1 de marzo de 2021
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La derrota de la chancleta.

28 de mayo de 2019
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
28 de mayo de 2019

En uno de los viajes que realicé al Chocó, tuve la oportunidad de visitar en la población de Andagoya, el sitio en donde vivían las familias de los ingenieros ingleses y colombianos que laboraban para una compañía extranjera. Alguien me decía que parecía una especie de Hollywood en selva. En efecto, el área disponía de una infraestructura con todas las comodidades del caso pero en especial unas aulas para estudiantes hijos de los ingenieros con todas las tecnologías más avanzadas del momento. Tenían un colegio bilingüe. Pero bastaba con caminar apenas una cuadra para poder observar las viviendas de los afros, sin los servicios más elementales como agua y luz y unas escuelas privadas de toda dotación para la realización de procesos pedagógicos eficientes.

Por centenares de años los africanos esclavizados estuvieron al margen de cualquier proceso educativo institucional, al igual que los indígenas a quienes se les ofreció un proceso de evangelización, más que de educación.

Y si bien, luego de haberse dado la libertad de los esclavos y el reconocimiento a los indígenas de sus derechos, la educación se ha ido expandiendo en dichas comunidades, también es cierto que en lo que tiene que ver con las pedagogías, las metodologías, seguimos en gran medida aferrados a conceptos medioevales en donde el castigo, la imposición, la individualidad siguen teniendo presencia en las aulas escolares y en los hogares.

Por lo anterior, me parece admirable la labor que ha venido desarrollando un maestro africano de Kenia, quien se acaba de ganar el premio de la Fundación Varkey de Dubai, como el mejor docente del mundo. Ha recibido un millón de dólares y anuncia que gran parte del mismo lo va a destinar para equipar a la pequeña institución educativa que no dispone de los elementos tecnológicos indispensables para realizar un trabajo docente más eficiente. Y sus apreciaciones como maestro me parecen de un valor inigualable en donde encontramos tantas escuelas marginadas de tecnologías y con una población llena de necesidades económicas:  “A los niños se les debe enseñar no solo materias académicas estándar sino, también, las habilidades del siglo XXI, como por ejemplo, trabajar en equipo, colaborar, innovar y pensar de manera independiente.”

En Colombia se necesita un mayor presupuesto para la educación, sin lugar a dudas, pero también es cierto que necesitamos reciclar pedagogías del siglo XIX, como dice Julián De Zubiría.