24 de agosto de 2019
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Aborto

13 de junio de 2019
Por Juan Alvaro Montoya
Por Juan Alvaro Montoya
13 de junio de 2019

Es incierto el origen de la vida. Tantas veces se repite el azar para consentir el paso a la mano de la creación, que éste toma el carácter de predestinación. Nada se escapa a tal misterio. Desde el origen de la luz, del tiempo o del espacio, hasta el nacimiento de un pequeño en la mañana de hoy se sigue un orden superior que nos subyuga a su voluntad. El soplo divino que nos moviliza es constante en la naturaleza. Todo es sinónimo de un renacer perenne. El cándido sonar de las aves, el sol matinal que acaricia el rostro, el rumor de un arroyo que desemboca hacia la cordillera, el verde profundo de esta tierra, son representaciones de una obra que no perece.

Itinerante, el hombre procura por develar secretos que fueron grabados en huellas de años y encontrar, a través de ellas, el significado de su propia existencia. Vivimos en un mundo que desconocemos. Las dudas surgen como gotas, que de un venero constante irrigan nuestra propia esencia. Intrigados, cuestionamos el nacimiento humano para entender el momento en que ese pequeño amasijo de carne recibe el hálito divino y se convierte en un corazón que palpita en un cuerpo aún no formado, hasta que, finalmente, abre sus ojos en el jardín que habitamos.  Este proceso evolutivo no se originó en dos células errantes que encontraron un destino común al unirse. No. Es el resultado de casualidades que cruzaron los milenos para manifestarse hoy, como causalidades que posibilitan la perpetuidad de la vida en un resurgir constante.

Quienes contemplan esta peregrinación con felicidad, rechazan la apología a la muerte. Se descorren los velos que dialécticamente cubren la razón y se abre el debate sobre la opción que le asiste a la madre para disponer sobre la vida de su hijo. Este horizonte nos presenta dos realidades que en apariencia se contraponen crudamente: la potestad de una doncella a disponer sobre su propio cuerpo y el derecho de ese pequeño, no nacido, a existir.

Este breve preludio nos permite ahondar en el testimonio de Laura Klein, poetisa argentina que con valentía escribe sobre el aborto, quien, en un acto de desnudamiento espiritual, reconoció esta práctica en su propio cuerpo. Su testimonio explora la profundidad de las reflexiones de quien ha enfrentado la encrucijada de la vida y la muerte, exponiendo las dicotomías entre el derecho a la existencia, de ese pequeño embrión que se encuentra en etapa de formación y la libertad femenina. Pero va más allá. Explana las cumbres de los argumentos para concientizar que no impera la libertad en quien opta interrumpir su embarazo. Como mujer, decanta su relato y expresa, sin temor, que dichas determinaciones se encuentran mediadas por presiones de diversa índole. Si la libertad es tomar una decisión sin apremios, quien aborta no es libre, pues se encuentra presa de las circunstancias. El camino del empirismo la condujo a cambiar de postura. Ya no podría defender la legalización del aborto, pues la experiencia en su cuerpo y en sus emociones la condujeron a valorar la vida.

Laura Klein, deja una honda introspección en sus postulados y nos invita a cuestionarnos si existe o no un homicidio cuando nos enfrentamos a la interrupción de la gestación. La ciencia nos propone soluciones afines a cada persona y, sin embargo, ninguna de ellas es concluyente. Algunos eruditos y puristas propugnan por una conservación a ultranza de la vida, otros, tercian aseverando que la vida surge entre el tercer o sexto mes. Finalmente, los más incrédulos solo verán el pálpito de un individuo al salir del vientre de su madre.

Pobres remedios los que encontramos en teorías que se aventuran a resolver el misterio de la existencia humana, pues ellas quebrantan el principio de no contradicción aristotélico en el cual una cosa no puede ser y no ser en el mismo sentido y al mismo tiempo. Ante semejante vacilación, los pequeños niños, indefensos, solo pueden implorar a Dios por su misericordia, para que, como lo advierte Jeremías, el vientre de su madre no se convierta en su sepulcro.

La Comisión Interamericana de Mujeres se encuentra próxima a elegir su Secretaria Ejecutiva. Esperamos que las posiciones ideológicas en torno al aborto sean consideradas para defender la vida y no para construir altares de muerte.