20 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

Elección Popular de Alcaldes

18 de febrero de 2019
Por Alberto Zuluaga Trujillo
Por Alberto Zuluaga Trujillo
18 de febrero de 2019

Como dicen los comentaristas deportivos, a esta hora del partido ¿cómo va la elección popular de alcaldes? El 13 de marzo de 1988, hace ya 31 años, los alcaldes de Colombia fueron elegidos por primera vez, dando cumplimiento al Acto Legislativo 01 de 1986, cuyo inicio fue acordado en el gobierno de Virgilio Barco para dos años después. Como era de esperarse, esta anhelada conquista democrática produjo un cambio radical en el comportamiento político que significó la apertura de un nuevo capítulo en la lucha  por el poder local.  Con un período fijo de dos años, luego tres y para ajustar los calendarios electorales con el Acto Legislativo 02 de 2002, se amplió a cuatro años. Asumida la selección del alcalde con el grado de organización de cada municipalidad, surgieron nuevos actores que erosionaron poco a poco la fortaleza que los partidos tradicionales, liberal y conservador tenían, haciendo presencia los candidatos independientes, producto de consensos extrapartidistas o aspiraciones simplemente personales. Con una mayor autonomía administrativa y financiera,  se quebró el espíritu centralista de la Constitución del 86, lográndose un mayor acercamiento de la autoridad más elemental que es la municipal, con el ciudadano del común. Con el llamativo y novedoso slogan de: “Hay que ponerle pueblo a la democracia”, Álvaro Gómez lanzó en 1980 esta iniciativa, que alcanzó a dar una vuelta completa en el Congreso, ahogándose en su segunda ronda, siendo posteriormente adoptada en el programa político de Belisario Betancur, gobierno bajo el cual fue aprobada. Muchas serían las razones a favor y en contra de lo que ha significado para la sociedad y para la vigencia del Estado de derecho la elección popular de alcaldes. Nos tocó en suerte votarlo afirmativamente en la Cámara de Representantes en el convencimiento de que era el acto más trascendental del siglo pasado, en materia política. Tal vez no advertimos, en su momento, que el país no tenía la madurez política suficiente, como aún no la ha adquirido, para asimilar en toda su dimensión lo que significa elegir por voto popular a su alcalde. La inmensa corrupción que ha rodeado sus elecciones así lo demuestran, siendo Risaralda, porcentualmente, por el número de sus municipios, uno de los departamentos más corruptos del país. La captura para responder por sus actos de los alcaldes de Dosquebradas y Santa Rosa y según los insistentes rumores, próximamente otro, a más de las investigaciones en curso a exalcaldes de Pereira, atestiguan tan pésimo proceder en mandatarios que en su momento contaron con el mayoritario respaldo popular. ¿Qué hacer? Pensar en el nombramiento de alcaldes regresando al viejo sistema, es hoy un imposible político, dado el carácter de conquista democrática que el actual sistema de elección representa. Se requiere, entonces, de una mayor concientización de los electores, que recibirían como premio una ciudad más digna, producto de su honesta conducción. No es a través del dinero de la compraventa del voto, sino de las ideas y de la seriedad de las propuestas.

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