21 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

El sentido de la tibieza

11 de enero de 2019
Por Alejandro Bedoya Ocampo
Por Alejandro Bedoya Ocampo
11 de enero de 2019
“Alguna vez oí decir a una amiga que en Colombia había que crear un centro de pensamiento con la mirada y los objetivos de la izquierda, pero que trabajara con la disciplina, el orden y la constancia de un centro de pensamiento de derecha. Creo que tiene razón.”
Mauricio García V, El orden de la libertad

Como el chocolate al amanecer o el té de la tarde. Así se bebe, a sorbos, entre gustos y disgustos, y según la temperatura empleada por los candidatos, la política contemporánea. Han emergido mesías, cual salvadores de patria, huérfanos de rival y con discursos de embeleso, que cuentan con un séquito de seguidores, muchos enceguecidos por la pasión de sus ideas e incapaces de hacer una crítica constructiva para fortalecer su corriente.

Parece que va en alza una nueva línea; viene abriéndose paso, a codazos, por entre el tumulto de un agitado ambiente de desorden, lo que en términos medios podría ser la solución a los radicalismos ideológicos (que aborrezco por principio de vida y no sólo en la política, pero que respeto, tal como Voltaire lo profesó en su época). La tibieza; una posición a la intemperie, esa postura que parece inamovible pero que tiene rueda propia, esa que viene siendo señalada por las puntas por no definir con quién hacer equipo para destruir al otro.

Una corriente que recogió en grados exponenciales toda la inconformidad que por largos años ha imperado en el país, debe ser motivo de esperanza, y no estoy haciendo campaña política alguna, solo es el punto de vista de alguien que no se matricula en los extremos de la enemistad manifiesta por pensar en contra. Durante nuestra historia como república siempre hemos estado sometidos a bandos opuestos como única línea de pensamiento. Antes nos matábamos por el color de un trapo, hoy lo hacemos por una persona ¿Con qué diferencia? tal vez que ahora contamos con más elementos para supervisar sus gestiones. De resto, ninguna.

Y aun así, observando los errores de esos dioses, en una ilógica terquedad de orgullo personal que lo que busca es no dejar caer el carriel de nuestras declaraciones a favor de esos políticos, los defendemos acérrimamente; no somos capaces, lo digo nuevamente, de hacer una crítica constructiva. Esa es la delgada línea de las sectas y los partidos, y estos principios deben ir para toda posición ideológica: Quien no sea capaz de criticar a su líder, pastor, político o lo que sea de su preferencia, es un enceguecido por las pasiones.

El centro, o la tibieza, da igual, se ha concebido como una posición que no va ni para un lado ni para el otro. De eso se trata ¿Es necesario hundir los proyectos de mi contrincante aun siendo buenos, sólo porque él lo propone, y sin reparo de que lo que está de por medio es el interés de todos? Poco digerible esa postura.

El centro quiere decir que sobre los principios de la actuación pública deben primar los intereses de todos, y que no hay decisiones malas porque sean de izquierda o derecha, sino porque no son convenientes para un momento coyuntural. De igual manera ocurre con las buenas propuestas, de modo que se pueda trabajar siempre con los principios de uno u otro “extremo”; porque también hay muchas contribuciones interesantes. No me canso de citar a Mauricio García Villegas, un tibio e intelectual, que resume lo que quiero decir:

“La descalificación del estado por parte de la izquierda radical conduce a muchos militares a subestimar la importancia y la complejidad de las instituciones públicas. Algo parecido le pasa a la derecha con su menosprecio para la justicia social y la igualdad. Así, cada grupo habla de lo que le interesa. La izquierda habla de derechos sociales, de participación política y de derechos humanos, entre otras cosas. A la derecha le interesan otros temas: las inversiones, la seguridad, el crecimiento económico, el orden, el castigo, etc. Sin embargo, un buen gobierno, además de hablar de todo eso, debe empeñarse en conseguirlo de manera concomitante: orden con justicia, castigo con derecho humanos, orden con libertad, etc. Gobernar no solo implica adelantar políticas públicas sobre los temas preferidos sino sobre todos los temas.”

Lo que busca esta corriente es atraer las buenas ideas que tengan, en términos de García Villegas, los otros centros de pensamiento, al igual que promover las propias. Así, no se busca, en absoluto, repeler las ideas de los demás, ni tampoco seguir a personajes sagrados. No hay seres irremplazables. La idea es fortalecer el debate público para que siempre se puedan tomar las mejores decisiones, pensando en el bienestar general y no en el particular, cual es el espectáculo al que hemos tenido que asistir durante ese largo lapso de bipartidismo, ahora llamado polarización.