20 de octubre de 2019
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Conjurando el horror nuclear

10 de mayo de 2019
Por Jaime Jurado
Por Jaime Jurado
10 de mayo de 2019

Desde la creación de la bomba atómica y su macabra inauguración en 1945 el mundo entró en una espiral de armamentismo nuclear que se constituye en la mayor amenaza para la vida en la tierra. Esta obviedad debería ser la primera preocupación de los gobiernos y pueblos del mundo y se esperaría que ocupara el lugar número uno en la agenda pública y en los medios de comunicación.

Sin embargo, el peligro nuclear es apenas presentado como una noticia más cuando hay picos de tensión entre las potencias. Este ocultamiento o minimización no es casual y es una estrategia para que la gente no se ocupe de la realidad y dirija su atención a otros asuntos menos relevantes, cuando no francamente baladíes.

Por eso no es de extrañar que dos hechos que son de la mayor importancia en relación con esa temática hayan merecido alguna mención en la prensa mundial. Me refiero a la demanda de las Islas Marshall y a la nueva agenda de desarme promovida por Antonio Guterres, Secretario General de la ONU.

Ante la Corte de Justicia de La Haya en 2014 el gobierno de ese pequeño país polinésico (edén tropical de 181 kilómetros cuadrados y 70.000 habitantes que sirvió de polígono nuclear de Estados Unidos con graves consecuencias ambientales) demandó a Estados Unidos y a los otros ocho países poseedores del arma nuclear exigiendo que cesen sus planes de modernización y que cumplan el Tratado de No proliferación Nuclear(TNP).

Recientemente el tema volvió a tener alguna mención con la conferencia sobre desarme nuclear en la que el Secretario General de la ONU llamó la atención sobre el aumento del riesgo de catástrofe, incluso por accidente y al hecho de que en el planeta el gasto armamentista ha llegado a cifras escandalosas(en 2017 fue de 1.7 billones de dólares). Recalcó que la búsqueda del desarme total sigue estando en el ADN de las Naciones Unidas y que el TNP continúa siendo el instrumento más importante para lograr el desarme nuclear total.

Este desarme debe ser un objetivo y exigencia de todos los pueblos. Asunto tan vital no debe dejarse en manos de los gobiernos. Deben primar los intereses generales de la humanidad sobre las consideraciones geopolíticas y los juegos de poder que benefician a estados que más que a sus pueblos, responden a las grandes empresas y consorcios fabricantes de armas.

Así se eliminaría la mayor amenaza global y se liberarían recursos que pueden destinarse a otros problemas urgentes como el cambio climático.

Si tras esta causa común se movilizaran millones de personas y las organizaciones sociales la incluyeran como punto esencial de su agenda, las palabras de Guterres y la acción de las islas Marshall tendrían eco y los gobernantes se verían obligados a actuar en consecuencia.

Hay una especie de fatalismo e impotencia que hace ver como casi imposible que el orbe se libere de esta espada de Damocles. A esto se suma la creencia de que una vez se da un avance técnico no se retrocede. Sin embargo, hay que recordar que la existencia de bombas termonucleares cambia radicalmente el devenir y la perspectiva de la familia humana y hace necesario pensar con una nueva mentalidad. Sí es posible salir de la pesadilla nuclear y de hecho hay países como Ucrania y Sudáfrica que renunciaron a ese tipo de armas o al proyecto de construirlas.

Colombia debe seguir el ejemplo de Islas Marshall, ese paraíso olvidado que nos trae una voz de esperanza desde el Océano Pacífico y unirse a las voces que reclaman un mundo seguro y en paz.