27 de mayo de 2019
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¿Para dónde vamos?: Que mal ejemplo nos da Rappi

20 de febrero de 2019
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
20 de febrero de 2019

En Colombia tenemos leyes para todo, el problema es que no las cumplimos.

Vemos en la empresa de domicilios Rappi un ejemplo claro de ello.  Aclaro que sobre los intríngulis internos de esta empresa no tendría nada que decir porque no conozco, y mal haría en hacerlo; pero cuando se está en la calle y vemos a los empleados de esta entidad, que van en sus motos o en sus bicicletas las cuales portan la insignia de su compañía, es un horror y un peligro completo, tanto para ellos, como para los transeúntes.

Comenzando que estos empleados de Rappi que van en bicicleta no cumplen con las disposiciones que la ley  dice en relación con el casco que deben de usar, la chaqueta fosforescente que deben portar en las noches, las luces que deben de tener estos velocípedos para que puedan ser vistos en la oscuridad; entre otras disposiciones que incumplen.

Para completar el panorama, algunos de ellos van chateando en el celular, o hablando por teléfono, con lo cual el riesgo de accidentar o de que se accidenten aumenta enormemente.

He conocido casos de personas cercanas, que han sido atropelladas por uno de estos funcionarios de Rappi, que además salen corriendo y no tienen el decoro de auxiliar al que atropellaron, y sí por el contrario se enojan. Es decir, como se diría en el argot popular: “tras de ladrón, bufón”.

Ante esta situación, uno se pregunta: ¿Por qué esta empresa no le proporciona a sus empleados que hacen domicilios en sus bicicletas y en sus motos, los elementos necesarios mínimos que la ley exige para su protección?

¿Por qué no les harán inducción a estas personas, para que conozcan las leyes de tránsito, a fin de que no se pasen los semáforos en rojo, respondan y auxilien  a las personas que atropellan, dejen de hablar por teléfono cuando conducen, etc., todo ello es lo mínimo indispensable que toda empresa responsable tiene que hacer para con sus empleados, ya que es parte de sus funciones y la ley así lo establece.

¿Dónde está el control que la empresa debe de hacerle a estos empleados en bicicleta?

El tema es preocupante, porque en el país del Sagrado Corazón, la insolidaridad, la intolerancia, la falta de civismo y de respeto a la legalidad es lo que impera.

La otra pregunta de rigor que hay que hacerse, es: ¿A dónde está el estado, que ni los policías de tránsito sirven, pues en lugar de cumplir con las funciones propias del cargo, se reúnen en una esquina a tertuliar, y juegan al ciego, sordo y mudo, como la canción de Shakira.

Ven estas bicicletas, y las motos de Rappi que van a una velocidad exagerada y en zigzag, y no los paran. ¿No es extraño?

Volvimos a la época de Tomas Hobbes, en donde el ser humano volvió a su estado de naturaleza, es decir, “el hombre es un lobo para el hombre”, de tal forma que ante la ausencia del estado y de gobernabilidad en la que nos encontramos, la ley del más fuerte es el que impera.

Lo peor, es que no hacemos nada para cambiar esta situación, el conformismo y la impotencia nos ahoga. ¡Es hora de despertar!

(*) Ex diplomática