27 de mayo de 2019
Agua de Manizales - Mayo 2019 - Mode Selection

El desplante de Belisario Betancur y Dalita Navarro

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
15 de febrero de 2019
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
15 de febrero de 2019
Salud para tuiticos. 
No le debo un peso (ni una novia) a San Valentín; tampoco me debe plata. Pero que la celebración en USA del día de los enamorados sea un pretexto para que los cultivadores cuadren caja vendiendo hartas flores… y  para recordar la vez que dos tórtolos, Belisario Betancur y Dalita Navarro se “abstuvieron” de invitarme a su segunda boda .od
Belisario Betancur y Dalita Navarro en su refugio de Barichara, Santander. (Revista Jet Set).

Jamás imaginé que Belisario Betancur y Dalita Navarro me fueran a hacer la guachada de no invitarme a su “mártirmonio”. La negriada dejó mi vanidad en el piso.

¿En qué clínica atienden pacientes que se enferman de su mínima importancia?

¿Qué falló en mi hoja debida para que no integrara la exclusiva lista de 270 invitados al despelote party en el Museo del Chicó?

¿Qué les diré a mis tataranietos y choznos cuando me pregunten por qué no estuve en el segundo casorio de Belisario? ¿Así era de anónimo nuestro antepasado?, se preguntarán mis nietos.

Me había preparado para gozarme el casorio del viudo de Amagá contra su “dulce enemiga” veneca, asistiendo semanas atrás a la presentación de BB en la sociedad de los poetas vivos.

El doctorado de intelectual puro lo recibió el presidente del poetariado  en la Casa de Poesía Silva bajo la mirada distante del anfitrión eterno, José Asunción y de Elvira, su hermana. (“El perfume del incesto no lo tiene ningún otro amor”, diría décadas atrás María Félix, Ceja de Lujo).

Me quedé con los crespos hechos pese a que como reportero de la llanura cubrí a pie, en bus, avioneta mono y bimotor, avión normal, el anormal helicóptero, lomo de culebra, burro, canoa y similares la triunfante campaña del “sí se puede” de  Belisario.

Habría tomado la invitación como una saludable indemnización por el  hecho de haber tenido que escuchar decenas de discursos suyos en campaña. Lo único que cambiaba en sus discursos vientejulieros era la ropa o el estado del tiempo.

No sé con qué criterio se escogen los invitados a bodas en este país de cafres y “espero no estar calumniando a los cafres”.

Alcancé a pensar que obraría en mi favor el hecho de que ambos habíamos sido acólitos. Bélico, como le decimos algunos igualados a sus espaldas, lo fue en Yarumal hasta que el rector, Aníbal Muñoz Duque, lo expulsó por un verso cojo y malo que hizo contra el profesor de latín.

¿Tomaron represalias conmigo porque cuando fui acólito en la parroquia de El Poblado, donde nació Medellín, me tocaba recoger la limosna (ahora le dicen ofrenda) y del producido tomaba en préstamo monedas para ir a ver cine porno prohibido para todo católico según la lista que publicaba El Colombiano?

BB levantó a su primera esposa, la yarumaleña doña Rosa Elena Álvarez Y., en las heladerías (=fuentes de soda) de Belén, cuando su varón domado andaba con la vida pendiente de un inciso como estudiante de derecha, perdón, de derecho, en la Pontificia Bolivariana. Yo también tuve novia bella e imposible en Belén. Este antecedente tampoco funcionó a la hora de elaborar la lista.

No le perdonaré a nadie que me haya perdido de mejorar mi prontuario musical oyendo en vivo a Martha Senn cantando el Ave María, y a Teresita Gómez, funcionaria de BB en Alemania, tocando alguno de los nocturnos de nuestro Chopin criollo, el maestro Luis A. Calvo, en la fiesta en la que BB y Dalita acabaron con el amor casándose.

Que no me vengan  Dalita y BB con el cuento de que me estuvieron buscando para que me codeara con López Michelsen y la Niña Ceci, César Gaviria y Ana Milena, Samper y Jaquie, Horacio Serpa y Rosita, Augusto Ramírez y señora Elsita Koppel, ala, todos los Santos de El Tiempo, el Chiquito Lleras, director de El Espectador, y el mandamás del país paisa, Nicanor Restrepo.

Les agradezco que me hubieran ahorrado la compra de una licuadora de regalo pero aún así el tratamiento que me dieron me pareció definitivamente infame.

Tampoco les perdono a los novios que por culpa de mi currículo de dos pesos me hubiera perdido la entrada de pimientos del Piquillo de Lodosa rellenos de salmón, los langostinos del Pacífico perfumados con cilantro – pero no tanto-, y la trucha chilena con queso de cabra, todo rociado con socialista vino chileno producido mucho antes de la llegada de Pinochet al poder por la vía de la ametralladora. Y de la CIA.

Si no les perdono a los rostros de madera de la Real Academia Española que no hayan incluido en su diccionario un verbo que padecí en carne propia como “negriar”, mucho menos les perdono a Dalita y a BB el desplante que me hicieron…