16 de febrero de 2019
Aguas de Manizales - Febrero 2019

Día del periodista

10 de febrero de 2019
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
10 de febrero de 2019
Felicitaciones para todos los que ejercen el oficio, con sacrificio, vocación, dedicación y amor.

De su equilibrio, de su objetividad, de su fidelidad a los hechos, en definitiva, de su apuesta por la verdad, depende en muy alto grado, el enfriamiento de las pasiones, la desaparición de las discriminaciones, el rechazo de la intolerancia, la reconciliación entre los colombianos, la revaloración de la vida, en una palabra, la paz deseada.

Ojalá,  la mucha celebración, motive más aún,   la mucha reflexión.

Aunque son muchos los textos que se pueden citar, en igual sentido, es oportuno traer, el que acaba de recordar Orlando Cadavid.

La respuesta del maestro Antonio Pardo, al reaccionar frente una contra pregunta de su entrevistado, el doctor Alvaro Gómez Hurtado, ese gran maestro de la pluma, del pensamiento y también, del  periodismo, en el que bebió tinta desde su infancia:

”Yo creo, doctor Gómez, que nuestra función es la de preguntar y no comentar, porque nuestras opiniones no tienen interés para el oyente, como sí la tienen las suyas”.

Si es válido para el periodista radial, lo es mucho más para el escrito.

En el periodismo actual, en un país polarizado y tan propenso a los extremismos, la responsabilidad del periodista es mucho mayor, pienso yo.

Me pregunto cuánto contribuyen a la civilidad,  a la sana controversia, a la crítica argumentativa, los columnistas políticos que interpretan los sucesos cotidianos, desde el partido, el grupo o el jefe político con el que simpatizan, y contra los partidos, grupos o jefes,  que rechazan, de acuerdo con su posición personal.

O lo que es peor. Con el uso de adjetivos descalificadores, en juicios de valor que parten de prejuicios, sobre personas o grupos, que no comparten o de los que no gustan, como individuos o miembros de secta. Y fungiendo como periodistas. No desde la columna de opinión, que es distinto, sino desde la misma redacción.

Una cosa es la libertad de expresión, de pensar como a bien se tenga, pero otra es el respeto a la confianza del lector, que busca informarse u  orientarse; no afiliarse ni sumarse a una causa ideológica o cauda partidista. Todo el que escribe, se dirige a un lector. Pero un periodista, se dirige a alguien más, a una comunidad lectora. Y ese es un compromiso sagrado.

Esto sucedía hace más de cien, de ochenta o de sesenta años, en Colombia y en otros países. El lector o grupo de lectores, en ese entonces,  más allá de la noticia, quería una guía política, electoral,  una opinión que confirmara la suya, o la orientara, o la sustentara, beber ideología, tener estímulos para sus propias pasiones partidistas. Eran periódicos de partido, de líderes políticos. Y cumplían con esa función.

Saben ustedes, porque lo viven, que el periodismo, las comunicaciones, han evolucionado, porque el mundo ha cambiado. Y mejor que yo, entienden que hay una gran diferencia, cualitativa, valorativa, de sentido y de objeto, entre el periodismo en provincia o de provincia, y el periodismo provinciano. Periodismo de provincia, sobra decirlo, es el que  se hace fuera de la capital, en otras ciudades, y que es tan grandioso e implica tantos esfuerzos o todavía superiores, que el que se ejerce desde el centro mismo de las decisiones nacionales.

Cuentan algunos con una  tradición,  con un brillante recorrido histórico, de servicio a las ciudades y a los pueblos en los que aparecieron o aparecen, dirigidos con solvencia intelectual por los mejores de sus hijos y servidos por la inteligencia de sus pensadores. La Patria de Manizales, El Diario de Pereira, El Heraldo de Barranquilla, El Colombiano de Medellín, para citar solo estos y saltándome otros, ya desaparecidos,  pero que dejaron huella y formaron una comunidad, porque el objetivo fundamental, directo e inmediato, de estas publicaciones, son las comunidades en las que se fundaron, para las que se propusieron o se proponen servir y en donde circularon o circulan en mayor y en mejor medida.

Y el gran riesgo, hoy más amenazante que nunca, al tiempo que más desconcertante que antes, es la tentación de ciertos periodistas, de caer en el periodismo llamado “provinciano”, en su significación y alcance despectivo y empequeñecedor, notorio en quienes con el pretexto de  hacer o querer hacer periodismo, dedican su tiempo a averiguar consejas, supuestos, rumores, gestos, frases o miradas, entradas o salidas, presencias o ausencias, para darles la interpretación, el juzgamiento, la sindicación, que su sentimiento íntimo o su muy propia, muy suya, muy tendenciosa percepción, se antoja de darles. Sin confrontar, ni confirmar nada, porque no les interesa.

Pasando por alto, que tampoco les interesa a los lectores, sino a los interesados mismos en ese tipo de comentarios. Y la utilización del medio, rebaja a éste y ofende a sus lectores. Jerarquizando nimiedades , estatuye un paradigma reduccionista, en la concepción de los hechos, de la política, de la visión misma del mundo.

Es probable que ustedes tengan una apreciación distinta, o más rica, e inclusive, que les parezca equivocada la distinción entre periodismo de provincia y periodismo provinciano, y sobre el por qué, según mi criterio, aquél se va transformando en éste, gracias a muy contados de sus miembros de redacción o del cuerpo mismo del periódico.

Con todo, estas palabras significan que he pensado en ustedes y en todos los periodistas, en primer logar en los de mi ciudad, muy especialmente en su día.

Que las celebraciones sean muchas, de las mismas asociaciones, de los gremios, de las instituciones culturales y de servicio cívico. Es mi deseo. Que la única pauta que reciban, sea que la que  los mismos comunicadores se den a sí mismos, con la meditación sobre la excelencia de su tarea, su obligatoriedad y su misión. Y que no se dejen seducir, manosear, celebrar u homenajear, de los detentadores del poder, sean del ejecutivo, el legislativo o el judicial. Una fiesta en la que el oferente sea el Concejo, o la Asamblea,o la Alcaldía o la Gobernación, en vez de enaltecerlos, los deshonra. Les resta independencia, y claro está, dignidad. Con un  mensaje cumplen, y sin exclusiones.

La solidaridad de la comunidad con los periodistas, la de entre los periodistas, nos satisface a todos, y reciban la mía, como parte de  la comunidad y como su devoto lector.