurable de locura” cuando se desvía de su curso: se usa para matar, para devastar, para someter, para lanzarle pedruscos al adversario.

            Lo que me irrita de Juego de Tronos es que se exalta este tipo de poder y condona en la pantalla todas las masacres con una indulgencia digna de mejor causa. A los amigos de la paz nos gusta abogar por la fuerza tranquila de la autoridad moral y menos por la violencia del poder como ejemplo para las nuevas generaciones.

            En términos organizacionales hablamos de ganar-ganar, pero la serie de HBO lo que exalta es el arrasamiento del contrario: detrás del ganar-perder hay muchas conductas humanas indeseables para vencer al otro. Al perderse la posibilidad de que se pueda escuchar y dialogar con el otro para construir obras u agendas comunes, esa distorsión repugna a mis sentidos: no quiero ser la mosca en la leche de la película, pero parece que es inevitable.

            Cordial saludo, Jaime Lopera

Armenia, junio 2019