16 de febrero de 2019
Aguas de Manizales - Febrero 2019

Algo va de cadete a “cadete”

11 de febrero de 2019
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
11 de febrero de 2019

En la oscuridad de la madrugada del pasado sábado 2 de febrero, en una impecable operación especial de nuestras fuerzas militares, denominada “Operación Zeus”, aviones “Supertucanos” de la Fuerza Aérea, reactivaron las eficaces labores de bombardeo, que habían permanecido suspendidas durante considerable tiempo y con un solo intento, le atinaron, con precisión de neurocirujano, a un campamento de las disidencias de las antiguas Farc, situado en la zona rural de San Vicente del Caguán, entre los ríos Camuya y Yari, ocasionando la muerte de nueve disidentes de las Farc, entre ellos la del cabecilla Edgar Mesías Salgado Aragón, conocido con el alias de “Rodrigo Cadete”, quien había participado en los diálogos de paz en La Habana y quien durante muchos años, sembró el terror entre los habitantes de esa zona del país, cuando actuó como cercano auxiliar y hombre de confianza de Víctor Julio Suárez Rojas, conocido con el alias de el “Mono Jojoy”, uno de los criminales más crueles y de más ingrata recordación entre los colombianos, abatido a su vez el 22 de septiembre de 2010 en la “Operación Sodoma” una actuación similar de alta precisión de las Fuerzas Armadas en la Serranía de La Macarena.

Los resultados de la “Operación Zeus” han sido considerados por los analistas como el golpe más duro y contundente asestado por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional a las disidencias de las antiguas y desmovilizadas Farc durante el gobierno del presidente Iván Duque Márquez.  La exitosa operación fue posible gracias a la estrecha coordinación y la exquisita sincronía con la que actúan las diferentes instituciones de nuestra fuerza pública, ya que las coordenadas que señalaron la ubicación precisa del cabecilla guerrillero fue obtenida por actividades de inteligencia de la Policía Nacional, la anticipada y sigilosa toma y control de la zona corrió a cargo de fuerzas combinadas del Ejército y la Infantería de Marina, mientras, como ya se comentó, el certero bombardeo fue ejecutado por pilotos y artilleros de la Fuerza Aérea Colombiana, todo ello con la directa participación de la Fiscalía General de la Nación.

Infortunadamente, el viernes 8, el General Oscar Atehortúa, Director de la Policía, anunció  la triste noticia de la muerte del Cadete Andrés David Fuentes Yepes, de Valledupar, como consecuencia de las severas lesiones sufridas en el repudiable atentado terrorista del 17 de enero contra las instalaciones de la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, lo que eleva a 22 el número de jóvenes e inocentes vidas truncadas por la demencial ceguera de los enemigos de la paz y la convivencia de los colombianos y consume en la tragedia a una familia más, que hoy llora sobre los despojos de quien, con la frescura y el optimismo de su adolescencia, se había convertido en la esperanza de una vida mejor para todos sus parientes, compañeros, amigos y allegados.

Las malas y tristes noticias de la semana se agravaron con la muerte del joven cantante y compositor Fabio Andrés Legarda, a causa de una bala perdida, disparada durante un presunto intento de atraco en la modalidad de “fleteo”, accidente lamentable ocurrido en las calles de Medellin en la tarde del jueves 7 de febrero, dolorosa situación que enluta a la familia de un destacado oficial de la Reserva Activa de la Policía Nacional y por lo tanto afecta, además de a sus múltiples seguidores y fanáticos de todo el país, a toda la familia policial colombiana que llora la injusta y temprana desaparición del talentoso “Legarda” como uno de sus hijos más admirados y queridos y acompaña, unida y solidaria, a sus dolientes en tan doloroso trance.  Esperamos que algún día  regrese a nuestra Colombia el momento en el que no recibamos ni tengamos que lamentar noticias de muertes violentas de ninguna especie, sea cual fuere su origen y circunstancias. Ni canallescos atentados terroristas contra desprevenidos transeúntes ni contra pacíficos e ilusionados jóvenes aspirantes a convertirse en servidores públicos, ni inocentes víctimas de balas perdidas y, ojalá, que ni siquiera tengamos que lamentar las muertes de jóvenes campesinos arrancados por la fuerza de sus tareas de labranza para obligarlos sin justificación ni argumentos de peso, a empuñar las armas de la subversión contra otros campesinos tan trabajadores y modestos como ellos mismos, tan colombianos y amantes de la paz como quienes a diario lamentamos cualquier tipo de agresión y sacrificio absurdo de toda sagrada manifestación de vida humana.

Y mientras tanto, ahí sigue el inefable, aunque jamás “mendincante” Maduro, como una mula muerta, atravesado en el camino de la recuperación y redención de Venezuela, de su felicidad y su progreso, imagen tan gráfica y significativamente representada con los camiones y contenedores que estúpida y tercamente ordenó atravesar en el camino para rechazar la entrada de la necesaria ayuda humanitaria, sordo y ciego ante el paisaje de miseria y hambre de su pueblo que, a gritos y cacerolazos, intenta despertarlo de su ineptitud y su marasmo y convencerlo de que más allá de la seguridad y de la mesa permanentemente bien provista y servida dentro de las murallas de Miraflores, los venezolanos están muriendo de hambre, epidemias y abandono.

Los genios de la economía del gobierno bolivariano, parece que solamente están capacitados y dispuestos para exhibir y pasear de aquí para allá los brillantes lingotes de las reservas de oro de propiedad del pueblo venezolano, con la facilidad y frescura con la que se pasea por el parque a una mascota y de abrir los puertos y las puertas de sus fronteras a los millonarios cargamentos de medicinas y alimentos descompuestos y con fechas de vencimiento caducadas como los que fueron adquiridos por el gobierno chavista a mediados de 2010, con evidentes sobrecostos, durante el desarrollo del escandaloso negociado que pasó a la historia de la infamia como el “Caso Pudreval”, malogrados y malolientes despojos de miles de millones de dólares que terminaron siendo subrepticiamente enterrados, incinerados o lanzados al mar, penoso tema que en su momento, recordamos y describimos ampliamente en esta misma columna. Y sin embargo, el cínico y robusto usurpador insiste en echarle la culpa a la “guerra económica” y al bloqueo del imperio. Lo dicho, “Cuando la partera es mala, le echa la culpa al c…”