18 de abril de 2021
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El costo de ser mujer I

Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
5 de marzo de 2019
Por Julián Andrés García Cortés
Por Julián Andrés García Cortés
Estudiante Doctoral. Magíster en desarrollo y planificación. Politólogo. Profesor universitario y consultor en políticas públicas. Interesado en educar para la política. Concejal de Manizales.
5 de marzo de 2019

Mucho se habla de la igualdad que debe existir entre hombres y mujeres, en una sociedad con un modelo patriarcal dominante y vigente, varios sofismas de distracción hacen creer que las mujeres han logrado un papel protagónico en la sociedad  y que la tan anhelada igualdad promovida por las feministas triunfó a partir de la participación de las mujeres en el campo laborar, en el aumento de las mujeres en el ámbito educativo y en la relación que algunos hombres han establecido con el espacio doméstico y con sus hijos, disminuyendo en algo la sobrecarga que recae sobre las mujeres al ser las principales responsables del cuidado y los quehaceres del hogar.

Pero cómo podemos hablar de igualdad en una sociedad donde muchas mujeres carecen de reconocimiento para ejercer cargos públicos, dónde el acceso de las mujeres a la actividad política debe ser tema de debate nacional, dónde solo a partir de la denominada “ley de cuotas” que por no decirlo de otra manera es ofensivo apelar al concepto “cuota” para promover la participación de las mujeres a cargos de elección popular. Por estas, entre otras razones, es ineludible debatir frente al concepto de igualdad de género y buscar la ruta que conduzcan a la consecución de una sociedad realmente paritaria en la proporción en que mujeres y hombres acceden, las primeras al espacio público y los segundos al espacio privado o doméstico considerado de exclusividad femenina.

En esta primera columna sobre este tema, me quiero referir al tema de género, a propósito del 8 de marzo, fecha en la que se conmemora, no se celebra el Día Internacional de la Mujer. Y digo que se conmemora porque el 8 de marzo de 1857, cientos de mujeres de una fábrica de textiles de Nueva York salieron a marchar en contra de los bajos salarios, que eran menos de la mitad a lo que percibían los hombres por la misma tarea. Esa jornada terminó con la sangrienta cifra de 120 mujeres muertas a raíz de la brutalidad con la que la policía dispersó la marcha. Al analizar este suceso, se puede concluir que la lucha de las mujeres por revindicar sus derechos tiene un matiz de sangre y dolor. De ahí la necesidad de profundizar y cuestionar la supuesta igualdad, pues, a decir verdad, no se puede pensar que exista igualdad en una sociedad donde muchas mujeres mueren en manos de su expareja, donde se reportan casos de violencia sexual, física y psicológica por la intolerancia de sus esposos, novios o compañeros permanentes que en un ataque de celos o ante la negativa de ellas para continuar sosteniendo una relación afectiva son atacadas, golpeadas y en el peor de los casos asesinadas.

No se puede hablar de igualdad en una sociedad donde según datos de la policía de Manizales entre mayo de 2017 a octubre de 2018 se recibieron 6.139 denuncias, donde el 98.22% fueron hechas por mujeres agredidas, en su gran mayoría por los hombres que se suponen son sus compañeros, esposos y padres de sus hijos. Como tampoco se puede hablar de igualdad en una sociedad donde las mujeres salen al campo laboral, aportan económicamente al sostenimiento del hogar y siguen siendo las principales responsables de la realización de las tares de casa. Este es un pequeño reflejo de la desigualdad que engloba la relación de hombres y mujeres en el ámbito doméstico o privado, y en el tema público, del cual hablaré la próxima semana, no es por supuesto más alentador.

@julianelpolit

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