5 de marzo de 2021
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¿Patria boba o telenovela barata?

9 de mayo de 2019
Por Clara Inés Chaves R. (*)
Por Clara Inés Chaves R. (*)
9 de mayo de 2019

En estos últimos días el país vivió todo un episodio de tire y afloje con la votación de las objeciones a la ley estatutaria de la JEP. Se dio la división entre los defensores de la integridad de los acuerdos, y los que apoyaban las objeciones del presidente Iván Duque.

Lo cierto es que los medios de comunicación nos mostraron, como desenlace de este tema, situaciones grotescas, insultos que iban y venían, ofrecimientos de mermelada o, como dirían algunos, algo más de corrupción, odios, testarudez, amenazas, polarización, soberbia, e intereses creados. Lo que brilló por su ausencia fue la unión de país que reflejara el sentimiento de las víctimas que se encuentran en la Colombia olvidada, y el deponer los personalismos a favor de la reconciliación del país.

Fue, como algunos dirían, un circo o una telenovela barata de odios, pasión, intriga, celos, y amor.

Se pudo observar que no hemos aprendido de nuestra historia de violencia, ni a superar egoísmos, y menos a unirnos como país. Como lo diría Humberto De la Calle, volvimos a la patria boba, o quizás hemos seguido en ella, y no lo sabíamos siquiera.

Ya era vergonzoso el hecho de desconocer desde sus inicios el largo camino por el que atravesó en su momento la ley estatutaria de la JEP, tanto en el Congreso de la República como en la Corte Constitucional donde conocieron del tema inicialmente; para entonces, solo faltaba la sanción presidencial.

Soy de la opinión del Dr. Jaime Bernal Cuellar, cuando en entrevista en el Canal 1, el pasado 6 de mayo de 2019[1], dijo que” el marco de referencia para interpretar la ley estatutaria es el conflicto armado que no aparece en la justicia ordinaria, en consecuencia, tiene unos alcances totalmente diferentes. Yo invito a los distinguidos políticos que miren la finalidad de la justicia de la JEP, es una necesidad para Colombia.”

Es decir, parece ser que a los colombianos no nos importa romper con la institucionalidad ni acabar con el estado de derecho y la endeble democracia que tenemos. Pasamos por encima de quien sea, con tal de imponer nuestros puntos de vista, de ser intransigentes, de defender nuestros intereses que no reflejan los de las mayorías. Es como si fuera la dictadura de una democracia, ya que de democracia no tiene mucho.

En un país donde la vida no importa mucho, nadie asume responsabilidad, hablar del tema, o expresar opinión respecto a los acuerdos de paz, es ya un peligro. Si está de acuerdo con los acuerdos, entonces es comunista y de medio pelo. Si está de acuerdo con las objeciones presidenciales, es fascista.

La intolerancia y la insolidaridad son el pan de cada día. El juzgar a la ligera hace parte de los antivalores en los que vivimos, y ni siquiera nos erizamos, como lo diría Amparo Grisales. Así, ¿cómo podremos reconciliarnos?

Acudir a los métodos más mundanos como comprar conciencias se ha vuelto normal. Vimos en el Senado  senadores dizque ilustres, que al parecer no conocen las palabras principios, ética, compromiso y respeto por los acuerdos; o la palabra empeñada.

Según la prensa, las senadoras Ana María Castañeda de Cambio Radical y Maritza Martínez de la ‘U’, brillaron por su ausencia a la hora de tener que votar en contra de las objeciones a la ley estatutaria de la JEP.

Si existieran verdaderos partidos en el país, estas dos senadoras deberían ser expulsadas de sus corporaciones políticas, o al menos recibir una amonestación disciplinaria por no seguir las directrices de sus partidos. Parecería que lo que más se vende hoy en día son los antivalores, que las convierten en súper héroes y en ejemplos a seguir. ¡Qué país!

¿Cómo podremos construir la paz, si lo que hacemos cada día es acabar con la institucionalidad, y matarnos entre nosotros?

(*) Ex diplomática

[1] Canal 1,“Jaime Bernal Cuellar habla sobre decisión de enviar objeciones de la JEP a Corte Constitucional..”, 6 de mayo de 2019.