18 de abril de 2021
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Poética edilicia

6 de febrero de 2019
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
6 de febrero de 2019

Con mucha sorna y no poca curiosidad, comentó un grupo de amigos  mi reciente artículo sobre los concejales de la ciudad: “Qué imaginaba que iba a suceder”?, “qué se podía esperar de ellos”, “¿es que usted no sabe quiénes son los que están allí?”, “más ingenuo es usted”, éstas y otras frases del mismo jaez, más despectivas aún, tuve que escucharles, hasta que uno de ellos me espetó de repente: “ ¿Cómo creyó que iba a “lisonjear” con poesía a elementos tan rotundamente antipoéticos? Es darles ponqué… etc. Otro, menos displicente, me preguntó “De veras ¿cuál era “el juego” que pensaba hacer?”

Es que me llevé una sorpresa –les dije- al leer en las placas de las curules, que los nombres de muchos, o los apellidos, eran los mismos de grandes poetas, o de escritores o de personajes literarios. No es de suponer, sino de deducir, que ellos lo ignoran. Yo desconocía cómo se llaman. Pero es que me encontré con que uno es tocayo del más grande poeta de América, otro del de Francia, otro del gran peruano de “hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé…”, y sí, ciertamente los recibí, como cualquier persona de mediana cultura, ante la sensibilidad ambiente de esa corporación.

Es que también – continué -, hay quien lleva el mismo nombre de la principal figura de la poesía cubana del siglo XIX, el Silva de la isla, que murió tan joven como éste, pero de un ataque de risa, el que quizá le habría dado, con el humor de todo ser trágico, de haber arribado “cargado de magnánimas quimeras” a un espacio similar al del Concejo, y tener que  exclamar, como Hernán Alberto “¡Cuántos escollos ante mí se alzaron!”  Y dos, nada menos, son homónimos del gramático, del jurista del código civil, del maestro de Bolívar, del poeta de la “SILVA A LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA”,  por ello Bedoya  calculaba que la apuesta cultural  “solazará el fastidio al ocio inerte” de los concejales. Y que a los vates que fueron a leer sus versos, el Concejo les ceñiría “su guirnalda de granadas espigas”. Pero el poeta nos dice que en esas noches,  cada uno  “su vario feudo cría”, y que los de ahora son así, tal vez porque ya no contemplan  “el erguido monte, de inaccesible nieve siempre cano”. Y es una buena pregunta la de si la ausencia de las nieves perpetuas del Ruiz, despojó también de la inspiración a nuestros dirigentes.

Incluía otro onomástico, de la misma nación del citado, el de Píntame angelitos negros, máxime que según se supo, un concejal siente complejo por su origen o por su color y  en vez de sentirse orgulloso de ello, y de  tener esa investidura en una ciudad como Manizales, hasta demandó a un colega suyo porque le dijo costeño o negro. Más bien  podría imaginar a sus niños o a los de su tierra, como unos “angelitos negros,/ que vayan comiendo mango/por las barriadas del cielo”. Es de la tierra que inspiró “Cien años de soledad”, coterráneo del de “La casa grande”, y debió responder con su tocayo español “Dejé palomas tristes junto a un río,/caballos sobre el sol de las arenas,/ dejé de oler la mar, …/Dejé por ti todo lo que era mío”, en homenaje a esta capital. 

Podría seguir con otros rafaeles fecundos de poesía como Pombo, o Núñez, pero es que este concejal, tiene el mismo apellido de un poeta también de Ciénaga, con placa recordatoria en su casa, fundador de su casa de la Cultura, y de otro del cerro de San Antonio, autor de un diccionario y de versos como éstos:El cocuyo en la sombra es un verso de luz!”, y de un sincelejano, del que pudo tomar el título “Recordando el Olimpo para pasar el tiempo”, si hubiera asistido a mis intervenciones

Hay uno de nombre compuesto, igual al de la pregunta “¿Para qué sirve la leche de alpiste?”, no sé si tan furioso y tan caballeresco, como  el épico del italiano: “Diré de Orlando en este mismo trino / cosa no dicha nunca en prosa o rima,…hombre que antes gozó por sabio estima”, o si tiene algo en común con el biografiado de la maravillosa Virginia, donde se lee, entre otras: La naturaleza y las letras parecen tenerse una natural antipatía; basta juntarlos para que se hagan pedazos.

