18 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

Política con mayúsculas

13 de marzo de 2019

Augusto León Restrepo

Apenas estoy en las primeras páginas de Revelaciones al final de una guerra, el libro memorioso de las conversaciones de La Habana entre el Estado colombiano y las Farc, escrito por quien presidió la comisión institucional, Humberto de la Calle Lombana, que ha sido rapado de los estantes de las librerías; se ha convertido en un verdadero éxito editorial por sus ventas y por su contenido. No pude asistir a su lanzamiento el miércoles inmediatamente anterior en el Gimnasio Moderno de Bogotá, por andar en modo cine, como dicen ahora, en Cartagena, en el festival, lo que será tema de un posterior escrito. Pero comentaron algunos de sus asistentes que fue un bocado de amenidad e inteligencia por parte del escritor y de quien hizo de glosador en el acto, Jorge Cardona Alzate editor de El Espectador. El público aplaudió a rabiar.

De su prólogo, a cargo del novelista Juan Gabriel Vásquez, extracto lo siguiente que tiene que ver con lo que voy a consignar en seguida, en relación con la Justicia Especial para la Paz y con la Paz misma: “El libro es un memorando o advertencia de todo lo que puede perderse. No me refiero al trabajo serio e irrepetible de tanta gente valiosa, sino a la pérdida muy concreta de las vidas humanas que los acuerdos han salvado en los últimos dos años y que -si nuestra clase política se comporta con sensatez y un mínimo de solidaridad- seguirán salvando. Es decir, la vida de tantos que hoy deberían estar muertos y, por virtud de los acuerdos de La Habana, no lo están. La cosa es así de simple”.

La cosa es así de simple. La Paz y La Vida, son valores superiores. Por ellas, hay que estar en la barricada. En la barricada política. Cuanta mas sea la insensatez de quienes no quieren ver, mas hay que cerrar filas defensoras. No hay que dejarnos aterrorizar con el cuero del tigre. La Paz es política, POLÍTÍCA con mayúscula, le he oído decir a De la Calle. Entonces vamos a por ella. En cualquier escenario. En el Congreso, en las Cortes, en los medios, en las calles. Con argumentos y razones. No se pueden repetir las luchas ni las muertes inútiles de la Patria Boba. A los intentos de devolver nuestra historia hay que enfrentarse. Parece ser que los llamados de campana en este sentido, comienzan a dar resultados, a unir criterios. No es la hora de la indiferencia. Es la hora de la acción.

Los lobos se han quitado su piel de ovejas. Han mostrado sus garras, aun cuando las cubran de escarpines.

¿Inconveniente una ley estatutaria, la de la JEP, que pasó por el cedazo estrecho de la Corte Constitucional, después de intensos debates en las Cámaras, donde, se supone, debieron haberse expuesto por el gobierno y sus voceros, las inconveniencias traídas ahora, como minas quiebrapatas?. Esas inconveniencias son palos atravesados en el camino del incumplimiento de los acuerdos pactados con uno de los actores del conflicto armado, que favorecen también al otro actor, la soldadesca y sus altos mandos, que se hayan sobrepasado en la utilización de su fuerza represora, para decirlo en apretada síntesis. La JEP, seguirá en su vida legítima y constitucional. Sus cimientos están sólidos. Pero hay que protegerlos contra sus amenazantes destrozadores. Porque ahí están las víctimas en primera línea en busca de justicia, verdad y reparación, sin las cuales quedaría trunca y sin cierre la nefasta noche que nos cubrió de sangre durante mas de cincuenta años.

Esta dilación por el Presidente y el Fiscal General de la Nación y sus inspiradores es, si triunfan sus pretensiones, un arañazo vindicativo que hace daño, lesiona, pero que no es mortal. Quienes optamos por el proceso de la resolución de los conflictos armados a través del diálogo, de la consecuente Justicia Transicional, nos mantendremos alertas, insomnes pero no desesperados ni fatalistas, sobre todo aquello que nos ha convocado como noble y esperanzador: La Vida y la Paz. Sería ignominioso que se disparara un solo tiro por las escaramuzas predecibles en la larga y tortuosa ruta de la obtención de la convivencia. La Patria Boba no puede reencaucharse.