24 de agosto de 2019
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Gracias, supermaestros

22 de mayo de 2019
Por María Fernanda Restrepo Torres
Por María Fernanda Restrepo Torres
22 de mayo de 2019

Si alguna labor merece reconocimiento no solo en una fecha establecida sino cada día del calendario, es la del maestro. En honor a San Juan Bautista de La Salle cada 15 de mayo se exalta la labor del docente en escuelas, colegios, institutos y universidades; pero haciendo gala de unas de las frases más usadas cuando no nos interesa o no tenemos fondos para celebrar algo, el día del maestro sí que debería ser todos los días.

El primer maestro está en casa, en la figura de esos padres que con vehemencia nos enseñan las primeras normas para desenvolvernos en sociedad. De ellos aprendemos el valor de saludar, dar las gracias, pedir el favor y despedirnos; reglas básicas de educación que hoy en día brillan por su ausencia. Son los padres los primeros formadores en ética y urbanidad, pero está en nosotros como alumnos practicarlo en la escuela de la vida.

La anterior acotación es para señalar una frase que, a manera aforismo, he visto en varias oportunidades en redes: el maestro enseña lenguaje, matemáticas, geografía o biología, pero de ninguna manera reemplaza la educación del hogar. Que el profesor sea quien tenga que inculcar el buenos días, no tirar basuras al piso, no golpear o gritar al compañero, evidencia el pobre compromiso de algunos padres con la educación de sus hijos.

Con razón circula un pensamiento concebido -creo yo- como un chiste, que ni sé quién lo dijo pero tiene un indudable asomo de verdad: Los maestros en este país deberían tener los mejores sueldos, pues no hay nada más frustrante que educar colombianos. Estamos acostumbrados a culpar al profesor de nuestras incapacidades y fracasos académicos; no nos parece una falta de respeto estar en un chat mientras el maestro habla.

El docente es como el hombre orquesta: psicólogo y enfermero según sus alumnos, nutricionista y celador según los padres de familia, mago y faquir según el Ministerio de Educación. El docente no puede tener autoridad porque viola los derechos del estudiante listo para el matoneo pero débil ante el castigo; el docente tampoco puede ser sensible porque entonces no está formando ciudadanos con criterio.

En el año 2.019 el presupuesto nacional destinado a educación es de $41.4 billones, el más alto que haya tenido este campo en la historia. Adicionalmente, las manifestaciones de rectores, docentes y alumnos lograron un incremento del 20% en los recursos, es decir, $617.000 millones para la educación. ¿Entonces por qué esa sensación de que vamos para atrás? La deteriorada infraestructura y los penosos puestos que ocupamos en investigación y calidad educativa frente a otros países parecen contradecir las cuantiosas inversiones.

El acceso a la educación es la principal barrera: el 62% de los jóvenes que terminan el bachillerato no pueden acceder a educación superior y el 40% de los niños que habitan en zonas de conflicto no asisten al colegio. Según indicadores de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), evitar un futuro de pobreza es posible si se concluye al menos la secundaria, pero en Colombia el promedio de escolaridad es hasta 7° grado.

La deserción escolar es el ‘coco’ de los gobiernos regionales y autoridades nacionales. Si bien esta cifra es significativamente menor en zona urbana (15%) frente a áreas rurales (52%) de acuerdo con datos de Fedesarrollo, numerosas instituciones educativas en municipios y corregimientos están tan deterioradas que francamente es indignante que un niño se concentre en aprender y el profesor en enseñar, el logro es salir intactos de clase.

A esto se suma la corrupción rampante en el Plan de Alimentación Escolar PAE. Los profesores no solamente enseñan en precarias condiciones sino que los niños escuchan con el estómago vacío. ¿Con qué alientos van a pensar en la siguiente clase? Lamentablemente el pensamiento de muchos padres es enviar a sus hijos al colegio para que reciban al menos dos comidas diarias y me atrevería a decir que en casa poco se preocupan por saber qué aprendieron: ¡Es que eso es responsabilidad del profesor!

Por eso el día del maestro es a diario. Prácticamente están institucionalizadas fechas en todo el almanaque: el día del periodista, del psicólogo y del administrador, el del contador, el del padre y la madre; del ingeniero, la enfermera y el abogado. Un maestro es todo eso sin necesidad de ostentar los títulos, él da los cimientos, el entusiasmo y el valor. Tan bella y noble es la labor que el propio Jesús la ejerció en su paso por este platanal, ya todos sabemos cómo le pagaron.

Sea hoy 22 de mayo o cualquier fecha en la que se lean estas palabras, solo quiero decir GRACIAS, MAESTROS. He contado con los mejores en mi trayectoria académica y en mis decisiones de vida. Me he antojado de seguirles los pasos, sería un desafío grande que me llenaría de orgullo y de muchos dolores de cabeza, pero sin duda, una de las más satisfactorias vivencias.  Si cuando era niña alguien me hubiese preguntado cuál era mi superhéroe favorito, y aun si me lo plantean hoy, ¡ustedes se quedan con el título!