21 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

Descendientes de Babel

18 de febrero de 2019
Por Óscar Iván Sabogal Vallejo
Por Óscar Iván Sabogal Vallejo
18 de febrero de 2019

Tal vez  terminó siendo una  bendición el castigo divino a los ufanos constructores de la Torre de Babel en su pretensión de llegar ladrillo a ladrillo a alcanzar el cielo.  Condenarlos a explayarse por el ancho mundo provistos de idiomas diferentes cuando antes solo existía uno en toda la tierra, seguramente después de la confusión inicial fue la mejor manera exponernos a la posibilidad de los variados puntos de vista, a la multiplicidad de versiones que  permiten abordar las realidades sin el peligro de las verdades únicas.

En Colombia, por ejemplo, Virginia Gutiérrez de Pineda y Gabriel García Márquez, dos ilustres descendientes de esa babelia original,  dedicaron sus vidas a escudriñar de manera magistral la realidad colombiana con idiomas y por  caminos diferentes. García Márquez se encontró en una  carretera rumbo a Acapulco con la epifanía que iluminó la forma  de abordar  la vigencia universal de nuestra realidad desde las narrativas maravillosas de la familia Buendía. Virginia Gutiérrez, en un congreso de sociología en la fría Bogotá de los años cincuenta, salto de su silla para discrepar cuando escuchó a un expositor afirmar alegremente que la familia colombiana estaba establecida en un ciento por ciento por el matrimonio católico y era un paradigma de amor y de ternura.

La antropóloga y el novelista,  santandereana y  costeño, una desde el lenguaje preciso y  pertinente del investigador social y el otro desde la prosa  lírica, desbordada y laberíntica, se dedicaron a escudriñar nuestra  realidad  que probablemente sentíamos pero no entendíamos. Virginia con el rigor científico característico de las tareas de la academia,  sobre la familia colombiana y Gabo con la pirotecnia del arte narrativo, nos mostraron las glorias y desvergüenzas características del material de que estamos construidos,  permitiéndonos  sacar a asolear nuestras verdades, partiendo ambos de un solitario trabajo de campo alejado de las verdades reveladas que encierran  los muros  oficiales, esas versiones únicas que nos decían que solo éramos apergaminados católicos producto del legado descolorido  del imperio  Español, desconociendo la mixtura no solo racial sino cultural que somos, para empezar a mirarnos con respeto por el solo hecho de ser distintos.

Por caminos y lenguajes diferentes Virginia Gutiérrez mostró que somos varios y complejos núcleos culturales reunidos en las fronteras de un mismo país, los andinos, los santandereanos, los antioqueños, los habitantes de los litorales, reconociendo una nueva dimensión un nuevo ritmo de la vida regional y García Márquez enunció la polivalencia y la validez universal de nuestra cultura.

El escritor con reconocimiento universal, la investigadora con un trabajo discreto pero cada dia mas reconocido, considerando el peso específico de sus investigaciones en la vida nacional, dos eximios representantes de la diversidad bienhechora de Babel que después de muchos honores se miran impertérritos desde el valor  simbólico que les dio el Banco de la Republica al incluir sus imágenes  en los billetes de 10 y 50 mil pesos.