Si es obvio el de apellido igual al de “Los camellos”, lo son menos el que  lleva el mismo nombre compuesto de un escritor guatemalteco, premio nacional de literatura Miguel Angel Asturias,  y el que, es homónimo de un poeta costarricense, igualmente premio nacional de cultura en 2015, con el apellido a su vez, de un gramático, traductor y poeta colombiano de comienzos del siglo XX.  Está el concejal que nos incita a lamentar como el poeta del Siglo de Oro español “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora/…/fueron un tiempo Itálica famosa y cuyo descendiente colombiano, le canta a su primer nombre en un soneto perfecto, al héroe  troyano. Me falta la tocaya de  “La Dama de las Camelias”, a la que más que preguntarle ¿Recuerdas que querías ser una Margarita Gautier?, quería solo decirle “te voy a contar un cuento.”

Y otro, coincide con el de varios famosos. Desde el muy nuestro y entrañable de “Siquiera se murieron los abuelos”, “sin ver la omnipotencia en los alfiles,” “sin sospechar el vergonzoso eclipe”; hasta el prerrenacentista castellano de las “Coplas”, que siglos antes, escribió más o menos lo mismo: “cómo, a nuestro parecer,/ cualquiera tiempo pasado/ fue mejor” y se preguntó, como nosotros: “Los infantes de Aragón, ¿qué se hicieron?” Desde el del  genial argentino quien, como es mi caso, se “figuraba el Paraíso/ bajo la especie de una biblioteca“, hasta el del laureado español, Premio Cervantes (1976), quien parece hacer eco, de mi experiencia ante el Concejo Municipal: “Gozaré de apariciones/ que atajarán el vergonzante empeño/ de henchir tu  ausencia con mi desvarío”, pues sé que “Llegamos al final,/ A la etapa final de una existencia” , cuando solo le pedimos a la vida “¡Más, más verdad!” 

Desconozco si tendrá la conducta de un “gentleman” y el porte de un Sir de Inglaterra, pues si bien su segundo nombre no lo tiene sino él, el primero, un concejal lo comparte con los gigantes de la lírica inglesa; ¿se habrá percatado de que “Una cosa bella es un goce eterno: /Su hermosura va creciendo/Y jamás caerá en la nada”? (Keats) “Más la Nada en Nada puede convertirse,/ ni sitio alguno puede del todo vaciarse (Donne). Por eso “Mi espíritu soberbio, de sí mismo, sacó ilusiones para nuevo engaño”, porque “tampoco los regalos de oro se niegan” “convencido de lo que el arte puede enseñar” y cada noche fluían “Nuevos humores de inventar para cada nuevo juego”, por “Si aquellas erráticas lumbreras nos descubren” (Dryden)”. E insistí, ya que “iEl espíritu vive en sí mismo, y en sí mismo!-como la Poesía- y me quedó el consuelo de oír al concejal Bedoya decirles, como el poeta, que “El noble verso/ cantar supo también con voz segura(Milton). 

Pero no imaginó este expositor  que el proceder de los concejales, o mejor, “Su sentencia, , le tenía reservado mayor despechocomo reza otro verso del autor del Paraíso perdido. Si el desconcierto al principio de la jornada cultural, fue la actitud insolidaria y descortés, para con el presidente de la corporación – lo irónico es que un concejal es de apellido Cortés- al final, fue el pasmo al encontrar al salir, una urna de cristal con un libro de actas abierto, del Concejo Municipal, supongo de los primeros, de hace un siglo o poco menos, y que escrito con esa letra espléndida de nuestros antepasados, está firmado por Valerio Antonio Hoyos como presidente, y Alfonso Villegas Arango como secretario. ¿Sospecharán los concejales, quiénes fueron estos personajes sobresalientes de nuestra historia, modelos de cultura, de inteligencia y de civismo? Con gusto, les daría una conferencia sobre la obra y la personalidad de estos eminentes patricios de la ciudad. Mientras tanto, les dejo a ellos, y a los lectores, como en los crucigramas, la curiosidad de resolver las correspondencias onomásticas.