20 de julio de 2019
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La paradoja de la sostenibilidad

2 de mayo de 2019
Por Jaime Lopera
Por Jaime Lopera
2 de mayo de 2019

Hace unos años se nos solicitó atender una consulta en torno a la expresión sostenibilidad porque, como en el caso de las palabras objetivo, fin, meta, propósito, aspiración, ese vocablo estaba volviendo interminable la discusión sobre las palabras tanto como el debate sobre el sexo de los ángeles. Nuevamente me preguntan lo mismo.

La sostenibilidad, incorporada ya en el lenguaje de los planificadores (en cuanto que viene como una herencia de los ecologistas), posee algunos componentes conceptuales y metodológicos cuyos alcances se pueden precisar. A primera vista, y en una definición casi simplista, se trata de que una cosa se sostenga por sí misma en el tiempo, cumpliendo iguales, mejores o similares propósitos a las circunstancias que le dieron orígen.

Pero el vocablo también tiene una tradición en el lenguaje de la economía internacional: existe la sostenibilidad de una deuda cuando el país puede asegurarse recursos suficientes para hacer el servicio de esa obligación sin comprometerse en nuevas condiciones. Si los expertos comprueban que el servicio de la deuda es muy grave (como hace un tiempo en el caso de Honduras), un país puede ser elegible para recibir un alivio adicional a través de una reducción del capital de la misma.

En el caso de los problemas del medio ambiente, se dice que la sostenibilidad es una relación entre destrucción y renovación (por ejemplo, entre el menoscabo por una parte, y la substitución de los bosques por la otra) para la búsqueda de un equilibrio razonable. En una cadena productiva (café, petróleo, flores, carbón) el desarrollo sostenible sería una salvaguardia de aquellos mercados que deben permanecer para que dicha cadena prolongue sus resultados y su eficiencia. Algunos todavía deliberan sobre la validez este ejemplo.

En el campo de la gestión urbana, por su parte, el concepto de sostenibilidad permite el fortalecimiento de la capacidad municipal orientada a promover el uso de los métodos, procedimientos e instrumentos pertinentes para la administración de un pretendido desarrollo sostenible. En la práctica de la consultoría gerencial decimos que los procesos de cambio, si han sido debidamente planeados, deben tener la suficiente fuerza para su continuación y permanencia.

No obstante, las expectativas corrientes sobre la sostenibilidad se armonizan con la necesidad y prolongación de un cambio benéfico. Esta es en definitiva una paradoja aparentemente necesaria: en la sostenibilidad hay un continuismo deseado para que los atributos de una obra física, de un proyecto social o de una idea provechosa se prolonguen en el tiempo, tal vez con los mismos resultados que se dieron al principio.

En resumen, cuando este concepto se incorpora al lenguaje del desarrollo regional intervienen otras expectativas: que lo sostenible sea colectivo y participativo para que dure; que hayan interlocutores locales con capacidad para aceptar y asimilar los evidencias transculturales; que exista una especie de empoderamiento institucional para que nuevos organismos o entidades reciban la tecnología foránea y la mantengan vigente para un determinado territorio; que, en fin, existan contrapartes (en las universidades, en la sociedad civil) que le hagan mantenimiento a esa «capacidad instalada» que, en muchos casos, nos dejan los extraños cuando se van con su música a otra parte.

Mayo 2019