27 de febrero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Crónicas de mi pueblo ¡AY CACHIPAY DEL ALMA!

24 de abril de 2019
24 de abril de 2019
Cachipay, tal vez la zona de tolerancia más famosa del norte de Caldas, quedó reducida a escombros con el paso inexorable del tiempo.

Cuántas noches pasamos allí “en medio de alegres compañeras, rota la copa del placer y el alma enferma” como escribiera Silvio Villegas. Ese lugar -en el azoriniano Aranzazu- era un festín. Llegaban hermosas ninfas de toda la geografía nacional, con sus batas repolludas, cruzadas de arreboles escandalosos, los labios pintados de un rojo intenso, olorosas a perfumes baratos, con zapatos puntudos, ganosas de mimos sentimentales. Eran unas tongoleles en el baile. Los contertulios, que siempre fueron muchos, se paraban alrededor de las paredes para admirar las danzarinas, con cuerpo de avispa, sutiles y alegres, que provocaban aplausos e inmediatamente después, al descorche de los alcoholes.

Unas eran silenciosas, con rostros amargados.Estaban allí por una decepción amorosa. Hablaban un lenguaje de monosílabos románticos, quejosas de sus destinos, abriendo puertas en el confín para rectificar el camino.

Otras amaban el oficio. Eran coquetas y se dejaban conquistar fácilmente. Entreabrían los postigos de sus cuartos para husmear quiénes, desde muy temprano, iban de visita carnal a esa zona caliente. Primero eran los copetines, después las palabras dulcetes, venían los besos, los boleros morrongos,  las cumbias frenéticas y, por último, los agitados escondites.

Los espacios íntimos tenían una jofaina, unas pequeñas toallas higiénicas, una cama bullosa cubierta por cobijas desteñidas. Luego de los forcejeos amatorios, el hombre pagaba el servicio, y ella, a las volandas, dejaba listo su cubículo para atender a otro visitante.

Cuántas veces vimos a respetables ciudadanos entusiasmados con las damiselas, tanteando en los bailes, escondiéndose de los curiosos, deslizándose a los solapados y secretos  embrujos del placer.

Hoy Cachipay es un desastre. Quedan apenas tres cantinas, naturalmente bullangueras, y cuesta abajo parece un muladar de malos recuerdos.

Esos flirteos, para muchos, eran clandestinos. Se inventaban rebuscadas estrategias,viajes imprevistos, súbitas enfermedades de amigos, para poder participar en aquellos aquelarres dionisíacos. Tarde en la noche, luego de las intimidades de copiosas fantasías, llegaban a sus hogares de un supuesto largo viaje, de un triste velorio, o de un inesperado contratiempo automovilístico. El amor tenía como sustento las mentiras.

Hoy Cachipay es un desastre. Quedan apenas tres cantinas, naturalmente bullangueras, y cuesta abajo parece un muladar de malos recuerdos. Paredes en muñones, empedrados en añicos, casas convertidas en asustadores polvorines. Parece que Cachipay hubiera sido bombardeado.

Croniquilla escrita por César Montoya (Q.E.P.D.) el 5 de abril de 2015