20 de octubre de 2019
Aguas de Manizales. Banner octubre de 2019.

Ignacio Alberto Gómez Alzate De jugador de fútbol a político con futuro

4 de febrero de 2019
4 de febrero de 2019
Ignacio Albero Gómez condecorado en la Asamblea Departamental

Por José Miguel Alzate

En el barrio La Sultana, donde transcurrió su infancia, lo recuerdan como el muchacho inquieto que todas las tardes, después de salir de clase en el Instituto Mariscal Sucre, que quedaba en el barrio Minitas, se dedicaba a jugar fútbol en la esquina del paradero de busetas. Con los amigos de la cuadra se dedicaba horas enteras a patear un balón. A veces quebraban algún vidrio de la vecindad, o golpeaban alguna buseta. Entonces la mamá, Celina Alzate Montoya, lo reprendía. Pero él, que soñaba con convertirse en estrella del fútbol, continuaba ejercitando su pasión por patear una pelota. Lo hizo hasta que un día ella, que quedó viuda cuando él tenía escasos cuatro años de edad, cansada de tantas quejas de los vecinos decidió esconderle el balón para impedirle que jugara.

 

A ese sector de la ciudad llegó pocos años después de radicarse, con la mamá, en Manizales. Debido a la muerte de su padre, José Ignacio Gómez Ramírez, que era el jefe del partido conservador en Belén de Umbría, el pueblo donde vino al mundo, decidieron venirse a vivir a la capital caldense. Un tío que vivía en Chipre, de nombre Gustavo, les ofreció su casa.  Ingresó entonces a la escuela Camilo Torres, donde cursó la primaria. Allí conoció a sus primeros amigos. Y fue allí, también, donde pateó el primer balón. En un lote de engorde que quedaba cerca de la fábrica de Calzado Bata, se reunían para jugar fútbol. Fue así como cogió alguna destreza para hacer gambetas. Quienes lo veían correr por la cancha le pronosticaban que podía ser un buen futbolista.

El sueño de querer convertirse en figura del fútbol lo abandonó Ignacio Alberto Gómez cuando terminó sus estudios de bachillerato. Sus hermanos medios, que también heredaron de su padre la pasión por la actividad política, le dijeron cuando obtuvo el cartón de bachiller: “Y, ahora, ¿qué piensa hacer? Entonces el joven de 18 años que desde niño escuchó hablar de política en su casa, contestó: “estudiar”. Para hacerlo, necesitaba el apoyo de ellos. Sobre todo porque la mamá no disponía de los recursos suficientes para costearle una carrera. Aunque ese día expresó que su deseo era hacerse abogado, como ellos, terminó matriculándose en la facultad de odontología de la Universidad Autónoma. Fue en ese centro de estudios superiores donde descubrió que tenía inclinación por el servicio social. Sin embargo, no pensaba todavía que su proyecto de vida estuviera en la política.

La inclinación por trabajar en beneficio de la comunidad se le despertó como consecuencia de su pasión por el fútbol. Resulta que, como en ese sector de La Sultana no disponían de una cancha, lideró un grupo de amigos para que, a pica y pala, adecuaran un pequeño espacio cerca a la escuela La Macarena. Ahí estaba con él, sacando tierra, Mauricio Soto, el hermano del jugador Elkin Soto; también un muchacho a quien le decían Cochise, Entre todos construyeron la cancha. Los arcos los hicieron con guaduas. Todos los muchachos de la cuadra aprovecharon este espacio construido por ellos para practicar su deporte favorito. Como anécdota, el ahora diputado a la Asamblea de Caldas cuenta que en esa época Mauricio, el hermano de Elkin Soto, demostraba un gran talento para jugar fútbol. Y dice que Elkin, el jugador que brilló cuando el Once Caldas ganó la Copa Libertadores, era apenas un bebé cuando el hermano demostraba ya capacidades futbolísticas.

La primera experiencia laboral la tuvo Ignacio Alberto Gómez en la panadería El Buen Gusto, que entonces tenía en La Sultana el señor Alberto Mendieta. Le tocaba no sólo atender al público, sino ayudar a los panaderos. Aprendió así el proceso para hacer la masa. Y cómo era un muchacho inquieto, que deseaba aprender cada día cosas nuevas, se untó de harina y levadura. Los panaderos le dieron la oportunidad de hacer panes y tostadas. Y aprendió cómo se mezclan los productos de panadería para lograr una parva en su punto. Ayudó a hacer roscas de pandequeso, buñuelos, pasteles, milhojas y pandeyucas. Llegó a pensar que su futuro sería como panadero. Se vio, incluso, manejando su propio negocio. Tanto que una noche, antes de acostarse, cansado de un día de intenso trabajo, le dijo a la mamá: “Algún día tendré mi propia panadería”.

