26 de febrero de 2021
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El “Honorable” Gabriel Jaime

23 de junio de 2019
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Por Álvaro Rodríguez Hernández
23 de junio de 2019

“Nido de ratas”, resopló en directo por los canales de televisión, el senador Gustavo Bolívar a quienes tienen “nido” en el Capitolio. Duro término.

Como “depredadores”. Mirados con asco y desprecio. Política que huele a necropsia.

Muchos de ellos, han hecho méritos para que sean vistos con desconsideración. Para empequeñecer la política.

El nuevo escándalo ha tejido una urdimbre perversa para hacer de esa sesión un manual de estilo de   ese juego de tronos que se mueve. De manera peligrosa y entre una polarización premiada.

La Ley venía muerta. Entró muerta. Hace rato se había muerto: no hay necesidad de investigar sus causas. Autopsia no requiere.

La política anticorrupción hay que salvarla. Enmendarla. Salvarla para que no sea esquilmada. No se puede agotar por la voluntad de unos pocos. No cabe la solidaridad de bandidos.

Nada menos: el hundimiento  del propio Congreso. De “muchos honorables” que se resisten a corregir y corregirse. De  salvar conductas en llamas. Cambiar manteles por cárcel con una arrogancia fina, elaborada. No menos de 50, estaban cargados de ácido y debían hacerse a un lado. No votarla, era la consigna, para muchos. Prefirieron el partido de fútbol donde se “juega” la desgracia nacional.

Chacón, el presidente de la Cámara, debe estar en mandarín traduciendo el desagrado nacional. Un juego de poderes mañoso. Muchos de ellos “sirven para un roto que para un descosido”.

Gabriel Jaime Vallejo Chujfy no se pavonea en la deshonra como para que lo condenemos como “falso conciliador”. De ser el hombre de la patraña enfermiza. Lanzado al crematorio. Es un hombre de carácter, serio decente, corajudo. No el que nos quieren vender hoy entre los lamparazos del odio y la rabia “del furibismo”. Nada de eso. Su tarea ha sido seria y disciplinada. Honrada. Igual, juzgo, el talante estudioso del senador Alejandro Corrales a la luz de sus debates.

Ellos no pasan por encima de la decencia.  No confunden “gobernabilidad” con robo o asalto. No están en la burocracia enferma o el clientelismo de necrofilia, que huele a cadáver. A banda. Nada de eso. No hacen pactos de indignados.

El muerto no hay que buscarlo río abajo. Caerle encima es el juego.

Ellos, no gobiernan a punta de mermelada y de bajas pasiones, así la malquerencia por el CD, les huela maluco.