Este odontólogo de ascendencia humilde que estuvo en la baraja de precandidatos a la Alcaldía de Manizales se convenció un día de que su futuro estaba en la actividad política. Fue la vez que el Presidente de la Asociación de Consumidores de Caldas, Luis Gonzaga Serna, lo invitó para que se echara un discurso en un acto en el barrio La Sultana. Lo inicio hablando sobre la pobreza y la necesidad de mejorar la calidad de vida de las clases menos favorecidas. Al finalizar, fue aplaudido por todos los presentes. Entonces una señora que lo había visto aseando busetas en el paradero le dijo: “Usted puede ser un buen político. Al menos tiene sensibilidad social”. Sin embargo, no se lo creyó. Fue muchos años después cuando sintió que podía contribuir con su trabajo en la construcción de una sociedad más justa.

En las elecciones del año 2007, Ignacio Alberto Gómez alcanzó en Manizales la votación más alta para el Concejo Municipal. Aspiró por el Movimiento de Salvación Nacional. A las filas del senador Luis Emilio Sierra llegó después de haber militado en el Partido Liberal. De este último hizo parte por invitación del médico Julio Restrepo Ospina, que era a la sazón Representante a la Cámara por el barquismo. Fue este profesional quien le presentó al senador Víctor Renán Barco. Y este dirigente curtido en mil batallas políticas lo hizo Secretario de Salud de Manizales.  Fue en la alcaldía del constructor Carlos Parra Cifuentes. Pero renunció porque no estuvo de acuerdo con la forma como el alcalde quería hacer el traslado de unas partidas presupuestales. “Se podía haber incurrido en peculado por apropiación”, dice este odontólogo que todos los días atiende, de manera gratuita, en su consultorio del edificio Banco Central Hipotecario, a personas de escasos recursos.

El liderazgo en el barrio La Sultana se lo ganó gracias al fútbol. Todo porque empezó a organizar campeonatos. Un día se le ocurrió hacerle un homenaje a un compañero como despedida del medio futbolístico. Se trataba de una persona conocida como Chepe, que jugó con el equipo del barrio. Como todos los compañeros consideraron que ya no estaba en edad para seguir jugando con ellos, decidieron despedirlo con un reconocimiento público. Esa noche habló sobre el compromiso de la gente con las necesidades del lugar donde viven. Pero hizo énfasis en las falencias de los sectores populares. Al hablar sobre algunas necesidades que tenía el barrio, fue aplaudido. Entonces se levantaron varias voces para proponerle que trabajara por la comunidad. Ignacio Alberto Gómez, consciente de que esa era su vocación, aceptó el reto. Y empezó a organizar reuniones políticas. Tuvo tanta aceptación,  que el fallecido senador Víctor Renán Barco se sorprendió cuando asistió a un encuentro en el barrio: más de 300 personas hicieron presencia para escucharlo. Ahí se inició, prácticamente, su carrera política.

En el Concejo de Manizales lideró un tema que le permitió exhibirse con propiedad ante los medios de comunicación: el termalismo. Lo ha investigado a profundidad. Tanto, que tuvo la oportunidad de conocer en España un proyecto del gobierno de ese país donde se utiliza este recurso para producir energía. Pero también levantó su voz para criticar la gestión del entonces alcalde de Manizales, Juan Manuel Llano. Todo porque consideraba que no llenó las expectativas que sobre su administración se esperaban. Por esta posición crítica recibió respaldos políticos importantes. Como el del ex cónsul de Colombia en España, Arturo Vallejo. Este curtido dirigente lo apoyó en su intento por obtener la candidatura a la Alcaldía de Manizales por el movimiento que orienta el senador Luis Emilio Sierra. “La propuesta de mi nombre como precandidato surgió de las bases populares. Fueron los líderes de los barrios los que propusieron mi nombre para estar en el abanico de aspirantes a la nominación oficial”, responde cuando se le pregunta por qué lanzó su nombre.

Ahora ejerce como diputado en la Asamblea de Caldas. Ha sido su presidente, y desde allí ha impulsado el proyecto del Gobierno Nacional para hacer realidad las RAP, Regiones Administrativas de Planeación. En el caso de la región que conforman los tres departamentos del Eje Cafetero, está idea ya se ha consolidado. Ha estado al lado del gobernador Guido Echeverri Piedrahita dándole impulso a un proyecto que busca la integración regional para pedirle unidos al Gobierno Nacional recursos con destino a obras de desarrollo que benefician a toda la región. Ahora Ignacio Alberto Gómez trabaja por la unidad del Partido Conservador en Caldas, secundando al representante a la Cámara Félix Chica en su propósito de fortalecer la colectividad. Quedó como miembro del Directorio Departamental integrado hace algunos días, buscando la unión.